lunes, 13 de abril de 2015

Un ejemplo a seguir

Otra de las razones por las que dejé de tomar con mis compañeros del instituto, fue porque una amiga me contó un poco acerca de ciertas experiencias 'de mal gusto' que había tenido, por causa de extralimitarse con el alcohol. Algunas habían sido hasta peligrosas. Como  la vez en que un tipo con el que andaba, trató de meterla debajo de un camión para aprovecharse de ella. O de la vez en que otro tipo con el que andaba, la metió a un Motel, para lo mismo que el anterior, pero que, gracias a Dios, estaba lleno. También me contó que una vez estaba tan borracha, que apenas veía, literalmente. Que pasó un joven al que le preguntó la hora. El sujeto, después de responder a su pregunta, le contó que estaba haciendo el servicio militar, que estaba de franco y luego le  ofreció acompañarla a caminar, 'para que se le pasara' lo ebria que estaba. Aparte de eso, lo único que mi amiga  recordaba, era que en un momento se estaban besando en el dintel de una puerta de alguna casa de Cumming. Y así, varias otras cosas. Cuando le pregunté que qué tenía que ver el trago con su comportamiento tan poco serio, y además peligroso, me explico que lo que pasaba era que cuando tomaba 'se le soltaban las trenzas'. Tanto fue así, que en el lugar en el que estudiaba, entre sus amigos, compañeros y demases, se comenzó a correr la voz de que 'con un par de cervezas la tenían lista'. Cuando la situación llegó a ese punto, mi amiga decidió cortar con el asunto y volverse abstemia, por lo menos por un buen par de años. Cuando, después de ese tiempo, volvió a beber, nunca más lo hizo con ningún hombre que no fuera de su total y absoluta confianza. Lo bueno, si es que había algo bueno y digno de rescatar en todo su relato, (aparte de su decisión de cambiar), era que ella, al igual que yo, provenía de una familia cristiana, así que las cosas nunca pasaron a mayores entre su persona y los sujetos con los que se involucraba. Al menos no tanto. Después de semejante historia, me proyecté a futuro y decidí que no quería llegar a lo mismo, así que, gracias a haber conocido su experiencia, decidí seguir su ejemplo. Me volví abstemia y bueno...

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