jueves, 9 de abril de 2015

Son las veinte horas con veintiún minutos

Si, no puedo decir que tengo el asunto de Dios resuelto. No sé si creo o no creo, si está ahí, si no está ahí o si simplemente estoy enojada con él y nada más. Sea como sea, hay momentos de desesperación en los que no se que hacer y recurro a una canción que aprendí cuando era pequeña. Generalmente la canto cuando tengo miedo, especialmente por las noches. Bien despacito, como si le estuviera contando un secreto a alguien que es inmensamente mas grande que yo.


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