Soy la primera sobrina de los hermanos de la familia de mi mamá, por lo que fui la regalona por un par de años. Me cuentan que, como mis tíos me estimularon desde guagua, aprendí a caminar a los nueve meses y hablaba bastante cuando tenía un año. No se si será cierto, pero bueno, eso es lo que me cuentan. Había una de mis tías que no se casó hasta que yo era un poco más grande y para la que yo era como una hija. Las cinco reclaman lo mismo, en todo caso, pero ahora voy a hablar de esta. Ya dije que a las mujeres de mi familia nos gusta cantar. Pero a esta tía le gusta tanto y canta tan bien, que incluso llegó a ser parte del Coro Polifónico de la Catedral Metodista Pentecostal. Recuerdo haberla acompañado varias veces a sus ensayos y verla usar una especie de túnica amarilla con un cuello azul, si no me equivoco. Una vez que regresábamos de un ensayo, hacía tanto frío y yo andaba tan de verano, que tuvo que envolverme en ella. Además recuerdo que ese mismo día, había toque de queda y faltaba poco para que se cumpliera a la hora en que salimos de la Iglesia. Corrimos, corrimos mucho. Yo en sus brazos envuelta en la túnica que se me caía a cada rato y ella de la mano de mi tío, que nos había ido a buscar. Mi tía siempre estaba practicando para sus presentaciones. Cantaba muchas canciones, pero hay una que no se me ha olvidado, porque la cantaba tanto que incluso una vez llegué a soñar con ella. Era de Roxana. La letra decía en el coro 'siento alegría en mi alma al verme subiendo, con los salvados de Cristo a su Mansión'. En el sueño, yo escuchaba a mi tía cantando. Su voz venía desde arriba. Yo levantaba la vista y veía los pies de miles de personas que flotaban en el aire, subiendo a la Mansión de Cristo. Interesante. Ahora que estoy leyendo esto mientras lo escribo, me doy cuenta que me quedé abajo. No me voy a poner a tratar de descifrar el sueño a esta hora, en todo caso, para dilucidar cual habrá sido el motivo por el cual no subí. Pero la cuestión a la que quería llegar, era a una canción de cuna que mi tía me cantaba todas las noches en las que me hizo dormir. Una canción tan triste, que cuando se la canté un par de veces a mi hijo mayor, que tenía como dos años, me pidió que no volviera a hacerlo, porque le daba mucha pena. Y decía así 'coco guagua, coco guagua, cocorococo. Cuando era pequeña su mamá se fue y ella muy solita se quedó y hoy está sentada en un rincón, cantando esta canción. Coco guagua, coco guagua, cocorococo'. Se las voy a cantar, pero una sola vez, para que no se depriman...
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