lunes, 27 de abril de 2015

Circulos, cuadrados y una exclamación

Tengo un horno semi industrial. Tiene dos bandejas de un metro por un metro. La idea al comprarlo era comenzar con un pequeño negocio, pero por una serie de circunstancias de las que no voy a hablar hoy, no lo hice. Lo ocupo de vez en cuando, de todas maneras, para hacer pan, galletas, empanadas, granola, pizza. A mi hijo menor le gustan las celebraciones. Celebremos que salimos de vacaciones, celebremos que entramos a clases, celebremos que llueve, celebremos que no llueve. Hoy celebramos que esta semana que comienza es corta y que estamos en la ruina, así que vamos a comer porotos, lentejas y garbanzos hasta fin de mes. Entonces, para 'festejar', nos gastamos los pocos pesos que nos quedaban para hacer pizzas, ya que legumbres hay para tirar para arriba.  La idea de la pizza fue del pequeño, porque le encanta. El problema es que le encanta redonda y a mi me sale siempre cuadrada. O sea, me salía, hasta hoy. Después de harto pelear con la masa, eso si, resultaron los círculos. Quedaron casi perfectas. Al verlas, nadie se imaginaría que es la primera vez que las hago así. Hice tres y con la masa que sobró, salió un pan. Lo único un poco desagradable de todo el proceso fue que mi hijo es de esos niños que siempre te están pisando la cola, '¿está listo?', '¿cuánto te falta?', '¿ya las metiste al horno?', '¿ya vamos a comer?'. En un momento fue tanto, que lo tuve que mandar a freír monos al Africa, como decía mi abuelita. Entonces, en la paz de mi cocina y preparando todo para la 'celebración', me di a pasear de un pensamiento a otro. Y me acordé de una cosa. En el Colegio Adventista de Porvenir, todos los miércoles nos llevaban a la iglesia que estaba en el frontis de la escuela. Ahí se realizaba un devocional especial. En ese devocional y cada cierto tiempo, una alumna pasaba al púlpito con su guitarra y cantaba alguna canción. Hubo una que cantó más de una vez que, ahora pienso, es una de las canciones más manipuladoras que he escuchado en la historia de mi vida. Se trata de un niño que se llama Pedrito. Pedrito comienza a ir a la iglesia y se hace amigo de otro niño que, en el tema, no tiene nombre. Pedrito, un sábado, falta a la reunión. El amigo, preocupado por su inasistencia, piensa ir a su casa a visitarlo para preguntarle por qué faltó. Pero, por distintas razones, deja pasar los días y no va. Así por varios sábados. Finalmente y después de algunas semanas, el amigo va a visitar a Pedrito. Cuando llega a su casa, la madre de Pedrito sale a la puerta y cuando el niño le pregunta por su hijo, ella contesta 'no, mi Pedrito no está, mi Pedrito se fue, mi Pedrito murió'. Pero ¡qué chucha!. 





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