Es lenta la recuperación. Esta es la tercera vez que se me tuerce una tripa. No tiene que ver con lo que coma o lo que no coma. Simplemente se tuerce y ese trozo torcido, se muere. Esta es la segunda vez que la tripa torcida, además, estaba perforada. No se si tiene mucho sentido escribir acerca de esto, pero como ya comencé, mejor que lo termine no mas. Me dio un poco de pena cuando me di cuenta de lo grande que es esta nueva cicatriz. Es más larga que las otras. Después pensé que en realidad ya da lo mismo. Ya qué, como dicen mis hijos. Además hubo algo nuevo. Me pusieron corchetes en vez de puntos y lo divertido es que se sacan con un saca corchetes, igual que con los que se corchetea el papel. Y lo bueno es que no duele y no deja tantas marcas. Que risa. Me leo y me aburro. Pero esto es una anécdota y me gusta contar anécdotas, aunque sean fomes, como ésta. En fin. Pasado mañana se cumplen dos semanas desde que todo comenzó. Y yo que le había echado la culpa a la María Antonieta. Ni me imaginaba que iba a terminar así, en el hospital con operación y todo. Que lata es estar en el hospital. No hay manera de acomodarse en esos colchones. Un amigo me llevó unas revistas, pero no hubo caso. No pude leer ni una página. No quedó otra que pasar una semana mirando el techo y jugando con los botones de la cama. Y eso. O sea, muchas otras cosas, pero para qué más detalles. Además me dio un poco de sueño. Que pasen una buena noche. Yo voy a ver si logro acomodarme esperando que no me despierte otra tormenta eléctrica como la de anoche.
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