Pasa. Nos sentamos en la cocina, frente a frente. Tomamos un café. Hablamos del trabajo, de las vacaciones y del tiempo que pasará con los niños. Cuatro años y un poco más, separados. Diez años de matrimonio. Un año de pololeo. Un año de amistad. Y nos miramos. Y hablamos. Y entre nosotros no hay nada. Ni vacío, ni abismo, ni distancia. Nada. Es como con los casets, cuando los cabezales estaban sucios y la cinta se enredaba y quedaba un nudo y tenías que cortar el nudo y pegar un extremo de la cinta con el otro extremo. Y de la mitad de una canción, te saltabas a la mitad de otra. Es como eso. Como que cortamos quince años de nuestras vidas y las volvimos a pegar entre una amistad y otra. Si, así es.
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