sábado, 18 de abril de 2015

Estimado/a

Tengo una caja llena de cartas. Nunca las he contado, pero son muchas. Hoy la abrí buscando especialmente una , antigua, del año noventa y siete. Era una carta que recibí cuando 'viví' EJE. Se que la primera regla del EJE, es que no se habla de lo que se vive en el EJE, igual que la primera regla del Club de la Pelea. Pero creo que ni en ese tiempo ni ahora, la regla se ha respetado. La cuestión es que se le pedía a los padres, generalmente, que consiguieran que los amigos de la persona que estaba en el retiro, le escribieran cartas resaltando las virtudes que ella tenía. Andaba buscando un dato específico en la que abrí. La leí y me di cuenta de que había encontrado mucho más de lo que buscaba. Entonces fui abriendo las otras. Y a medida que las iba leyendo, más se me apretaba el pecho. Se me hizo un nudo en la garganta. Y es que, a pesar de que obviamente la intención era que esos amigos resaltaran mis virtudes, muchos de ellos, si no todos, fueron más allá. Fue como leer un diario de vida, de mi vida, pero escrito por otros. Recordé cosas que habían quedado atrás hace mucho tiempo, cosas buenas. La parte que a menudo uno olvida, el lado dulce que hay dentro de cada uno de nosotros. Una persona sincera y verdadera, eran las palabras que más se repetían, entre muchas otras. Palabras que describían una parte de mi que había olvidado, por estar siempre enfocando en lo malo, en lo oscuro, en lo feo. Y lloré. Lloré harto, como en un funeral. Lloré por el tiempo en que esa mitad hermosa de mi ha estado muerta. Y después me reí, porque esa misma mitad comienza de nuevo a respirar, a vivir. Les escribo la presente, entonces, para que no se olviden de ese lado dulce que también tienen dentro de ustedes y así puedan alegrarse conmigo.
Atentamente,

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