viernes, 3 de abril de 2015

Allá en la fuente

El año en que mi mamá estuvo enferma, a mi hermana menor la pusieron en el jardín. Jardín Melodía, se llamaba. Quedaba cerca de la casa y uno de los buenos recuerdos que tiene de ese tiempo, me cuenta, es que mi papá la iba a dejar todos los días y le compraba un yogurt Gold. Mi hermana, la del medio, y yo, íbamos al Colegio Adventista de Porvenir, en la jornada de la tarde. El jardín infantil tenía un transporte escolar y por ser hermanas de una de las alumnas, aceptaron trasladarnos. Como eramos las que vivíamos más cerca del preescolar, nos pasaban a dejar siempre de las últimas. El chofer del furgón era joven. Debe haber tenido unos veinte años. Le gustaba el rock latino, en especial Los Prisioneros. Cuando se bajaban la mayoría de los niños, yo me acostaba en el último asiento y miraba las luminarias de las calles de Santiago, escuchando la música y pensando en quién sabe que cosas. El tío del furgón era gracioso. Siempre andaba de buen ánimo. Le gustaba contar chistes y a veces nos asustaba soltando el volante por una fracción de segundo. A nosotras nos gustaba mucho el transporte y a mi hermana le gustaba mucho su jardín. Sobre todo aprender canciones. Hay una que aun recordamos, se llama 'Allá en la Fuente'. Se las dejo por si alguien tiene niños pequeños y se la quiere enseñar. Es bien sencilla.

  

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