Hoy me acordé de los Thunderbirds, la serie de marionetas que deban cuando era chica. La veía en la casa de mi abuelita con el hermano menor de mi mamá. No sé si la serie era en colores o no, porque la tele que teníamos era en blanco y negro. Nos sentábamos en el sillón negro de imitación cuero, con tachuelas doradas y patas de madera. '¡Thunderbird uno!, ¡thunderbird dos!', hasta los cinco, creo. Me encantaba la serie. Y a mi tío igual. El problema era que la daban más o menos a la hora de once, si mal no recuerdo. Entonces nosotros queríamos seguir viéndola y mi abuelita quería que nos sentáramos a tomar té. Mi abuelita servía las tazas en la cocina y sabía qué tan simple, que tan cargado y que tan dulce le gustaba a cada uno. Eso como dato adicional. Aparte de los Thunderbirds, que era mi favorita, vi varias otras series con mi tío. Stingray, The Muppets Show, Perdidos en el Espacio, donde salía ese robot con los brazos de manguera de aspiradora que gritaba ¡peligro!, ¡peligro!, cuando iba a pasar algo malo. También vimos películas. La que mas recuerdo fue Godzilla, porque me dio miedo. A pesar de lo falso que se veía todo, me dio miedo. Los domingos veíamos ese programa Creaciones, creo que se llamaba. Otro de animales y uno del Circo Ruso de Moscú, en el que un día apareció Marcel Marceau. He hablado varias veces de la casa de mi abuelita, he contado hartas cosas, pero no sé si he logrado decir lo que quiero decir exactamente. Y es que es difícil tratar de describir un ambiente, una atmósfera que se genera en torno a ciertas cosas. En este caso, a la casa de mi abuelita. Al vliving, al comedor, a su cocina. Tal vez podría acercarme un poco a la sensación que los recuerdos de ese tiempo me provocan, diciendo que la casa estaba viva. Que las personas que vivíamos ahí, la llenábamos con nuestras almas y le dábamos una a ella. Las risas, las discusiones, la música, mis primos pequeños, los cumpleaños, las navidades, los años nuevos. Las noches en las que despertaba frente a la ventana que daba hacia la Alameda, mirando la luz verde de la Mutual de Seguridad...
Si, era en colores y eran cinco
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