Me gusta viajar de noche. No sé si siempre que está oscuro es de noche, pero bueno. Me gusta viajar así, a media luz. Ver los focos de los automóviles que vienen en sentido contrario, las luminarias y, si el cielo está despejado, mirar estrellas y luna. Hoy cuando mi bus salió desde Quilpué a Santiago, ya eran cerca de las siete y media. Así que me vine en penumbras. No tengo muy claro qué es lo que me gusta, o por qué, mejor dicho. Solo sé que desde chica me produce una sensación agradable, como si fuera algo que se asemeja a un secreto. Creo que es parecido a lo que sentía al meterme en el closet de la casa de mi abuelita, en el segundo piso, lejos de la bulla, con las puertas cerradas y a plena oscuridad. Me metía ahí y me quedaba hasta que, justo cuando comenzaba a darme sueño, me pillaban y me sacaban retandome, porque decían que se me iba a acabar el oxígeno. Hoy miraba por la ventana, escuchaba música y pensaba en eso, mientras venía en camino. En un momento también me acordé de que tenía la maleta en el maletero, así que me cambié el reloj de muñeca, para que no se me olvidara. Se me ha quedado en el bus varias veces. Todo iba bien hasta que me bajé y tomé el metro hasta Los Héroes. Mi hermana iba a recogerme en un lugar que hasta ahora no sé cuál es. O sea, me perdí, para variar. Lo que hice, finalmente, fue quedarme parada en una esquina esperando a que mi cuñado llegara a buscarme, mientras mi hermana estacionaba el auto por ahí cerca. Llegamos a la casa como a las diez y media. Estuve conversando con mi hermana hasta hace poco y luego me vine a escribir esto. Pero antes me puse a buscar algo en mi bolso y encontré el pasaje de regreso a Quilpué. Cinco mil pesos me salieron ida y vuelta. Estaban en promoción. Hablando de pasajes, ayer mientras revisaba unos libros de Freud que eran del tío Carlos y que estoy tratando de vender, (creo que voy a tener que vender hasta el alma para pagar la cuenta del hospital), encontré algo que me emocionó...
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