jueves, 16 de abril de 2015

Son las cero horas con treinta minutos

Nunca se sabe que decir, al final. Nunca se sabe. Nunca se sabe nada. Y cansa. Y agota. Y tal vez debería dejar de seguir intentándolo. Tal vez debería enmudecer, sencillamente. Tal vez debería dejar de seguir queriendo entrar por una puerta cerrada. O Tal vez basta de tal vez. Basta de volver a caer y caer. Basta de volver a intentar una y otra vez. Basta de querer ser la luna. Basta de querer mirar al sol sin quemarme los ojos. Basta.

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