domingo, 5 de abril de 2015

Varios

Mi tía y mi tío son profesores en dos colegios bastante conocidos en Santiago. Mi tía es profesora de Educación General Básica y mi tío es profesor de Computación, aunque originalmente estudió para ser profesor de lo que ahora se llama Artes Visuales. En su casa hay algunos cuadros que pintó mientras estudiaba y aún tiene su equipo para revelar fotografías. Me hubiese gustado dedicarme al arte, me dijo hoy, mientras comentaba que otra de mis tías le había pedido unos retratos, pero el arte no paga, concluyó. Hubo un tiempo en que los visitábamos harto, mi hermana del medio y yo. Cuando vivían en el paradero siete de Pajaritos. Fue un tiempo en el que yo no tenía permiso para salir sola, porque se me había ocurrido andar haciendo 'cosas de grandes' y mis papás se enteraron. Como mi religión no me lo permitía y yo lo había hecho igual, me sometieron a una serie de castigos, entre los que estaba ese. No podía salir sola a ninguna parte, excepto a la casa de estos tíos. En ese tiempo, ellos no estaban 'en el evangelio', así que eran bastante más permisivos que mis papás, por lo que yo me quedaba en su casa bastante seguido. Era ahí donde yo llegaba borracha después de que salía del instituto. Una vez se enojaron conmigo, porque volví muy tarde y en condiciones deplorables. Además había dejado tirado en el Parque O'Higgins, al tipo con el que andaba. Pero es que se durmió y no había manera de despertarlo. Pasaba la hora y yo tenía que caminar hasta Alameda para tomar la micro. Le grite, lo zamareé, lo cachetee y no despertó, así que lo dejé botado. Pero no le pasó nada. O sea, le robaron el bolso, pero llegó bien a clases al otro día. Bien sin tomar en cuenta la flor de caña que llevaba. A partir de entonces prefirieron que tomara en la casa. A veces tomábamos juntos. Piscola generalmente. Tenían una lámpara de esas que se pueden bajar. La poníamos cerca de la mesa, sacábamos las cartas, los puchos y hacíamos casino, así le decíamos. Y es que con el humo, el olor a pisco, la luz baja y las cartas, el comedor se veía prácticamente igual a uno de esos antros clandestinos que salen en la tele. Pero no toda era joda. Como todos los profesores, mis tíos se llevaban trabajo para la casa. Mi tía me pidió algunas veces que la ayudara a corregir pruebas. En una ocasión le escribí las listas de alumnos en el libro de clases, porque las quería en letra imprenta y a ella no le sale. Este fin semana me quedé en su casa y como aun estoy con reposo relativo, hoy andaba medio aburrida. Así que me preguntó si tenía ganas de corregir pruebas. De comprensión de lectura y matemáticas de segundo básico, le corregí. No sabes el favor que me hiciste, me dijo.

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