De todos los lugares que he visitado en mi vida, el que recuerdo con más cariño es Hawaii. Mi papá fue enviado a Kona, a hacer un curso de comunicaciones en la Universidad de las Naciones, entidad que pertenece a la misma organización misionera en la que participaba. Vivimos siete meses en la isla. El lugar es hermoso. El clima, perfecto. La gente siempre relajada. Vivir ahí, era como estar eternamente de vacaciones. El primer trimestre, mis hermanas y yo asistimos a una escuela que hay en el campus, que es para los hijos de los misioneros que viven y estudian ahí. Las actividades terminaban temprano y el resto de la tarde era libre. En el Campus el día comenzaba a las seis de la mañana. El desayuno se servía desde las seis y media a siete y media. Las clases comenzaban a las ocho y se hacía un receso para almorzar desde las doce y media, hasta la una y media. Volvíamos a clases a las dos y salíamos a las cuatro. Desde las cuatro y media hasta las cinco y media, servían la cena y de ahí a la playa a nadar o a mirar a los surfistas, a la piscina, a patinar o a caminar descalzos por el centro. Todo era ideal. Las clases eran entretenidas. ¿Se imaginan lo que es a hacer clases de educación física a la playa?. Una vez nos llevaron a hacer cliff jumping. Teníamos que saltar al mar desde una altura de ocho metros. Llegamos al lugar y yo ni me asomé al borde. Me saqué la ropa, no le dije nada a nadie y me tiré. Creo que es como una de las cosas más arriesgadas que he hecho. O sea, no fue nada tan espectacular tampoco. Pero lo hice, aunque estaba muy asustada. Y eso le dio un valor especial. Otra vez fuimos a ver los túneles de lava que hay en distintos lugares de la isla. Algunos mas pequeños, otros más grandes. También estuvimos cerca del Kilauea, el volcán. Es impresionante. Me acuerdo que un par de veces se sintieron algo así como los temblores de acá. Pero estos eran diferentes. Y es que el ruido y la sacudida provenían desde el centro de la tierra. No se cómo explicarlo, pero daba miedo. El segundo trimestre entramos a la escuela pública. la Konawaena High School. Fue difícil el cambio. El lugar era enorme. Además, en ese tiempo, era una de las escuelas con mayor indice de violencia en los Estados Unidos. Y el sistema, igual como sale en las películas. Las clases, cada materia, era un edificio distinto. Cada curso, una sala y cada nivel una letra. No se si me explico. La verdad es que creo que nunca entendí como funcionaba el asunto. Solo me aprendí las salas de memoria y nunca jamás me moví de ese entorno. No me junté con nadie durante las primeras semanas. Me sentaba sola en el comedor al desayuno y al almuerzo. La verdad es que me cagaba de miedo. Me re cagaba de miedo. Pero el miedo se fue pasando y de a poco me fui acercando a un grupo que hablaba español. Y me hice amiga de dos niñas. Eran mexicanas. De entrada no fue tan fácil, porque cuando me preguntaron de que parte de México era y les dije que era chilena, que no era mexicana, querían pegarme. ¿Cómo no vas a ser mexicana si hablar español?, ¿acaso reniegas de tu nacionalidad?. Gracias a un primo al que le preguntaron y el les dijo que yo era de otra parte y eso, no me salvé. Tiempo después me enteré de que lo mexicanos eran uno de los grupos mas temidos en al escuela, porque eran de los más violentos. Así que ahí me quedé. Aprendí muchas cosas acerca de la isla durante los meses que vivimos ahí, que ya no recuerdo. Una palabra si no se me ha olvidado aun, 'mele kailikimaka', que quiere decir feliz navidad. ¿Cómo se dirá buenas noches?...
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