Mientras mi tío estudiaba en el Pedagógico, él y yo pasábamos bastante tiempo juntos. El fue la primera persona que me preguntó en qué estaba pensando. Yo debo haber tenido unos seis años, pero aun recuerdo el momento. Le contesté que no pensaba en nada. Fue entonces cuando él me reveló el gran secreto. 'No puedes no estar pensando, uno siempre está pensando en algo', me contestó. Hubiese preferido que la gran revelación hubiese sido un misterio por mucho más tiempo, porque desde entonces me he obsesionado con la idea. Además la palabra 'siempre' debió haber sido un 'generalmente', así hoy contaría con la opción de no estar pesando, por lo menos en algunos momentos. Durante esa misma época, me habló sobre la personalidad y el carácter. Creo que lo que me comentó fue que uno nacía con una personalidad definida y que durante los primeros cinco o seis años, se formaba el carácter. Me da la impresión que su intención fue contribuir en la formación del mío. Eso explicaría algunas de sus preguntas, como esa de en qué estás pensando, y un par de otras cosas. Me explicaba sus pinturas, por ejemplo. Porque en ese tiempo pintaba. Pintaba zombies. Decía que los seres humanos eramos como zombies, que eramos muertos vivos, y que en nuestro interior estábamos solos. Me hizo ver The Wall, para darme un mejor ejemplo de lo mismo. No quiero que olvides lo que ha sucedido en el tiempo de la dictadura, no quiero que lo olvides nunca, me dijo una vez. Ahora vas a ver lo que este gobierno hace con sus presos políticos. Y me mostró un video en donde torturaban a un hombre en una 'parrilla'. Lo mismo sucedió cuando apareció en el diario lo de los muertos de Pisagua. Aunque en ese tiempo yo ya era mayor, me impresionó de la misma manera. Aun tengo la imagen de la portada grabada en la mente. Pero no todo era negro en la vida de mi tío, ni en las cosas de las que hablábamos. Un día me contó que iba a clases. Subió a la micro y pagó su pasaje. Miró el vuelto y se dio cuenta de que le faltaban cincuenta pesos. Le alegó al chofer, pero este le contestó que se los había dado. No me los dio, contestó mi tío levantando la voz y llamando así la atención de los poco pasajeros que iban en el bus. Que si se los di, contestó también subiendo la voz el chofer. Y así comenzaron a discutir acaloradamente, hasta que mi tío metió la mano en el monedero y le dijo al conductor '¿sabis que más?, aquí están mis cincuenta pesos'. Los sacó, se los mostró y se fue a sentar. Un buen rato después de haberse ido a sentar, comenzó a hacer memoria y cayó en cuenta de que en realidad el hombre sí le había entregado los cincuenta pesos de vuelto. Entonces, como buen cristiano, se paró y fue a devolvérselos, sin antes pedirle perdón. Un 'andate a la chucha', fue todo lo que recibió como respuesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario