martes, 26 de mayo de 2015

Si el versiculo fuera cierto...

El nombre de mi bisabuela era Zoila Rosa. Vino del campo a vivir a Santiago. Tengo algunos recuerdos de ella. Algunos de cuando era bastante pequeña y otros ya de más grande. Uno de los recuerdos más lejanos, es el de una comida en su casa. Mi abuelita me contaba que a pesar de que mi bisabuela era evangelica, siempre celebraba su santo. Para ello, hacía una comida especial a la que invitaba a varias personas. Ya de más grande, me acuerdo que se teñía las canas de lila, como la mayoría de las mujeres de edad de esa época. También me acuerdo de su peinado, un tomate bien apretado al estilo pentecostal. Era una mujer grande y maciza, bastante seria. No era muy cariñosa, pero tenía un gran corazón. Siempre estaba ayudando al prójimo. De hecho fue ella junto a mi abuelita, la que comenzó la campaña para construir el templo de la Clase Zelada de la Iglesia Metodista Pentecostal. Ellas dos, junto a las Hermanas Dorcas, se preocuparon de organizar eventos y con lo que recaudaron, compraron el terreno y construyeron la iglesia. Mi abuelita fue la tesorera de las Dorcas por varios años, hasta alrededor de sus cuarenta, por lo que me ha dicho mi mamá. Cada cierto tiempo tenía que pasar al pulpito a dar cuenta del estado financiero de la clase y en otras ocasiones se le pedía que diera la palabra. La Clase Zelada es la clase a la que me llevaba todos los domingos cuando era chica. A pesar de que estaba la escuela dominical para los niños, yo siempre me sentaba con ella. Y es que me gustaba cuando pasaba a dar las gracias, gracias a Dios por la vida, por la salud y por las cosas buenas que habían sucedido en la semana. Yo nunca pasé a dar las gracias. Una, porque me daba verguenza,  y otra porque las cosas por las que yo hubiese dado gracias, parecían ser un poco tontas.












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