sábado, 18 de abril de 2015

Son las dieciocho horas con veintisiete minutos


 

 




Estimado/a

Tengo una caja llena de cartas. Nunca las he contado, pero son muchas. Hoy la abrí buscando especialmente una , antigua, del año noventa y siete. Era una carta que recibí cuando 'viví' EJE. Se que la primera regla del EJE, es que no se habla de lo que se vive en el EJE, igual que la primera regla del Club de la Pelea. Pero creo que ni en ese tiempo ni ahora, la regla se ha respetado. La cuestión es que se le pedía a los padres, generalmente, que consiguieran que los amigos de la persona que estaba en el retiro, le escribieran cartas resaltando las virtudes que ella tenía. Andaba buscando un dato específico en la que abrí. La leí y me di cuenta de que había encontrado mucho más de lo que buscaba. Entonces fui abriendo las otras. Y a medida que las iba leyendo, más se me apretaba el pecho. Se me hizo un nudo en la garganta. Y es que, a pesar de que obviamente la intención era que esos amigos resaltaran mis virtudes, muchos de ellos, si no todos, fueron más allá. Fue como leer un diario de vida, de mi vida, pero escrito por otros. Recordé cosas que habían quedado atrás hace mucho tiempo, cosas buenas. La parte que a menudo uno olvida, el lado dulce que hay dentro de cada uno de nosotros. Una persona sincera y verdadera, eran las palabras que más se repetían, entre muchas otras. Palabras que describían una parte de mi que había olvidado, por estar siempre enfocando en lo malo, en lo oscuro, en lo feo. Y lloré. Lloré harto, como en un funeral. Lloré por el tiempo en que esa mitad hermosa de mi ha estado muerta. Y después me reí, porque esa misma mitad comienza de nuevo a respirar, a vivir. Les escribo la presente, entonces, para que no se olviden de ese lado dulce que también tienen dentro de ustedes y así puedan alegrarse conmigo.
Atentamente,

viernes, 17 de abril de 2015

Total Eclipse of the Heart

Este día no fue muy agradable, sino hasta la tarde. Me sentía un poco ahogada, así que a eso de las siete, decidí salir. Hay una panadería relativamente cerca de mi casa, yo diría que como a quince minutos caminando. Me puse un buzo, agarré la plata, las llaves, la música y me fui a comprar pan. Caminé con calma y respiré hondo. Me hizo bien, como casi siempre, caminar me hizo bien. De a poco se me fue despejando la cabeza y, para cuando llegué a la panadería, ya estaba de mejor ánimo. Las marraquetas habían salido hace poco, los mantecados costaban setenta pesos y los azucarados estaban frescos. Además tenían una de esas máquinas de nescafé con sabores, así que me compré un capuccino vainilla para la vuelta. Ya se que hay gente que piensa que son una mierda, pero a mi un vaso grande, siempre me sirve de consuelo. En un momento, en el camino de vuelta, se encendieron las luminarias del barrio. Y me dio risa, porque de pronto pensé en un hombre en Chilquinta subiendo un switch para encenderlas. Quizás si en algún momento haya sido así, pensé. Casi todo está automatizado hoy en día, me dije, todo es mucho más fácil. Como lo fue encontrar la letra de una canción hacía rato. Pensar que una vez me demoré por lo menos un par de días en escribirle lo que decía una a mi hermana. Estaba pololeando con su primer pololo. Ella tenía catorce años, así que yo debo haber tenido diecisiete. Habíamos llegado hace poco de estados unidos. Las dos hablábamos inglés, pero según ella, yo tenía mejor oído. Lo primero que tuve que hacer, fue conseguir un caset. Después, pillar la canción en la radio. Grabarla. De ahí, escucharla por lo menos quinientas veces antes de transcribirla completa. Con ese recuerdo dando vueltas por mi mente, con el atardecer y la brisa quilpueina, el corazón se me hizo bastante más liviano. Volví a la calma de saber que mis habitaciones tienen ventanas que pueden ser abiertas y que ninguna oscuridad permanecerá en ellas para siempre. Que mis puertas cerradas no tienen seguro y que las que están abiertas lo están por completo. Que yo soy, que puedo amar y que puedo ser amada.




La peor parte fue "and we'll only be making it right", porque yo escuchaba "and we'll only begin eating rice"

jueves, 16 de abril de 2015

Son las trece horas con veintiún minutos



       

'... and bird gerhls can fly'


Son las cero horas con treinta minutos

Nunca se sabe que decir, al final. Nunca se sabe. Nunca se sabe nada. Y cansa. Y agota. Y tal vez debería dejar de seguir intentándolo. Tal vez debería enmudecer, sencillamente. Tal vez debería dejar de seguir queriendo entrar por una puerta cerrada. O Tal vez basta de tal vez. Basta de volver a caer y caer. Basta de volver a intentar una y otra vez. Basta de querer ser la luna. Basta de querer mirar al sol sin quemarme los ojos. Basta.

martes, 14 de abril de 2015

Thunderbirds

Hoy me acordé de los Thunderbirds, la serie de marionetas que deban cuando era chica. La veía en la casa de mi abuelita con el hermano menor de mi mamá. No sé si la serie era en colores o no, porque la tele que teníamos era en blanco y negro. Nos sentábamos en el sillón negro de imitación cuero, con tachuelas doradas y patas de madera. '¡Thunderbird uno!, ¡thunderbird dos!', hasta los cinco, creo. Me encantaba la serie. Y a mi tío igual. El problema era que la daban más o menos a la hora de once, si mal no recuerdo. Entonces nosotros queríamos seguir viéndola y mi abuelita quería que nos sentáramos a tomar té. Mi abuelita servía las tazas en la cocina y sabía qué tan simple, que tan cargado y que tan dulce le gustaba a cada uno. Eso como dato adicional. Aparte de los Thunderbirds, que era mi favorita, vi varias otras series con mi tío. Stingray, The Muppets Show, Perdidos en el Espacio, donde salía ese robot con los brazos de manguera de aspiradora que gritaba ¡peligro!, ¡peligro!, cuando iba a pasar algo malo. También vimos películas. La que mas recuerdo fue Godzilla, porque me dio miedo. A pesar de lo falso que se veía todo, me dio miedo. Los domingos veíamos ese programa Creaciones, creo que se llamaba. Otro de animales y uno del Circo Ruso de Moscú, en el que un día apareció Marcel Marceau. He hablado varias veces de la casa de mi abuelita, he contado hartas cosas, pero no sé si he logrado decir lo que quiero decir exactamente. Y es que es difícil tratar de describir un ambiente, una atmósfera que se genera en torno a ciertas cosas. En este caso, a la casa de mi abuelita. Al vliving, al comedor, a su cocina. Tal vez podría acercarme un poco a la sensación que los recuerdos de ese tiempo me provocan, diciendo que la casa estaba viva. Que las personas que vivíamos ahí, la llenábamos con nuestras almas y le dábamos una a ella. Las risas, las discusiones, la música, mis primos pequeños, los cumpleaños, las navidades, los años nuevos. Las noches en las que despertaba frente a la ventana que daba hacia la Alameda, mirando la luz verde de la Mutual de Seguridad...



Si, era en colores y eran cinco



Son las quince horas con cincuenta minutos

Se me ocurrió lavarme las manos con el jabón de glicerina y tengo su delicado perfume con esencias cítricas, resultado de una cuidadosa combinación de glicerina y aceite de coco, pegado en las manos. Mala decisión...

lunes, 13 de abril de 2015

Un ejemplo a seguir

Otra de las razones por las que dejé de tomar con mis compañeros del instituto, fue porque una amiga me contó un poco acerca de ciertas experiencias 'de mal gusto' que había tenido, por causa de extralimitarse con el alcohol. Algunas habían sido hasta peligrosas. Como  la vez en que un tipo con el que andaba, trató de meterla debajo de un camión para aprovecharse de ella. O de la vez en que otro tipo con el que andaba, la metió a un Motel, para lo mismo que el anterior, pero que, gracias a Dios, estaba lleno. También me contó que una vez estaba tan borracha, que apenas veía, literalmente. Que pasó un joven al que le preguntó la hora. El sujeto, después de responder a su pregunta, le contó que estaba haciendo el servicio militar, que estaba de franco y luego le  ofreció acompañarla a caminar, 'para que se le pasara' lo ebria que estaba. Aparte de eso, lo único que mi amiga  recordaba, era que en un momento se estaban besando en el dintel de una puerta de alguna casa de Cumming. Y así, varias otras cosas. Cuando le pregunté que qué tenía que ver el trago con su comportamiento tan poco serio, y además peligroso, me explico que lo que pasaba era que cuando tomaba 'se le soltaban las trenzas'. Tanto fue así, que en el lugar en el que estudiaba, entre sus amigos, compañeros y demases, se comenzó a correr la voz de que 'con un par de cervezas la tenían lista'. Cuando la situación llegó a ese punto, mi amiga decidió cortar con el asunto y volverse abstemia, por lo menos por un buen par de años. Cuando, después de ese tiempo, volvió a beber, nunca más lo hizo con ningún hombre que no fuera de su total y absoluta confianza. Lo bueno, si es que había algo bueno y digno de rescatar en todo su relato, (aparte de su decisión de cambiar), era que ella, al igual que yo, provenía de una familia cristiana, así que las cosas nunca pasaron a mayores entre su persona y los sujetos con los que se involucraba. Al menos no tanto. Después de semejante historia, me proyecté a futuro y decidí que no quería llegar a lo mismo, así que, gracias a haber conocido su experiencia, decidí seguir su ejemplo. Me volví abstemia y bueno...

Son las diecinueve horas con un minuto

He sido secuestrada por el bando enemigo. Me obligan a ver una película romántica. Por favor, alguien que pague el rescate, antes de que sea demasiado tarde...

domingo, 12 de abril de 2015

Centro de Estudios Públicos

Entré a trabajar al CEP el año noventa y siete, como recepcionista. Tenía veintiún años. El día que comencé, era tres de diciembre, día de la secretaria. Como yo venía recién llegando, no recibí ni flores ni bombones, pero si puede participar en un desayuno que habían preparado especialmente para ellas. Las oficinas del centro, estaban ubicadas en Monseñor Sótero Sanz 175, en una  casa de esas antiguas, grandes y típicas de Providencia, por lo que en la cocina había espacio suficiente para un comedor de diario. En ese tiempo, no sé como lo harán ahora, no marcábamos tarjeta ni poníamos la huella digital en ninguna parte. Firmábamos un libro, por lo que llegabamos un poco antes de las nueve, que era la hora de entrada, y tomabamos desayuno ahí relajadamente. A la hora de almuerzo, de dos a tres,  nos entregaban unos vales para ir a almorzar a un casino que quedaba en Orrego Luco. Volvíamos caminando, también relajadamente, por la costanera y a las seis terminaba la jornada laboral. Podíamos tomar café o té durante todo el día. Nos daban la ropa de trabajo, que nosotras mismas podíamos elegir en cualquier tienda. Además teníamos todo el mes de Febrero de vacaciones, porque el Centro cerraba durante ese tiempo. En la recepción trabajaba con un compañero un poco mayor que yo. Era una de esas personas que te dan confianza de entrada, con las que no tienes problemas para conversar, que son sencillas y con las que te ríes, te ríes y te ríes. Nos hicimos buenos amigos. Me encantaba trabajar ahí. Era el lugar perfecto, decían algunos. La mayoria de los investigadores eran bastante relajados, salvo un par que después se hicieron 'famosos'. Lo único desagradable era el jefe de personal. Un chupamedias cualquiera y además, un fresco. Si yo hubiese sido más viva en ese tiempo, lo habría denunciado por acoso, pero no lo hice, porque en ese tiempo no me daba cuenta de que lo era. Cuando habia conferencias, mi compañero y yo, teníamos que quedarnos hasta que terminaran. Para no aburrirnos, nos pasábamos el rato comiendo canapés y tomando pisco sour. Total, después me mandaban en taxi para la casa. En esas conferencias, charlas y en las reuniones de directorio, estuve cerca de mucha gente 'importante'. Una de esas personas, fue Francis Fuckuyama. Vino a Chile a dar una conferencia, no sé si organizada por el centro, pero mi compañero y yo estuvimos ahí. Lo que más recuerdo es que nos cansamos de comer galletas de mantequilla y que conocí a una chica taiwanesa con la que nos llevamos muy bien durante esos días. De la conferencia, no supe de qué trató hasta que después que terminó, tuve que transcribirla. Si me preguntan ahora si es que recuerdo algo, nada, cero. Dejé de trabajar en el CEP el año dos mil dos. El año en el que nació mi hijo mayor. Mucha gente me dijo que estaba cometiendo un gran error, pero hasta el día de hoy no me arrepiento de haberlo hecho, ni creo que lo haga nunca.





Son las trece horas con seis minutos

Las tres mas o menos a la misma edad


sábado, 11 de abril de 2015

De percances y mala mesa

El día no partió muy bien. Se me cayó el tupperware en donde guardo el azúcar, se abrió y se desparramó un buen poco. También se me cayó una bandeja con treinta huevos y se quebraron la mitad. Me mordió una tijereta. Me enterré no se qué cosa en la planta del pié. Pero eso no fue todo. Mi hermana está de visita por esta semana y se encargó de preparar el almuerzo. Hizo unas verduras salteadas con tallarines. Los tallarines estuvieron bien, pero las verduras estaban crudas, aunque ella insista en que no, que estaban al dente. Se molestó un poco porque no me gustaron, a pesar de que las comí igual. Si ella estaba un poco molesta, yo estaba bastante choreada. Es que ayer también me tuve que comer la comida cruda. Ensalada de porotos calientes era. En la tarde hizo unas galletas de avena, plátano y chips de chocolate. Le quedaron muy secas y les faltó azúcar. Tampoco me gustaron. Se lo comenté a mi hijo bajo juramento de guardar el secreto, pero me echó al agua igual. Mientras tomábamos once, mi hermana me dijo que claro, que a mi me gustan solamente las cosas que yo cocino. Lo que no es cierto. En general encuentro que tiene buena mano, pero ni ayer ni hoy su comida fue de mi agrado, que le voy a hacer. Entre todo esto, decidí bajar al centro a buscar ese libro de la Rebelión en la Granja, para mi hijo mayor. Fui con el más chico, que quería ver en qué podía gastar las pocas lucas que le quedaron de la plata que recibió en su cumpleaños. En la librería, que es más bien un local pequeño con libros pirateados, (no tengo plata para andar comprando originales), encontró un comic de Superman. En formato de libro viene y trae una pequeña introducción con algunos datos importantes. A eso le siguen doscientas ocho páginas de historieta. Todo por mil quinientos pesos. Estaba fascinado. No se si será falso o no, pero el niño está feliz. Yo, por mi parte, para consolarme un poco de lo 'mal' que estaban yendo las cosas, me compré unos champiñones y, cuando volví a la casa, se los agregué a mi ensalada de espinacas. Le faltó un poco de limón, pero solamente quedaba uno chico y medio seco, así que ya qué.

Son las quince horas con cincuenta y seis minutos

Hoy está siendo uno de esos días en los que pocas cosas salen bien y muchas cosas salen mal. Una de ellas, es que mi hermana tiene una confusión entre lo que es la comida cruda y lo que es la comida al dente

viernes, 10 de abril de 2015

Pelo verde y chascón

Al fondo de la parcela había un sauce. Era enorme. Me gustan todos los sauces, son mis árboles favoritos, pero éste era algo especial. Tenía las ramas muy largas, por lo que debajo de ellas se formaba una especie de refugio. Justo en donde comenzaban sus raíces pasaba una zanja. Los alemanes, que eran los que se preocupaban de hacer que algunos lugares comunes se convirtieran en lugares especiales, habían hecho un pequeño puente que la cruzaba. Instalaron también algo parecido a un escaño de madera, pero rustico. Mi hermana y yo pasábamos mucho tiempo debajo de ese árbol. En el verano, en las tardes, era exquisito. Nos acostábamos a fumar, a conversar y a disfrutar del frescor de la sombra. Generalmente estábamos ahí hasta el atardecer, para volver en las noches. A veces a cantar, a veces a gritar a todo pulmón para desahogarnos.En invierno era lo mismo. No importaban ni el frío ni la humedad, ahí estábamos. Es que era como tener una cita con ese espacio, una cita cada día, cada noche. Hubo algunas veces si,  en las que fui acompañada de algún chico. Hubo otras veces si, en las que fui sola. Recuerdo noches de luna llena. Recuerdo haber estado de espaldas mirándola. En silencio, mirándola. Ella, yo y el árbol, nada más. No se muy bien como explicarlo, como describirlo, como transmitir las sensaciones que las memorias que tengo de ese lugar me hacen sentir. Y es que entre ese manto verde se enredan tantos pequeños secretos, tantas palabras dichas y no dichas, tantas risas, tantas lágrimas, tantos besos, tanto amor. El único que podría comunicarles algo de todo esto, sería el mismo sauce, si es que pudiera hablar. Si ese sauce hablara...

Son las dieciséis horas con diecisiete minutos

Cuatro millones costó salvarme la vida. Poco si se piensa en haberla salvado. Mucho si se piensa en como pagarlos.


jueves, 9 de abril de 2015

Son las veinte horas con veintiún minutos

Si, no puedo decir que tengo el asunto de Dios resuelto. No sé si creo o no creo, si está ahí, si no está ahí o si simplemente estoy enojada con él y nada más. Sea como sea, hay momentos de desesperación en los que no se que hacer y recurro a una canción que aprendí cuando era pequeña. Generalmente la canto cuando tengo miedo, especialmente por las noches. Bien despacito, como si le estuviera contando un secreto a alguien que es inmensamente mas grande que yo.


Mi hermana, la que sigue de mi...

Era de esos pergenios a los que no podías perder de vista ni cinco segundos, porque en esos cinco segundos, seguro se estaban mandando una. Ponía los dedos en la plancha caliente, metía clavos en los enchufes, se escapaba de la casa por entre las ligustrinas, comía tierra. Cuando eramos pequeñas a mi me daba un poco de envidia, porque como yo era una niña tranquila y obediente, la que se llevaba toda la atención de mi mamá, era ella. Y no solo la de mi mamá. Resulta que mi hermana tenía, y tiene, una personalidad bastante atrayente. No se hacía ningún problema para relacionarse con otros niños, ni tampoco con adultos. Todo lo opuesto a mi. No nos llevábamos bien, peleábamos mucho. Y yo siempre salía perdiendo y quedaba llorando. Cuando crecimos un poco, ella y mi hermana menor pasaban mucho tiempo juntas. Fue cuando mi mamá estuvo enferma  y yo, que era la mayor, tenía que hacerme cargo de las dos. Por lo que la diferencia de edad, aparentaba ser mucho mas grande de lo que en realidad era. A la más chica no le enseñé muchas cosas, porque era prácticamente un bebé. Pero la que sigue de mi, aprendió varias. Aprendió, por ejemplo, a hacer su cama. A barrer. A que los bolsillos del delantal no se andan trayendo llenos de papeles y que no se duerme con el uniforme para quedarse un poco más en la cama, al otro día. Cuando entramos en la adolescencia, nos acercamos. Después de haber vivido en Estados Unidos, estuvimos en Suiza por tres meses. El lugar en el que estábamos, era campo. No habían niños ni adolescentes y lo único que se podía hacer, era andar en bicicleta. Comenzamos a salir y cada vez nos fuimos divirtiendo más. Ella buscaba nuevos caminos. Caminos con más pendiente. Siempre se tiraba primero y yo me quedaba atrás, con miedo de seguirla. ¡Tírate, tonta, es súper!, me gritaba desde abajo, muerta de la risa. Y yo le hacía caso. Me moría de miedo, pero le hacía caso. Y así fui aprendiendo de ella cosas nuevas, igual como lo había hecho ella de mi. Cuando volvimos a Chile, eramos mejores amigas. Salíamos juntas, nos cubríamos las espaladas, hablábamos de nuestros problemas, nos reíamos y llorábamos. Fuimos inseparables hasta que se embarazó y tuvo que irse de la casa. Pero volvimos a acercarnos cuando regresó. Hasta que me casé. Luego ella se casó. Y ahora cada una tiene su vida. Ella vive en Santiago. Yo vivo en Quilpué. Ella tiene su familia y yo la mía. A veces nos visitamos y me alegra ver como esa niña revoltosa, se ha transformado en una mujer, una esposa y una madre a la que aun envidio. Un poquito, y con envidia sana, eso si. Mi hermana, la que sigue de mi, está hoy de cumpleaños. Mi hermana, la que sigue de mi, cumple hoy un año más.


De adolescentes


miércoles, 8 de abril de 2015

Son las veinte horas con veinte minutos

Estaba en el baño. No había nada para leer. Entonces encontré un jabón de glicerina aun en su envase. La etiqueta decía 'Es un jabón de tocador, delicadamente perfumado con esencias cítricas, resultado de una cuidadosa combinación de glicerina y aceite de coco. Su límpida transparencia demuestra la primerísima calidad y pureza de sus componentes. Es ideal para el cutis delicado y para el baño de los niños. Proporciona una espuma suave y penetrante, realizando una higiene completa de la epidermis. Exigido por dar al cutis una delicada frescura y una suavidad incomparables'. O sea, ¿no será demasiada siutiqueria para un simple jabón de glicerina?, ¿o no?...


martes, 7 de abril de 2015

Un año más

Hoy cumple años mi pequeño. Once años. Once años que no se le notan, porque es un regalón. Mi poroto. Tengo la fortuna de poder decir que es feliz y eso me hace feliz. Me hace feliz todos los días, y en especial en este.


Años atrás

Tuve una amiga a los catorce años. Era mi mejor amiga. De esas con las que entras al baño. De esas con las que intercambias los diarios de vida para saber lo que ha escrito la otra. Eramos compañeras de curso. No nos dejaban sentarnos juntas, porque obvio, conversábamos todo el rato. Así que nos mandábamos papeles. Aún tengo guardados algunos en los que hacemos chistes sobre un compañero con el que habíamos pololeado las dos. El primer pololo al que, finalmente, le di un beso. O sea, varios, porque después del primero se me pasó la verguenza y bueno... No duramos mucho en todo caso. Llegó una niña nueva y bueno, ya saben. En fin. Mi amiga y yo nos pasábamos todo el tiempo juntas. En el colegio y en la Misión. Si ella no se quedaba a  dormir en mi casa, yo me quedaba en la de ella. Tomábamos once viendo la teleserie y los domingos, no nos perdíamos Sábado Taquilla. Moríamos por los New Kinds On The Block. Era un griterío cada vez que llegaban al número uno, porque llegaron, aunque usted no lo crea. Teníamos hasta posters pegados en las murallas de nuestros dormitorios, de esos que venían en la Tv grama. Grabábamos canciones de la radio. Era una locura. La otra locura era por dos brasileros. Los dos mucho mayores que nosotras. La Misión tenía una Combi con la que nos iban a buscar y a dejar al colegio. A todos los niños que vivíamos ahí. Ellos dos eran los que generalmente la manejaban. Entonces a veces le tocaba ir soñando a ella y otras veces a mi. Lo otro que nos hacía soñar, eran las puestas de sol. Nos sentábamos todas las tardes a verlas. Les tomábamos fotos, las dibujábamos y las pintábamos con acuarela. Nos quedábamos ahí, calladas, cada una absorta en sus propios pensamientos, que después comentábamos. por supuesto. A veces, mientras esperábamos la puesta de sol, ella tocaba la guitarra y cantábamos. Silvio, casi siempre. Y un día, se fueron. Como a todos en la Misión, les tocó partir. Llegó llorando a mi casa a contarme. Lloramos las dos. Nunca más la volví a ver. Nos escribimos por harto tiempo si. Nos mandábamos fotos y nos contábamos todo lo que nos podíamos contar. Una vez ella me hizo un sobre con una hoja de revista y en contestación le mandé una carta escrita en distintos tipos de papel. Hasta papel higiénico había. Las tengo todas guardadas, las que ella me escribió y una mía que no alcancé a mandar. Dejé pasar demasiado tiempo y se hizo tarde.


domingo, 5 de abril de 2015

Varios

Mi tía y mi tío son profesores en dos colegios bastante conocidos en Santiago. Mi tía es profesora de Educación General Básica y mi tío es profesor de Computación, aunque originalmente estudió para ser profesor de lo que ahora se llama Artes Visuales. En su casa hay algunos cuadros que pintó mientras estudiaba y aún tiene su equipo para revelar fotografías. Me hubiese gustado dedicarme al arte, me dijo hoy, mientras comentaba que otra de mis tías le había pedido unos retratos, pero el arte no paga, concluyó. Hubo un tiempo en que los visitábamos harto, mi hermana del medio y yo. Cuando vivían en el paradero siete de Pajaritos. Fue un tiempo en el que yo no tenía permiso para salir sola, porque se me había ocurrido andar haciendo 'cosas de grandes' y mis papás se enteraron. Como mi religión no me lo permitía y yo lo había hecho igual, me sometieron a una serie de castigos, entre los que estaba ese. No podía salir sola a ninguna parte, excepto a la casa de estos tíos. En ese tiempo, ellos no estaban 'en el evangelio', así que eran bastante más permisivos que mis papás, por lo que yo me quedaba en su casa bastante seguido. Era ahí donde yo llegaba borracha después de que salía del instituto. Una vez se enojaron conmigo, porque volví muy tarde y en condiciones deplorables. Además había dejado tirado en el Parque O'Higgins, al tipo con el que andaba. Pero es que se durmió y no había manera de despertarlo. Pasaba la hora y yo tenía que caminar hasta Alameda para tomar la micro. Le grite, lo zamareé, lo cachetee y no despertó, así que lo dejé botado. Pero no le pasó nada. O sea, le robaron el bolso, pero llegó bien a clases al otro día. Bien sin tomar en cuenta la flor de caña que llevaba. A partir de entonces prefirieron que tomara en la casa. A veces tomábamos juntos. Piscola generalmente. Tenían una lámpara de esas que se pueden bajar. La poníamos cerca de la mesa, sacábamos las cartas, los puchos y hacíamos casino, así le decíamos. Y es que con el humo, el olor a pisco, la luz baja y las cartas, el comedor se veía prácticamente igual a uno de esos antros clandestinos que salen en la tele. Pero no toda era joda. Como todos los profesores, mis tíos se llevaban trabajo para la casa. Mi tía me pidió algunas veces que la ayudara a corregir pruebas. En una ocasión le escribí las listas de alumnos en el libro de clases, porque las quería en letra imprenta y a ella no le sale. Este fin semana me quedé en su casa y como aun estoy con reposo relativo, hoy andaba medio aburrida. Así que me preguntó si tenía ganas de corregir pruebas. De comprensión de lectura y matemáticas de segundo básico, le corregí. No sabes el favor que me hiciste, me dijo.

sábado, 4 de abril de 2015

Cumpleaños feliz

Ayer nos vinimos a Santiago, porque hoy le celebrábamos  el cumpleaños a mi hijo menor. En realidad está de de cumpleaños la próxima semana, el siete, pero lo hicimos ahora para aprovechar el fin de semana largo. Llegué a la casa de mi tía hace como media hora y estoy muerta. Así que me está costando un poco articular las ideas. Y eso que no tengo mucho que contar. O sea, si, podría escribir hartas cosas, pero igual estoy cansada. Lo importante es decir que mi hijo estaba contento, porque anda con toda las onda de los comics y su papá le regaló una versión empastada de los Avengers. Ya se lo estaba terminando cuando me vine. Además juntó bastante plata por parte de mi familia, así que mañana la va a gastar toda en más revistas. La hermana de mi ex le hizo una torta de Hulk. Mi hijo le pidió que le hiciera comestible la figura del super héroe. Cuando terminó el cumpleaños, ya le faltaban un brazo y una pierna. Me hace feliz verlo feliz. Y hoy lo fue, así que me acuesto contenta. 

viernes, 3 de abril de 2015

Allá en la fuente

El año en que mi mamá estuvo enferma, a mi hermana menor la pusieron en el jardín. Jardín Melodía, se llamaba. Quedaba cerca de la casa y uno de los buenos recuerdos que tiene de ese tiempo, me cuenta, es que mi papá la iba a dejar todos los días y le compraba un yogurt Gold. Mi hermana, la del medio, y yo, íbamos al Colegio Adventista de Porvenir, en la jornada de la tarde. El jardín infantil tenía un transporte escolar y por ser hermanas de una de las alumnas, aceptaron trasladarnos. Como eramos las que vivíamos más cerca del preescolar, nos pasaban a dejar siempre de las últimas. El chofer del furgón era joven. Debe haber tenido unos veinte años. Le gustaba el rock latino, en especial Los Prisioneros. Cuando se bajaban la mayoría de los niños, yo me acostaba en el último asiento y miraba las luminarias de las calles de Santiago, escuchando la música y pensando en quién sabe que cosas. El tío del furgón era gracioso. Siempre andaba de buen ánimo. Le gustaba contar chistes y a veces nos asustaba soltando el volante por una fracción de segundo. A nosotras nos gustaba mucho el transporte y a mi hermana le gustaba mucho su jardín. Sobre todo aprender canciones. Hay una que aun recordamos, se llama 'Allá en la Fuente'. Se las dejo por si alguien tiene niños pequeños y se la quiere enseñar. Es bien sencilla.

  

Aloha

De todos los lugares que he visitado en mi vida, el que recuerdo con más cariño es Hawaii. Mi papá fue enviado a Kona, a hacer un curso de comunicaciones en la Universidad de las Naciones, entidad que pertenece a la misma organización misionera en la que participaba. Vivimos siete meses en la isla. El lugar es hermoso. El clima, perfecto. La gente siempre relajada. Vivir ahí, era como estar eternamente de vacaciones. El primer trimestre, mis hermanas y yo asistimos a una escuela que hay en el campus, que es para los hijos de los misioneros que viven y estudian ahí. Las actividades terminaban temprano y el resto de la tarde era libre. En el Campus el día comenzaba a las seis de la mañana. El desayuno se servía desde las seis y media a siete y media. Las clases comenzaban a las ocho y se hacía un receso para  almorzar desde las doce y media, hasta la una y media. Volvíamos a clases a las dos y salíamos a las cuatro. Desde las cuatro y media hasta las cinco y media, servían la cena y de ahí a la playa a nadar o a mirar a los surfistas, a la piscina, a patinar o a caminar descalzos por el centro. Todo era ideal. Las clases eran entretenidas. ¿Se imaginan lo que es a hacer clases de educación física a la playa?. Una vez nos llevaron a hacer cliff jumping. Teníamos que saltar al mar desde una altura de ocho metros. Llegamos al lugar y yo ni me asomé al borde.  Me saqué la ropa, no le dije nada a nadie y me tiré. Creo que es como una de las cosas más arriesgadas que he hecho. O sea, no fue nada tan espectacular tampoco. Pero lo hice, aunque estaba muy asustada. Y eso le dio un valor especial. Otra vez fuimos a ver los túneles de lava que hay en distintos lugares de la isla. Algunos mas pequeños, otros más grandes. También estuvimos cerca del Kilauea, el volcán. Es impresionante. Me acuerdo que un par de veces se sintieron algo así como los temblores de acá. Pero estos eran diferentes. Y es que el ruido y la sacudida provenían desde el centro de la tierra. No se cómo explicarlo, pero daba miedo. El segundo trimestre entramos a la escuela pública. la Konawaena High School. Fue difícil el cambio. El lugar era enorme. Además, en ese tiempo, era una de las escuelas con mayor indice de violencia en los Estados Unidos. Y el sistema, igual como sale en las películas. Las clases, cada materia, era un edificio distinto. Cada curso, una sala y cada nivel una letra. No se si me explico. La verdad es que creo que nunca entendí como funcionaba el asunto. Solo me aprendí las salas de memoria y nunca jamás me moví de ese entorno. No me junté con nadie durante las primeras semanas. Me sentaba sola en el comedor al desayuno y al almuerzo. La verdad es que me cagaba de miedo. Me re cagaba de miedo. Pero el miedo se fue pasando y de a poco me fui acercando a un grupo que hablaba español. Y me hice amiga de dos niñas. Eran mexicanas. De entrada no fue tan fácil, porque cuando me preguntaron de que parte de México era y les dije que era chilena, que no era mexicana, querían pegarme. ¿Cómo no vas a ser mexicana si hablar español?, ¿acaso reniegas de tu nacionalidad?. Gracias a un primo al que le preguntaron y el les dijo que yo era de otra parte y eso, no me salvé. Tiempo después me enteré de que lo mexicanos eran uno de los grupos mas temidos en al escuela, porque eran de los más violentos. Así que ahí me quedé. Aprendí muchas cosas acerca de la isla durante los meses que vivimos ahí, que ya no recuerdo. Una palabra si no se me ha olvidado aun, 'mele kailikimaka', que quiere decir feliz navidad. ¿Cómo se dirá  buenas noches?...

martes, 31 de marzo de 2015

Son las veintidos horas y cuatro minutos

Me distiendo. Una brisa fresca me ronda. Me viste y me desviste. Me envuelve. Si, me envuelve. Poco a poco va disolviendo el calor. Tengo frío. Anoche soñé que volaba.

Inmanejable

Cuando vivíamos en la Misión, tuvimos un Volksewagen Brasilia. Era blanco. Mi hermana, la que sigue de mi, aprendió a manejarlo sola. O sea, aprendió lo básico de mi papá y un día lo agarró y lo puso en marcha. Sin permiso de nadie y conmigo de copiloto, nos fuimos al camino de tierra por donde se llegaba al final de la parcela. Yo no entiendo como es que se le dio tan fácil. Igual el auto pegaba unos tirones de repente, pero fuera de eso, el resto iba bien. Una vez las cosas se complicaron un poco, eso si. A pesar de que ya la habían castigado un par de veces por sacarlo sin permiso, se llevó el auto al fondo del sitio. Don Pancho, un señor al que se le le arrendaba un trozo de tierra para que la trabajara, había plantado habas. Y para allá se fue a meter mi hermana. De pronto el vehículo dejó de avanzar y comenzó a empantanarse. Hasta la mitad de las ruedas se hundió en el barro. Don Pancho estaba muy enojado, porque igual mi hermana no tenía nada que andar haciendo ahí y que las ruedas y que el barro. Pero finalmente decidió ayudarla y con su tractor la rescató. Mis papás se enteraron cuando mi hermana ya estaba de vuelta, así que el reto no fue tan grande. Claro que le quedó estrictamente prohibido volver a usarlo sin pedir permiso. Yo en cambio, no aprendí nunca. No podía escuchar las instrucciones y ponerlas en práctica al mismo tiempo. Una vez, tratando de estacionarlo frente a la casa, me fui encima de las ligustrinas y por más que traté, no pude nunca meter la reversa. Otra vez iba con mi mamá y me frustré tanto, que abrí la puerta con el auto en marcha, me bajé y lo dejé tirado. Ese fue mi último intento. No se manejar, pero ya no me importa. Prefiero ir mirando por la ventana, disfrutando el paisaje, sin preocuparme por nada.

lunes, 30 de marzo de 2015

Deambulandia

Hoy estoy un poco dispersa. No se, ando vagabundeando entre un pensamiento y otro. Pienso en que este año cumplo treinta y nueve años, por ejemplo. Le doy unas vueltas a ver si le encuentro algún significado especial al hecho, pero nada. Pienso también en la relación que tienen mis hijos con su padre. Una relación de comida chatarra en el mall y películas en el cine. De cariño también, obviamente, pero de nada más. Aunque tal vez estoy siendo injusta y hay otras cosas que no estoy viendo. Pienso en que me gustaría volver a estar embarazada, esta vez de una niña. Aunque ya no sea posible, de todas formas me gustaría. Mi hermana tiene una hija, la única niña entre mis sobrinos. Y, obviamente, la relación entre ellas, es distinta a la que tenemos con nuestros niños. Es mas delicada, por decirlo de alguna manera. Pienso en lo fome que es el libro que comencé a leer, pero que voy a terminar, porque si se empieza se termina. Gracias por el Fuego, se llama, de Benedetti. O sea, no se dice que es fome, se dice que a uno no le gustó, les digo siempre a mis hijos. En fin. Esto si que está fome, así que mejor no sigo dando la lata...

domingo, 29 de marzo de 2015

Una travesura

El hermano menor de mi mamá tenía un amigo, su mejor amigo. Su casa quedaba en nuestra misma cuadra. Crecieron juntos. Se llamaba Mauricio, pero para todos era el Mauro. El Mauro prácticamente vivía en la casa de mi abuelita. Recuerdo muchas veces en las que llegaba en la mañana, cuando aun ella y yo estábamos acostadas, y subía al dormitorio a saludarla y a conversar. Ese era el nivel de confianza que tenía con la familia. Generalmente se iba a almorzar a su casa y volvía en la tarde a escuchar a mi tío tocar guitarra, mientras conversaban en la vereda. La familia del Mauro era la única del barrio que tenía teléfono. Así que, cuando había alguna emergencia, llamaban a su casa para avisar. Un par de veces llamaron para que mi abuelita supiera que a otro de mis tíos que estudiaba en el Pedagógico, se lo habían llevado los ratis. Nada que hacer, solamente esperar a ver si aparecía. Gracias a Dios volvió, dijo las dos veces mi abuelita. En fin. Al Mauro y a mi tío les gustaba jugar ajedrez. Y como en ese tiempo no había plata para comprar nada que no fuera lo estrictamente necesario, se hicieron un tablero con piezas de papel. Una o dos veces alcancé a soplarles el juego y salir corriendo, muerta de la risa.

Son la una con treinta y dos minutos

Lo ignoro. Y me lo pregunto. No siempre, pero si cada cierto tiempo. No entiendo. Tampoco sé si hay algo que entender. Me gustaría saber. ¿Me gustaría?. Anoche soñé que iba desnuda por la calle.

sábado, 28 de marzo de 2015

Corte y confección

Mi bisabuela era modista. Cosía vestidos de novia. Tenía un espejo como de dos metros y medio de alto, con marco de madera torneada y vidrio biselado. Una reliquia. Pasó de mi bisabuela a mi mamá y de mi mamá a mi hermana del medio. Para el terremoto del 2010, el espejo se fue abajo y se hizo mil pedazos. El marco aun está guardado, pero corriendo serio peligro de ir a parar a la calle, porque mi hermana no tiene ningún amor por nada que sea antiguo. Estoy tratando de traérmelo, antes de que eso suceda. A mi me tocaron las tijeras. Son bastante pesadas y ya no tienen filo, por lo que no cortan. Pero imaginar que mi bisabuela las usó para hacer vestidos que ocuparon novias que se casaron hace muchos años atrás, es como viajar un poco en el tiempo. En fin. Mi abuelita también aprendió a coser. De hecho, creo que ayudaba a mi bisabuela en el taller. Mi abuelita me hacía unos vestidos hermosos. Una vez me hizo uno de tul blanco, con el que me sentí como un hada o una princesa. Pero aparte de los vestidos, a mi abuelita le gustaba hacerme enaguas. Y yo las tenía que usar para ir al colegio, debajo del jumper. El problema es que, no sé por qué, siempre se me veían. Y claro, mis compañeros me molestaban. Mi tío, el hermano menor de mi mamá, me preguntaba todo el tiempo "Ita, ¿andai buscando novio?". Que rabia. Odiaba usarlas. Pero mi abuelita me las hacía con tanto cariño, que cómo decirle que no. Las usé hasta quinto básico, o por ahí. En ese tiempo, mi abuelita había dejado de coser, porque ya no le daba el tiempo. Así que me libré de las enguas, justo cuando había pensado en empezar a buscar novio.




viernes, 27 de marzo de 2015

¿Se dice o no se dice?

Mis papás estaban siempre yendo de un lugar a otro y por periodos cortos. Por lo mismo, nos cambiaron varias veces de colegio cuando eramos chicas. Hubo de todo. Escuelas buenas, no tan buenas y malas, derechamente. Estuvimos en una tan mala, que mis hermanas y yo eramos las mejores alumnas del curso en el que estábamos. Creo que esa fue la única vez en mi vida que saqué un primer lugar mientras estudiaba. El Colegio Adventista de la Cisterna era uno de los no tan malos. Ahí alcanzamos a estar un poco más de tiempo. En ese colegio tuve mi segundo pololo. Yo estaba en séptimo y el Andrés estaba en octavo. Pololeamos por carta. Suena ridículo, ya se. Pero pasaba que yo no podía estar a menos de dos metros de él. Una vez se acercó para regalarme un lápiz y me temblaban tanto las manos, que se me cayó como tres veces. Aun me pasa eso. Que me pongo nerviosa en esas situaciones y me tiemblan las manos. Es incómodo, porque me deja en evidencia. En fin. Todos los días nos daban desayuno. Un vaso de leche y un pedazo de queso. Todos queríamos el queso, pero nadie quería la leche. Entonces hubo varios compañeros que comenzaron a botar la leche. La directora se enteró del asunto y nos formó en el patio para anunciar las medidas que se tomarían al respecto. Entonces, en medio del discurso, tiró la frase. 'El alumno que sea sorprendido botando la leche "lisellanamente" se me va del colegio'. Tanto lo recalcó, que cuando llegué a la casa le pregunté al tiro a mi papá que qué significaba esa palabra. Esa palabra no existe, me dijo. Es una expresión, "lisa y llanamente". Si mi papá estaba en lo correcto, ¿que verguenza para el colegio?, ¿para la directora?. Verguenza fue lo que me dio a mi cuando el Andrés trató de darme un beso, en todo caso. Tanta me dio, que tuve que salir corriendo a esconderme en la sala. Me quedé ahí hasta la salida. Y, claro, terminó conmigo. Por carta también, obviamente. Así, lisa y llanamente.

jueves, 26 de marzo de 2015

Significado

La primera vez que leí la definición de falacia fue como a los doce. Mi papá me mandó a buscarla en el diccionario. Siempre hacía lo mismo cuando le preguntábamos que significaba una palabra. Después la usaba para explicar que decir que los adolescentes adolecían de algo, era una falacia. No se, fue una idea que se me metió en la cabeza cuando estaba en esa etapa. En fin. Hace unos días, mis hijos estaban discutiendo no sé por qué cosa y el más chico le dijo al mayor que lo que estaba diciendo era una falacia. Igual me llamó la atención, porque a su edad, yo no manejaba ese tipo de palabras. Me dijo que el profesor les había explicado que significado tenía, porque uno de los compañeros la había ocupado y los demás quedaron colgados. Pero resulta que parece que falacia está de moda. Ayer fui a Santiago para mi primer control después de la cirugía y mi sobrina le dijo a mi sobrino que andaba "puro falaceando". Divertida la tergiversación. Otra palabra complicada.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Himnos y coros

Creo que sí. Que conté que cuando era chica iba con mi abuelita a la iglesia. A la clase Zelada íbamos. Creo que también conté que nos sentábamos en el coro. Todas las mujeres, tías y primas, por parte de mi mamá, nos hemos sentado en el coro. En distintas iglesias, peto todas nos hemos sentado. Nos gusta cantar. Y no cantamos mal. Una de mis tías incluso se casó con el jefe de coro de la clase Zelada. En esa clase aprendí varios coritos. Himnos también. Hoy recordé uno que no me gustaba para nada. O sea, me acordé de una de sus frases. ¿A dónde huiré Señor de tu presencia?, tu Espíritu Divino en todas partes está. No me gustaba. Porque cuando pregunté que qué significaba eso, me dijeron que no había un lugar en el que pudiera estar, sin que Dios pudiera verme. ¿Ni debajo de la cama?, ¿ni detrás de la puerta?, ¿ni dentro del closet?.  No, no había lugar. Esa idea me molestaba. En ese momento no tenía claro por qué, pero me molestaba. Ahora lo sé. En fin. Esa es la única parte que recuerdo. Por lo mismo no voy a poder cantarlo. Y ni aunque me acordara lo haría, en todo caso.

martes, 24 de marzo de 2015

Las tripas

Es lenta la recuperación. Esta es la tercera vez que se me tuerce una tripa. No tiene que ver con lo que coma o lo que no coma. Simplemente se tuerce y ese trozo torcido, se muere. Esta es la segunda vez que la tripa torcida, además, estaba perforada. No se si tiene mucho sentido escribir acerca de esto, pero como ya comencé, mejor que lo termine no mas. Me dio un poco de pena cuando me di cuenta de lo grande que es esta nueva cicatriz. Es más larga que las otras. Después pensé que en realidad ya da lo mismo. Ya qué, como dicen mis hijos. Además hubo algo nuevo. Me pusieron corchetes en vez de puntos y lo divertido es que se sacan con un saca corchetes, igual que con los que se corchetea el papel. Y lo bueno es que no duele y no deja tantas marcas. Que risa. Me leo y me aburro. Pero esto es una anécdota y me gusta contar anécdotas, aunque sean fomes, como ésta. En fin. Pasado mañana se cumplen dos semanas desde que todo comenzó. Y yo que le había echado la culpa a la María Antonieta. Ni me imaginaba que iba a terminar así, en el hospital con operación y todo. Que lata es estar en el hospital. No hay manera de acomodarse en esos colchones. Un amigo me llevó unas revistas, pero no hubo caso. No pude leer ni una página. No quedó otra que pasar una semana mirando el techo y jugando con los botones de la cama. Y eso. O sea, muchas otras cosas, pero para qué más detalles. Además me dio un poco de sueño. Que pasen una buena noche. Yo voy a ver si logro acomodarme esperando que no me despierte otra tormenta eléctrica como la de anoche.

lunes, 23 de marzo de 2015

Baño

Dicen que la mejor manera de que un niño aprenda a ir al baño, es dejarlo sin pañales durante el verano. Es más fácil darte cuenta de cuando comienzan a hacer, que que te avisen cuando les den ganas. Así  lo hice con mis dos hijos. Me dio buen resultado, aprendieron bastante rápido. Que aprendieran a hacer caca era un poco mas complicado que hacer pipí. Darte cuenta de que tenían ganas, quiero decir. El mayor comenzaba a seguirme con cara de angustia cuando quería hacer, así que con él fue un poco más sencillo. Lo llamativo, por decirlo de alguna manera, fue con el menor. Hacía en el patio. Le daban ganas y salía al jardín. Y yo después tenía que andar recogiendo sus mojones en una bolsa, igual como hacen algunas personas con sus perros. Salía sin que me diera cuenta. Así que tuve que comenzar a poner atención para que cada vez que se me desapareciera, pudiera pescarlo en pleno, agarrarlo, llevarlo al baño lo mas rápido posible y sentarlo en la taza para que terminara. En fin. Buena táctica. Al menos a mi me dio resultado. 

domingo, 22 de marzo de 2015

Naive

Los primeros misioneros llegaron a Chile a finales de los setenta. Eran un matrimonio joven, sin hijos. Los dos hippies. Hippies cristianos, pero hippies. Fueron ellos los que comenzaron con la comunidad en la que vivimos por años. Cuando mis papás se hicieron parte de ella, yo tenía cinco años. Recuerdo muchas cosas de esos primeros meses. Vivir todos juntos en una casona, compartir la comida, tocar guitarra alrededor de una fogata cantando canciones de amor y de paz. Esa es la imagen que recordé hoy. Un grupo de jóvenes alrededor de una fogata, en una noche estrellada, tomados de las manos levantadas, con rostros radiantes, creyendo con todo el corazón que podían cambiar el mundo y hacerlo un lugar mejor. Unidos, unidos se llamaba el tema.



sábado, 21 de marzo de 2015

Volver

De vuelta en casa, después de una corta estadía en el hospital de la Chile. Una nueva cirugía. Una nueva cicatriz.

sábado, 7 de marzo de 2015

Por chancha

Tan certero fue mi diagnostico, que terminé hoy en la urgencia. Me siento pésimo, pero es mi responsabilidad, lo admito. Ayer tenía ganas de contar que me había juntado con mi papá, que habíamos aclarado lo de los griegos y otras cosas, pero me sentía y me siento tan mal, que va a tener que quedar para otro momento. Una cosa cortita si. Cuando volvíamos del Mall al metro U. de Chile, pasamos por uno de esos puestos donde venden agua, dulces y esas cosas. Habían dos mjeres y un hombre conversando. Entonces alcancé a escuchar al hombre decir "el amor se pasa, como se pasan todas las cosas". Una de las mujeres le contestó, "no, estai equivocao tú".

viernes, 6 de marzo de 2015

Saludos

Estoy enferma. Según mi vasta experiencia médica, esto es una gastritis mezclada con un ataque al colón. Me muero del dolor. Hasta aquí no mas llego por hoy. Buenas noches.

jueves, 5 de marzo de 2015

El Pablo

Con el Pablo nos conocimos hace como veinte años en la Misión. Hace tiempo vive en Canadá, así que no nos vemos muy seguido. Está dos semanas de visita en Santiago y hoy nos encontramos. Pasamos la tarde juntos.  Nos pusimos al día primero y después nos dedicamos a recordar. Siempre eramos los tres, él mi hermana del medio y yo. Había un árbol de damascos casi al fondo del sitio con un asiento de madera, donde nos íbamos a fumar y a tomar cerveza por las noches. Escondidos, obviamente. No sé de quién era la radio, pero siempre andábamos con ella. Una radio chica, con casetera. Y cantábamos. Cantábamos Cranebrries, Alanis Morrisette, Tony Braxton, algunos otros y Enrique Iglesias... Si, Enrique Iglesias. Todavía no entiendo por qué, pero lo cantábamos. Incluso, si lo intento, creo que me saldría 'Enamorado por Primera Vez'. Y aun mejor si fuera como en esos tiempos, con el Pablo y con mi hermana.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Primer día de clases

Hoy nada de fotos en la puerta del colegio. Nada de acompañarlos a la sala. Los dejé en la esquina, se despidieron rapidito, y sería. Así comenzó el día y terminó con la película de la pantera rosa con ese actor de pelo blanco que es mas tonto que una puerta. O tal vez sea tonto en las películas solamente y en la vida real sea muy inteligente, vaya a saber uno. En fin. Quería contar otra cosa, pero tengo tanto sueño que se me olvidó, así que buenas noches... 

martes, 3 de marzo de 2015

Crecer

Como dije hace un par de días, mi hijo mayor estuvo de cumpleaños. Hoy conversábamos acerca del deseo que había pedido al apagar las velas. ¿Se puede saber que pediste?, le pregunté. En mis tres cumpleaños anteriores, deseé que mi papá y tú volvieran a estar juntos, pero no volvieron. Así que, como me di cuenta de que los deseos valen madres y las velas comenzaban a apagarse, pedí una sandía, contestó.

No lo se

No sé si Neruda ya lo preguntó en su libro de las preguntas, pero quiero preguntar igual. ¿Por qué las hojas de los árboles se secan en invierno y en verano están verdes?, ¿no debería ser al revés?. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Largo regreso a casa

Pero qué agradable es volver a mi casa después de haber estado casi dos meses en Santiago. Abrir las ventanas. Sentir la brisa de la tarde en Quilpué. Ver los árboles de la plaza. Darme una ducha en mi propia ducha. Acostarme en mi propia cama y ver una película, sabiendo que aun nos quedan dos días libres antes de comenzar el colegio. Agradable, realmente...

1 de Marzo

Miré el reloj un segundo antes de verlo por primera vez. Eran exactamente las diez de la mañana. Mi hijo. El que me hizo madre. El que me enseñó a amar. Hoy está de cumpleaños. Hoy cumple trece años. Hoy me siento feliz. 






sábado, 28 de febrero de 2015

Mi tío

Mi tío, el que tocaba Silvio cuando yo era chica, volvió a la iglesia hace un par de años. Entonces decidió dejar de tocar música "mundana", Silvio incluido. Hace un par de días el Seba dejó la guitarra y mi tío la tomó. Hace mucho tiempo que no lo escuchaba tocar. Claro, nada de música mundana, pero igual valió la pena. Me preguntó que para que lo estaba grabando. Para la posteridad, le contesté.



Atrapasueños

Hace como un año comencé a tener pesadillas casi todas las semanas. Son pesadillas bastante horribles, porque son de esas en las que tienes la sensación de que estás despierto, pero sigues soñando. Generalmente lo que sucede es que tengo que luchar con unas sombras que se parecen a los Nazgul del Señor de los Anillos. Las peleas son largas y en el sueño tengo que recitar algo así como unos conjuros y forcejear para que no puedan ahogarme. Porque eso es lo que buscan esas sombras, ahogarme. El Seba me regaló un atrapasueños. No es muy grande, pero  espero que funcione, porque las sombras van ganando cada vez más terreno y no sé que pueda suceder cuando finalmente pierda la pelea.

viernes, 27 de febrero de 2015

El Seba

Cumplió diecinueve años hace un par de días. Es uno de mis primos favoritos. No nos veíamos casi nunca hasta que hace unos años, desde que empecé a pasar las vacaciones en Santiago, comenzamos a juntarnos más a menudo. Es el penúltimo de mis veintiún primos, por parte de mi mamá. Estoy en su casa hace un par de semanas y ha sido como tener un hermano chico, lo que puede ser muy agradable, pero también muy desagradable cuando se pone pesado. Y si, se pone pesado bastante seguido, pero ha sido muy entretenido y educativo, además. Es que es como cuando en el supermercado te dan una de esas muestras de champú, salvo que esta muestra es un pequeño adelanto de lo que van a llegar a ser mis propios hijos en un tiempo que cada vez parece menos lejano. Voy a extrañarlo cuando me vaya. Voy a extrañar echar carrera para ver quién llega primero a ocupar el sillón, matarnos a cosquillas o escucharlo tocar guitarra y cantar con la voz más desafinada que he oído en mi vida.




miércoles, 25 de febrero de 2015

Los griegos

Tengo mi mente, mi corazón y mi alma en otro lado, aunque me gustaría tenerlos acá. He tratado de acercarlos, pero no hay caso. Andan ahí vagando, un poco perdidas, parece. La culpa fue de los griegos, dijo una vez mi papá, que dividieron al hombre en mente, corazón y alma. Antes el ser humano era un todo. No sé si será cierto, a veces mi papá inventa cosas, pero la declaración me descolocó de todas formas. Es como si antes de eso no me hubiese sentido nunca dividida y el me hubiera hecho lo mismo que los griegos le hicieron a la humanidad. A veces quisiera saber menos. Otras, quiero saber más. No sé, en este momento no me puedo decidir. Debe ser porque mi cabeza, mi corazón y mi mente andan por ahí en otro lado, todos divididos.

Niñerías

Hay cosas que hace un niño que son graciosas solo para sus padres. Por ejemplo mi hijo mayor dejó una carpeta en el escritorio de mi computadora que se llama "hola, no me borres, om nom nom". Es una tontera, pero a mi me dio risa. O sea, igual soy buena para reírme, pero esas cosas me alegran la vida. Y si, tal vez para ustedes esto sea estúpido, pero me importa un soberano cuesco, como decía mi papá.

martes, 24 de febrero de 2015

Fireflies in the garden

Here comes real stars to fill the upper skyes
And here on erath come emulating flyes
That though they never equal star in size
(And they where never really stars at heart)
Achive at times a very star-like star
Only, of course, they can never sustain the part
Robert Frost

Es cierto, si no hubiese visto la película, no creo que habría llegado a conocer el poema. Una vez dije que las luciérnagas eran una de las cosas más hermosas que he conocido en mi vida. Y es que la imagen de esas pequeñas lucesitas flotando entre la hierba en una noche de verano, vive dentro de mi en un lugar en el que la magia aun existe. Aunque sean solamente una sombra de las estrellas que brillan en el cielo y no puedan nunca llegar a serlo.



domingo, 22 de febrero de 2015

Todos los huevos en una sola canasta

Ella dice que no me tengo respeto, que no tengo amor propio, que hago el ridículo, que no me valoro, que entrego demasiado. Ella dice que no ponga todos mis huevos en una sola canasta, que todo no se da, que siempre hay que guardar un poco, porque siempre hay una trampita. Ella dice que voy a sufrir, que voy a seguir haciéndome daño, que me expongo demasiado. Ella no es cómo yo. Ella se esconde, ella se escabulle, ella se gurda, ella se protege, ella es recelosa, ella se asegura para no sufrir. Ella no sabe. No sabe salir de si misma. Ella está atrapada dentro de su propia trampa. Somos diferentes ella y yo. Somos diferentes y eso me alegra, porque yo soy un mascarón de proa y ella vive en un submarino. 

sábado, 21 de febrero de 2015

Tres preguntas

Salí a caminar un rato en la tarde. A tomar el fresco, decían. Cerca de acá, hay uno de esos bandejones centrales con árboles y ciclovías. No había mucha gente, yo creo que se guardaron por lo de la lluvia. Lluvia en pleno verano, que tropical. Caminé como por una hora, con ese ritmo que uno lleva cuando no quiere llegar a ninguna parte. Escuchando música sin letra, tratando de inventarles una. No me quedaron muy buenas. Resultaron ser bastante ridículas, en realidad. Pero me dio risa. Cuando venía de vuelta, saqué una de esas ramitas de unos árboles que no sé como se llaman, pero con los que se puede hacer el me quiere mucho, poquito, nada. Fui sacando las hojas hasta que quedó solamente una. Subí un poco más el volumen de la música y volví a la casa.

jueves, 19 de febrero de 2015

Ella y yo

No hay nada mejor que la realidad, me dice ella. Siempre. Siempre me lo dice. Y a mi me da rabia, porque me gusta soñar. No es que la realidad sea mala en su totalidad, pero a veces apesta. Si. Es un cliché, aunque no por eso deja de ser cierto. Además me resisto a ser como ella, aferrada siempre a lo concreto, a lo tangible. Insistiendo en que es lo mejor. Insistiendo en que es lo correcto. Insistiendo en que así se debe vivir. Insistiendo en que debo cambiar. Somos muy diferentes ella y yo. Y me alegra. Porque a mi me gusta volar y no ser el cable a tierra. Hora de soñar. Demasiada realidad por un día.

Provinciana

Hoy agotada hasta los huesos. Estación Central un caos. Y no tenía idea de que había que hacer fila para tomar la micro. Realmente es como si viniera de un  mundo paralelo.

martes, 17 de febrero de 2015

Temblor

Eso de que vas con los audífonos metidos hasta los tímpanos y el volumen al máximo, cuando de pronto el chofer del colectivo te mira y lo ves mover los labios, te sacas uno y le preguntas ¿¿qué?? Entonces él empieza a hablar del temblor y de lo fuerte que estuvo y del epicentro y lo único que uno quiere es volver a ponerse la cuestión, pero el hombre no para y uno como que empieza a chorearse, porque si vas con audífonos, escuchando música con actitud indiferente y mirando por la ventana, ¿no es evidente que no tienes ganas de hablar con nadie?

lunes, 16 de febrero de 2015

Hoy

Si existiera la palabra, diría que hoy fue un día exsaustivante.

Mi gato

Una vez tuvimos un gato. Una amiga de mis papás tenía varios y nos regaló uno. Le pusimos Percibal Phillip McGregor. No era feo, pero tampoco lindo. Digamos que era común y corriente, pero mis hermanas y yo lo queríamos harto. En fin. Pasó el tiempo y nos dimos cuenta de que el gato no era gato, si no gata, porque estaba preñada. Le cambiamos el nombre. Le pusimos Percibel Parió ocho gatitos a los pies de la cama de mi hermana. Los regalamos todos. Un día mi mamá se aburrió de la gata. Se aburrió porque le traía diferentes tipos de bichos muertos casi todos los días. Así que una vez en que viajamos a ver a mi abuela paterna a Parral, mi mamá agarró a la gata y se la llevó de regalo. Nunca más la volvimos a ver.

sábado, 14 de febrero de 2015

Mi perro

Mi hermana y yo recogimos un perrito cuando eramos adolescentes. Lo  encontramos abandonado al fondo de la parcela. Le pusimos Miki. Era negro con la punta de la cola negra y muy pequeño. Le hicimos una cama en nuestro dormitorio, porque era demasiado chico para dejarlo afuera. En la noche, poníamos un plato grande de leche al lado del lugar donde dormía. El Miki se salía de la caja cada cierto tiempo y tomaba. Tomaba tanta, que quedaba como una bola y no se podía parar, porque rodaba como una pelota. Entonces mi hermana y yo nos turnábamos para meterlo en la caja de nuevo. Eso no era nada de desagradable comparado con levantarte en la mañana y poner el pié en un charquito de orina o sobre un montoncito de caca. Cuando salíamos a caminar, lo llevábamos en una mochila. Lo tratábamos como a una guagua. Era muy regalón el perro ese. Y creció. Alcanzamos a tenerlo como por un año, porque mi mamá se aburrió de que le rompiera las plantas y le hiciera hoyos en el jardín. Así que lo regalaron. Se lo regalaron a un tío que vivía en una caja de fósforos. Como el patio era tan pequeño, el Miki se empezó a poner bravo y terminaron amarrándolo. No pasó mucho tiempo antes de que lo sacrificaran.

viernes, 13 de febrero de 2015

Pláticas

Acompañé a mi abuelita varias veces a sus controles en el consultorio o en el hospital. Como muchos sabemos, las esperas en cualquiera de los dos lugares son largas. Entonces sucedía. No sé cómo comenzaba, pero mi abuelita siempre terminaba conversando con alguien. Yo vengo por cual o tal motivo, yo tuve lo mismo, a mi me atiende tal profesional. Así escuché muchas historias. Hubo una de una mujer que contaba que había estado embarazada y que a los cinco meses, el embarazo parecía de nueve. Pasó que el feto tenía un tumor en la cabeza. Eso era lo  que hacía que diera la impresión de que estaba a punto de parir. Finalmente el tumor llegó a ser tan grande, que aplastó la cabeza del bebé y murió.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Un par de interrogantes

¿Cuándo llegará el día en que deje de hacerme preguntas estúpidas? ¿Cuándo dejaré de ser tan hueona?

Series

La única serie que había seguido hasta ahora, así, capitulo por capitulo, era Heroes. "Save the cheerleader, save the world". Pero me la cortaron. Ahora mis hijos están viendo The Walking Dead y quisieron que las vea con ellos. Así que estoy metida en un apocalipsis zombie, viendo todas las temporadas que no he visto, pasando susto, teniendo pesadillas y acostándome a esta hora. ¿Qué tal?

martes, 10 de febrero de 2015

Corazón

No sé muy bien como explicarlo. Los llamaban "dramas". Habían varios. Máquinas, Manos y otros que no recuerdo. Pero el más impactante, al menos para mi, era Corazón. Una mujer convence a un hombre para que éste le entregue su corazón. El hombre lo piensa, lo duda, tiene miedo, pero finalmente y con mucho cuidado lo saca de su pecho y se lo entrega. Apenas la mujer lo tiene en sus manos, comienza a jugar con el, lanzándolo hacia arriba y amenazando con dejarlo caer. Cosa que finalmente hace, saliendo de la escena, no sin antes pisotear bien pisoteado el corazón del hombre. Este se arrodilla frente a el, llora casi a gritos y comienza a juntar los trozos que la mujer dejó reventados en el suelo. No recuerdo más. En este drama, actuaban mi papá y mi mamá. Cada vez que lo veía, cada vez que miraba a mi papá, de rodillas, llorando y recogiendo lo que había quedado de aquello que arrancó de su pecho con tanto temor, con tanto amor, para regalárselo a alguien que terminó destrozándolo, sentía un dolor tan profundo que llega a ser inexplicable. No exagero. Entonces me prometí no hacer eso nunca con nadie y esperé que nadie lo hiciera nunca conmigo. Pero lo hicieron. Entonces, ¿podremos escribir una nueva historia?, ¿una historia diferente?, ¿puedo?, ¿puede?.

domingo, 8 de febrero de 2015

Solamente dos frases

Tanto tiempo busqué, pero al fin te encontré. No quiero mas nada, solo conocerte mas.

Niñita

Me hubiese gustado tener otro hijo. Me hubiese gustado que fuese una niña. Tal vez si me duerno con la fantasía en mente, logre al menos soñarlo. Buenas noches.

sábado, 7 de febrero de 2015

Canción

La Misión envió a mi papá a hacer unos cursos de perfeccionamiento en la Universidad de las Naciones, en Kona, Hawaii. Vivimos siente meses en el Campus. Había, dentro del mismo Campus, una escuela para los hijos de los estudiantes. Ahí fue donde aprendimos inglés y en donde estudiamos por esos siete meses. No recuerdo muchas de las cosas que aprendimos ahí. Pero hubo una canción que nos enseñó uno de los nativos de la isla en su idioma natal. No se qué es lo que dice la canción, pero me la se de memoria. Supongo que todas las palabras están pronunciadas de manera correcta. Me encantaría conocer a alguien que pudiera traducirmela. Lo intenté por mi cuenta, pero me fue mal. Acá se las dejo, por si alguien entiende algo...



jueves, 5 de febrero de 2015

Bebé

La verdad es que más que ir a visitar a mi hermana ayer, fui a ver a mi sobrino. Ya está entrando en la etapa en que comienzan a balbucear, se ponen el chupete y agarran su mamadera. Hermoso pequeño. 



La menor

Hoy estuvimos de visita en el departamento de mi hermana chica. Esta vez me aventuré con mis críos en el Transantiago. Metro y micro. Todo salió mejor de lo que lo esperábamos, así que vamos progresando. En fin. Entre conversación y conversación, recordamos algo que ocurría cuando eramos chicas. Aparte de hacer nuestras camas y preocuparnos de nuestra ropa sucia, cada una de las tres, tenía ciertas labores que debía cumplir en la casa. Mi hermana del medio, era la encargada de la cocina, (incluido cocinar) y de limpiar el baño. A mi me tocaba preocuparme del living comedor, (incluido encerar) y el planchado. Y mi hermana chica. ¿De qué estaba encargada mi hermana chica? Lo único que ella tenía que hacer, era ir a botar la basura en los contenedores que el aseo pasaba a recoger un par de días a la semana. Y lo odiaba. Era la única cosa que tenía que hacer y era un escándalo todos los santos días. Como la experiencia le era tan desagradable, trató de encontrar una manera de sentirse mejor al tener que ir al fondo del sitio y tirar las bolsas en lo contenedores. Y he aquí lo que se le ocurrió. Se le ocurrió ir "con el pelo largo". La cuestión es que mi hermana tenía una melena. Y una corta. Entonces que hacía. Se ponía un beatle en la cabeza, con el cuello como cintillo y el resto de la prenda cayendole por la espalda. Ese era su pelo largo. El pelo largo para ir a botar la basura. El pelo largo que la hacía olvidar lo mucho que odiaba cargar esas bolsas. Lo más absurdo de todo, es que ella realmente creía que la gente que la miraba, no veía que tenía un beatle puesto en la cabeza. No, lo que ellos veían era eso. Una larga cabellera negra. Raro, por decir lo menos, ¿o no?.

martes, 3 de febrero de 2015

Scotch

Pasa. Nos sentamos en la cocina, frente a frente. Tomamos un café. Hablamos del trabajo, de las vacaciones y del tiempo que pasará con los niños. Cuatro años y un poco más, separados. Diez años de matrimonio. Un año de pololeo. Un año de amistad. Y nos miramos. Y hablamos. Y entre nosotros no hay nada. Ni vacío, ni abismo, ni distancia. Nada. Es como con los casets, cuando los cabezales estaban sucios y la cinta se enredaba y quedaba un nudo y tenías que cortar el nudo y pegar un extremo de la cinta con el otro extremo. Y de la mitad de una canción, te saltabas a la mitad de otra. Es como eso. Como que cortamos quince años de nuestras vidas y las volvimos a pegar entre una amistad y otra. Si, así es.

lunes, 2 de febrero de 2015

Guatona

Entonces, fue así como sucedió. Por más que le hice el quite, finalmente tuve que salir de todos modos. La fecha para pagar ese par de cuentas ya había vencido y no quedaba otra. Entonces le pedí a mi primo que me explicara bien lo de la micro, las paradas y las estaciones de metro. No fue tan difícil, después de todo. Resultó que los lugares a los que tenía que ir, quedaban relativamente cerca y los paraderos y las estaciones de metro, también. Cuando ya venía de vuelta, bajé a Unión Latino Americana. Esperé el tren. Subí en el primer carro y me paré al lado de la puerta. Entonces un caballero me miró y le dijo a un joven que iba sentado "joven, ¿por qué no le da el asiento a la señora, que está embarazada?".  Aun no se como tomarme lo sucedido. Lo que sí sé, es que me hubiera gustado que fuera cierto.

domingo, 1 de febrero de 2015

¿Por qué?

No me acuerdo de casi nada, pero sé que me causó una gran impresión. Lo leí en un libro de castellano cuando era chica. No se si era un relato, un cuento, un extracto, no tengo idea. Se trataba de un grupo de niños, un curso en un colegio. Puede ser que hayan vivido en otro planeta o que las condiciones climáticas en la tierra hubiesen cambiado drásticamente. La cuestión es que el sol salía una vez cada muchos años. Los niños jugaban en la sala de clases esperando el momento. Había una niña que no se por qué motivo, terminó encerrada en un armario. Cuando por fin salió el sol, todos abandonaron la sala de clases para jugar en el patio. Fue un día hermoso. Al entrar, ya en la tarde, recordaron a la niña en el armario. Se había quedado ahí, encerrada, sin poder disfrutar de aquel día. Tal vez el único día de sol que iba a haber en su vida.