Hoy estuvimos de visita en el departamento de mi hermana chica. Esta vez me aventuré con mis críos en el Transantiago. Metro y micro. Todo salió mejor de lo que lo esperábamos, así que vamos progresando. En fin. Entre conversación y conversación, recordamos algo que ocurría cuando eramos chicas. Aparte de hacer nuestras camas y preocuparnos de nuestra ropa sucia, cada una de las tres, tenía ciertas labores que debía cumplir en la casa. Mi hermana del medio, era la encargada de la cocina, (incluido cocinar) y de limpiar el baño. A mi me tocaba preocuparme del living comedor, (incluido encerar) y el planchado. Y mi hermana chica. ¿De qué estaba encargada mi hermana chica? Lo único que ella tenía que hacer, era ir a botar la basura en los contenedores que el aseo pasaba a recoger un par de días a la semana. Y lo odiaba. Era la única cosa que tenía que hacer y era un escándalo todos los santos días. Como la experiencia le era tan desagradable, trató de encontrar una manera de sentirse mejor al tener que ir al fondo del sitio y tirar las bolsas en lo contenedores. Y he aquí lo que se le ocurrió. Se le ocurrió ir "con el pelo largo". La cuestión es que mi hermana tenía una melena. Y una corta. Entonces que hacía. Se ponía un beatle en la cabeza, con el cuello como cintillo y el resto de la prenda cayendole por la espalda. Ese era su pelo largo. El pelo largo para ir a botar la basura. El pelo largo que la hacía olvidar lo mucho que odiaba cargar esas bolsas. Lo más absurdo de todo, es que ella realmente creía que la gente que la miraba, no veía que tenía un beatle puesto en la cabeza. No, lo que ellos veían era eso. Una larga cabellera negra. Raro, por decir lo menos, ¿o no?.
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