Entré a trabajar al CEP el año noventa y siete, como recepcionista. Tenía veintiún años. El día que comencé, era tres de diciembre, día de la secretaria. Como yo venía recién llegando, no recibí ni flores ni bombones, pero si puede participar en un desayuno que habían preparado especialmente para ellas. Las oficinas del centro, estaban ubicadas en Monseñor Sótero Sanz 175, en una casa de esas antiguas, grandes y típicas de Providencia, por lo que en la cocina había espacio suficiente para un comedor de diario. En ese tiempo, no sé como lo harán ahora, no marcábamos tarjeta ni poníamos la huella digital en ninguna parte. Firmábamos un libro, por lo que llegabamos un poco antes de las nueve, que era la hora de entrada, y tomabamos desayuno ahí relajadamente. A la hora de almuerzo, de dos a tres, nos entregaban unos vales para ir a almorzar a un casino que quedaba en Orrego Luco. Volvíamos caminando, también relajadamente, por la costanera y a las seis terminaba la jornada laboral. Podíamos tomar café o té durante todo el día. Nos daban la ropa de trabajo, que nosotras mismas podíamos elegir en cualquier tienda. Además teníamos todo el mes de Febrero de vacaciones, porque el Centro cerraba durante ese tiempo. En la recepción trabajaba con un compañero un poco mayor que yo. Era una de esas personas que te dan confianza de entrada, con las que no tienes problemas para conversar, que son sencillas y con las que te ríes, te ríes y te ríes. Nos hicimos buenos amigos. Me encantaba trabajar ahí. Era el lugar perfecto, decían algunos. La mayoria de los investigadores eran bastante relajados, salvo un par que después se hicieron 'famosos'. Lo único desagradable era el jefe de personal. Un chupamedias cualquiera y además, un fresco. Si yo hubiese sido más viva en ese tiempo, lo habría denunciado por acoso, pero no lo hice, porque en ese tiempo no me daba cuenta de que lo era. Cuando habia conferencias, mi compañero y yo, teníamos que quedarnos hasta que terminaran. Para no aburrirnos, nos pasábamos el rato comiendo canapés y tomando pisco sour. Total, después me mandaban en taxi para la casa. En esas conferencias, charlas y en las reuniones de directorio, estuve cerca de mucha gente 'importante'. Una de esas personas, fue Francis Fuckuyama. Vino a Chile a dar una conferencia, no sé si organizada por el centro, pero mi compañero y yo estuvimos ahí. Lo que más recuerdo es que nos cansamos de comer galletas de mantequilla y que conocí a una chica taiwanesa con la que nos llevamos muy bien durante esos días. De la conferencia, no supe de qué trató hasta que después que terminó, tuve que transcribirla. Si me preguntan ahora si es que recuerdo algo, nada, cero. Dejé de trabajar en el CEP el año dos mil dos. El año en el que nació mi hijo mayor. Mucha gente me dijo que estaba cometiendo un gran error, pero hasta el día de hoy no me arrepiento de haberlo hecho, ni creo que lo haga nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario