domingo, 31 de mayo de 2015

Coco guagua

Soy la primera sobrina de los hermanos de la familia de mi mamá, por lo que fui la regalona por un par de años. Me cuentan que, como mis tíos me estimularon desde guagua, aprendí a caminar a los nueve meses y hablaba bastante cuando tenía un año. No se si será cierto, pero bueno, eso es lo que me cuentan. Había una de mis tías que no se casó hasta que yo era un poco más grande y para la que yo era como una hija. Las cinco reclaman lo mismo, en todo caso, pero ahora voy a hablar de esta.  Ya dije que a las mujeres de mi familia nos gusta cantar. Pero a esta tía le gusta tanto y canta tan bien, que incluso llegó a ser parte del Coro Polifónico de la Catedral Metodista Pentecostal. Recuerdo haberla acompañado varias veces a sus ensayos y verla usar una especie de túnica amarilla con un cuello azul, si no me equivoco. Una vez que regresábamos de un ensayo, hacía tanto frío y yo andaba tan de verano, que tuvo que envolverme en ella. Además recuerdo que ese mismo día, había toque de queda y faltaba poco para que se cumpliera a la hora en que salimos de la Iglesia. Corrimos, corrimos mucho. Yo en sus brazos envuelta en la túnica que se me caía a cada rato y ella de la mano de mi tío, que nos había ido a buscar. Mi tía siempre estaba practicando para sus presentaciones. Cantaba muchas canciones, pero hay una que no se me ha olvidado, porque la cantaba tanto que incluso una vez llegué a soñar con ella. Era de Roxana. La letra decía en el coro 'siento alegría en mi alma al verme subiendo, con los salvados de Cristo a su Mansión'. En el sueño, yo escuchaba a mi tía cantando. Su voz venía desde arriba. Yo levantaba la vista y veía los pies de miles de personas que flotaban en el aire, subiendo a la Mansión de Cristo. Interesante. Ahora que estoy leyendo esto mientras lo escribo, me doy cuenta que me quedé abajo. No me voy a poner a tratar de descifrar el sueño a esta hora, en todo caso, para dilucidar cual habrá sido el motivo por el cual no subí. Pero la cuestión a la que quería llegar, era a una canción de cuna que mi tía me cantaba todas las noches en las que me hizo dormir. Una canción tan triste, que cuando se la canté un par de veces a mi hijo mayor, que tenía como dos años, me pidió que no volviera a hacerlo, porque le daba mucha pena. Y decía así 'coco guagua, coco guagua, cocorococo. Cuando era pequeña su mamá se fue y ella muy solita se quedó y hoy está sentada en un rincón, cantando esta canción. Coco guagua, coco guagua, cocorococo'. Se las voy a cantar, pero una sola vez, para que no se depriman...








Vodka naranja. Eso no mas les digo...

viernes, 29 de mayo de 2015

Un sueño de lo mas extraño

Después de almuerzo me acosté a dormir una siesta y tuve un sueño de lo mas extraño. Tenía un bebé en los brazos de unos tres meses de edad que estaba vestido con uno de esos ajuares de lana. Era un niño. El niño se transformaba luego en un gato blanco, bastante grande y muy peludo. Estábamos en una habitación, en un segundo piso. De pronto aparecían mi sobrina y mi sobrino preparándose para una cena vegana a la que los habían invitado. Mi sobrina llevaba un vestido que le quedaba evidentemente grande. Mi sobrino quería ponerse pantalones de pitillo. Como no tenía, yo bajaba a una especie de feria persa, para ver si podía encontrar un par y comprárselos. La feria cambiaba hasta llegar a ser un Mall del futuro. Todo era blanco y luminoso. La gente que transitaba por el, también iba vestida de blanco. De a poco, el Mall fue convirtiéndose en un hospital psiquiátrico. Yo llevaba puesta una bata blanca y frente a mi se encontraba nada menos que Martín Vargas. Si, Martín Vargas y con camisa de fuerza. De pronto, un enfermero trataba de acercarse a él como para tranquilizarlo y Martín comenzaba a sacarse la camisa. Lo último que recuerdo es haber estado gritando ¡vamos Martín!, ¡vamos!, cuando desperté. Al hacerlo, pensé un poco en el sueño y concluí que fue producto de los garbanzos que almorcé. No hay otra explicación.
Conocí a un gringo una vez en un bar. Comenzamos a conversar animosamente. Pasados unos veinte minutos le dije, I want you to know that this is as far as you're goning to get with me. So you have to decide if you want us just to keep talking, or if you want to pass to the next girl to see if you can get what you might be really looking for. Y él passed on to another girl...

jueves, 28 de mayo de 2015

Tragicomedia

Es diferente cuando estás de ese lado
Cuando eres parte de ese número
Cuando sabes que ellos saben

Es diferente cuando es definitivo
Cuando la salida es una entrada
Cuando te quedas solo

No hay explicaciones
No hay escape
No hay salud


Entre parentesis




miércoles, 27 de mayo de 2015

Falló la cuerda

Teníamos una amiga norteamericana que vivió con nosotros un par de años. Compartíamos habitación. Para mi, ella era como una hermana grande. Me enseñó muchas cosas, sobretodo el como preocuparse por los demás. Aparte de eso, me enseñó varias recetas que hasta el día de hoy recuerdo. Nos gustaba cuando mis papás salían y nos quedábamos solas, preparábamos cabritas y veíamos películas que arrendaba en en Blockbuster. Una vez sus padres vinieron a visitarnos y se encariñaron harto con mis hermanas y conmigo. Cuando viajamos a USA, nos invitaron a pasar la navidad con ellos. El veinticuatro de diciembre de la navidad en estados unidos es un día muerto. En la noche se hace una comida sencilla y se espera hasta la mañana siguiente para entregar los regalos. Así lo hicimos en esa navidad. Al otro día todos despertamos temprano y fuimos a abrir nuestros presentes. Me recibí varios, pero el que más me gustó, fue una cajita de música que tocaba claro de luna de Beethoven. Hace un tiempo, mi hijo menor estaba jugando con ella y me la echó a perder. La mandé a arreglar, pero la única forma de hacerlo, es cambiándole la música. Pensar que estuvo intacta por veintitrés años...
Estaba la calavera sentada en su butaca, viene la muerte y le dice 'comadre, ¿por qué estás tan flaca?'.

martes, 26 de mayo de 2015

Si el versiculo fuera cierto...

El nombre de mi bisabuela era Zoila Rosa. Vino del campo a vivir a Santiago. Tengo algunos recuerdos de ella. Algunos de cuando era bastante pequeña y otros ya de más grande. Uno de los recuerdos más lejanos, es el de una comida en su casa. Mi abuelita me contaba que a pesar de que mi bisabuela era evangelica, siempre celebraba su santo. Para ello, hacía una comida especial a la que invitaba a varias personas. Ya de más grande, me acuerdo que se teñía las canas de lila, como la mayoría de las mujeres de edad de esa época. También me acuerdo de su peinado, un tomate bien apretado al estilo pentecostal. Era una mujer grande y maciza, bastante seria. No era muy cariñosa, pero tenía un gran corazón. Siempre estaba ayudando al prójimo. De hecho fue ella junto a mi abuelita, la que comenzó la campaña para construir el templo de la Clase Zelada de la Iglesia Metodista Pentecostal. Ellas dos, junto a las Hermanas Dorcas, se preocuparon de organizar eventos y con lo que recaudaron, compraron el terreno y construyeron la iglesia. Mi abuelita fue la tesorera de las Dorcas por varios años, hasta alrededor de sus cuarenta, por lo que me ha dicho mi mamá. Cada cierto tiempo tenía que pasar al pulpito a dar cuenta del estado financiero de la clase y en otras ocasiones se le pedía que diera la palabra. La Clase Zelada es la clase a la que me llevaba todos los domingos cuando era chica. A pesar de que estaba la escuela dominical para los niños, yo siempre me sentaba con ella. Y es que me gustaba cuando pasaba a dar las gracias, gracias a Dios por la vida, por la salud y por las cosas buenas que habían sucedido en la semana. Yo nunca pasé a dar las gracias. Una, porque me daba verguenza,  y otra porque las cosas por las que yo hubiese dado gracias, parecían ser un poco tontas.












Recorcholis y sambombas, solía también decir mi padre...
Creo que ese fue el día en el que me enamoré del sol. No sé si uno puede guardar recuerdos de cuando es tan pequeño, pero estoy segura de tener grabada la sensación del sol en mi cabeza cuando me tomaron esa foto.  



lunes, 25 de mayo de 2015

Lo que más me gustaba de cuando iba al colegio, era cuando no iba. Esos días en los que llovía torrencialmente y el paso bajo nivel de Lo Espejo se inundaba y no había manera de llegar a Gran Avenida. Mi mamá que dejaba la estufa a parafina encendida toda la noche, para que no nos diera frío. Despertar sobresaltadas pensando que nos habíamos quedado dormidas y que nos dijera que no, que ese día no iríamos a clases. Acomodarnos en la cama y seguir durmiendo. Eso era lo que mas me gustaba.

domingo, 24 de mayo de 2015

Cuento




En el año mil novecientos ochenta y tres, cuando entré a segundo básico, tenía siete años. Me pidieron unas fotos para el libro y para la tarjeta con la que se retiraba a los alumnos a la salida de clases. Me metieron en una de esas cabinas a las que le ponías unas monedas y te sacaban de a cuatro fotos. En las primeras que me tomaron salía sonriendo, pero no me gustaron, porque se me había salido un diente y se me veía el hueco del diente que faltaba. Ese era el tiempo en el que me cortaban bien corto el pelo. Lo que pasaba es que cada vez que me peinaban, lloraba porque como lo tenía crespo, costaba para que me lo desenredaran. Recuerdo que siempre decía que, cuando fuera grande, no me iba a peinar nunca. Y no lo hago. Solamente me desenredo el pelo con el bálsamo cuando me baño y listo. Las fotos eran para el Instituto Anglo Chileno. Siempre hablo de lo mal que lo pasé en ese colegio, pero nunca he dicho por qué. Mi profesora me hizo pasar verguenza varias veces delante de todos mis compañeros. Me paraba frente al curso y decía cualquier cosa que sabía me pondría en ridículo. Eso sucedió varias veces. Lo peor es que no se por qué estúpida razón, lo que yo más quería era caerle en gracia. Y hacía varias cosas para lograrlo. Pero ella siempre se burlaba y me hacía sentir mal. No entiendo cómo un adulto puede ensañarse hasta ese punto con un niño, solamente por causa de una religión. Tampoco entiendo que a mis treinta y ocho años, recordarlo siga haciendo que, en la garganta, se me vuelva a hacer un nudo.








Tres deseos

No quiero tener que irme. Quiero poder quedarme. Quiero también tal vez, un pequeño lugar en ese espacio.  

sábado, 23 de mayo de 2015

Se acabó la pila del reloj de la cocina. En este momento son las diez horas con diez minutos.

viernes, 22 de mayo de 2015

Días de hambre

El menú en la Misión estaba compuesto, generalmente, por preparaciones a base de avena y harina de soya. Las raciones de comida eran bastante escualidas. No se si esto era por la falta de presupuesto o por la idea de que la comunidad viviera de una manera más austera. Lo que sí sé, es que era la razón por la que todos estábamos bajo peso. Adicionalmente, todos los viernes eran días de ayuno. Comenzaban al amanecer y terminaban al atardecer con una 'cena de amor'. No sé cuál era la idea de estas cenas, sinceramente. Menos la de los ayunos. Los jóvenes estudiantes ya pasaban hambre suficiente como para que, más encima, los hicieran ayunar. Además, el líder de la organización siempre daba un discurso antes de comer. Discursos que duraban hasta media hora, mientras la pobre gente tenía los platos servidos frente a ellos, sin poder probarlos y viendo como se les enfriaban. Y no solamente los adultos, los niños también estábamos incluidos. El hambre fue solamente una de las penurias que mi familia y yo sufrimos durante los diecisiete años que vivimos en la Misión. Francamente, aun no entiendo cual fue el propósito de haber pasado por todo eso. Francamente, aun no entiendo por qué mierda lo hicimos.

jueves, 21 de mayo de 2015

En el Jardín Infantil

Mis papás tuvieron problemas matrimoniales desde que se casaron. Justo en el tiempo en que pasaban por su peor momento, conocieron a una misionera neozelandesa que los invitó a un seminario para matrimonios. Después de ese seminario, mi papá decidió que quería unirse a la organización a la que ésta neozelandesa representaba. El año en el que mi familia se unió a la Misión, fue el ochenta y uno. Yo tenía cinco años y mi hermana del medio, dos. La tercera aun no nacía. Las clases de la Escuela de Evangelismo, se desarrollaban durante gran parte del día. Algunos estudiantes se turnaban para cuidar a los niños más pequeños, pero los que estábamos en edad de hacerlo, íbamos al jardín. No estoy muy segura, pero creo que mi papá era el que me llevaba todos los días, en una bicicleta. Tengo tres recuerdos del tiempo en que estuve en ese jardín. El primero es que ahí fue la primera vez que canté 'que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva' y funcionó. Se puso a llover a cántaros. El segundo es que en ese lugar aprendí a escribir ma me mi mo mu. El tercero es que, al comienzo, cada vez que llegaba, mis compañeros comenzaban a gritar mi apodo '¡Ita!, ¡Ita!, ¡Ita!'. A mi me daba verguenza y me ponía a llorar. Eso pasó varias veces, hasta que me di cuenta de que lo hacían solamente para que llorara, así que decidí no volver a hacerlo, para que dejaran de molestarme. Y dejaron de molestarme. Y yo estaba contenta, porque la idea se me había ocurrido a mi solita.
Estoy toda rasguñada. La Chiharu lleva cinco días en la casa y estoy toda rasguñada. Las manos y las piernas, sobretodo. Pero no me importa. Nunca pensé que me iba a volver a preocupar tanto un gato. Tanto como para dejarlo vivir en mi dormitorio, por ejemplo.



 

12 de julio de 1996

Mis papás estaban de viaje cuando cumplí diecinueve años. Mis hermanas tampoco estaban conmigo, no recuerdo por qué motivos. Les pedí a mis tíos que me prestaran su casa para celebrarlos. Invité a algunos amigos y les dije a cada uno que trajera algo para tomar, algo con alcohol. La idea era tomar toda la noche. Solamente tomar y bailar. Mis tíos, con mucha más experiencia que yo en asuntos de celebraciones, me sugirieron que hubiese algo para comer. Yo no había bebido mucho hasta ese día, así que no entendí el por qué de la recomendación, pero acepté. Hicieron sandwiches de lomito, no recuerdo con qué, pero eran de lomito. Mis amigos llegaron temprano. Juntamos las botellas y comenzó la fiesta. Lo que más había era pisco, de ese Limarí. Nunca me gustó el pisco, así que no sé diferenciar entre uno bueno y uno malo, pero ese era tan asqueroso, que hasta yo me di cuenta. Peor fue cuando se acabó la bebida y empezamos a tomar solo. Recuerdo el sabor y casi me dan nauseas. A medida que fueron pasando las horas fui perdiendo la conciencia y, junto con ella, la compostura. Hoy, los únicos recuerdos que tengo, son solamente de las primeras horas. Después de ellas, todo se vuelve confuso. Felices diecinueve años...


miércoles, 20 de mayo de 2015

Me cargaba esa frase 'el pensé que y el creí que son parientes del tonteque', porque yo siempre creí que y pensé que. De hecho, aun lo hago.

Cincuenta pesos

Mientras mi tío estudiaba en el Pedagógico, él y yo pasábamos bastante tiempo juntos. El fue la primera persona que me preguntó en qué estaba pensando. Yo debo haber tenido unos seis años, pero aun recuerdo el momento. Le contesté que no pensaba en nada. Fue entonces cuando él me reveló el gran secreto. 'No puedes no estar pensando, uno siempre está pensando en algo', me contestó. Hubiese preferido que la gran revelación hubiese sido un misterio por mucho más tiempo, porque desde entonces me he obsesionado con la idea. Además la palabra 'siempre' debió haber sido un 'generalmente', así hoy contaría con la opción de no estar pesando, por lo menos en algunos momentos. Durante esa misma época, me habló sobre la personalidad y el carácter. Creo que lo que me comentó fue que uno nacía con una personalidad definida y que durante los primeros cinco o seis años, se formaba el carácter. Me da la impresión que su intención fue contribuir en la formación del mío. Eso explicaría algunas de sus preguntas, como esa de en qué estás pensando, y un par de otras cosas. Me explicaba sus pinturas, por ejemplo. Porque en ese tiempo pintaba. Pintaba zombies. Decía que los seres humanos eramos como zombies, que eramos muertos vivos, y que en nuestro interior estábamos solos. Me hizo ver The Wall, para darme un mejor ejemplo de lo mismo. No quiero que olvides lo que ha sucedido en el tiempo de la dictadura, no quiero que lo olvides nunca, me dijo una vez. Ahora vas a ver lo que este gobierno hace con sus presos políticos. Y me mostró un video en donde torturaban a un hombre en una 'parrilla'. Lo mismo sucedió cuando apareció en el diario lo de los muertos de Pisagua. Aunque en ese tiempo yo ya era mayor, me impresionó de la misma manera. Aun tengo la imagen de la portada grabada en la mente. Pero no todo era negro en la vida de mi tío, ni en las cosas de las que hablábamos. Un día me contó que iba a clases. Subió a la micro y pagó su pasaje. Miró el vuelto y se dio cuenta de que le faltaban cincuenta pesos. Le alegó al chofer, pero este le contestó que se los había dado. No me los dio, contestó mi tío levantando la voz y llamando así la atención de los poco pasajeros que iban en el bus. Que si se los di, contestó también subiendo la voz el chofer. Y así comenzaron a discutir acaloradamente, hasta que mi tío metió la mano en el monedero y le dijo al conductor '¿sabis que más?, aquí están mis cincuenta pesos'. Los sacó, se los mostró y se fue a sentar. Un buen rato después de haberse ido a sentar, comenzó a hacer memoria y cayó en cuenta de que en realidad el hombre sí le había entregado los cincuenta pesos de vuelto. Entonces, como buen cristiano, se paró y fue a devolvérselos, sin antes pedirle perdón. Un 'andate a la chucha', fue todo lo que recibió como respuesta.

martes, 19 de mayo de 2015

Quizás la gente que va a esos lugares a bailar, tiene miedo al ridículo, por eso bailan todos igual. No es que yo no tenga miedo al ridículo, pero lo que siento cuando escucho la música y dejo que ella me mueva, sobrepasa a ese miedo. Así que, ahora que lo pienso mejor, da lo mismo si no me sacan. Mejor sola que mal acompañada, dijo la picada.

Era mi tema a los 'seventeen'


lunes, 18 de mayo de 2015

¿Y por qué a mi no?

En las pocas fiestas en las que estuve cuando era adolescente, nunca me sacaron a bailar. Lo que era muy frustrante no solamente por el hecho de que me quedaba con las ganas, sino también porque me sentía de alguna manera menos que las otras. Cuando conocí a mi ex marido, salimos varias veces como amigos y después como matrimonio, pero creo que eso no cuenta. Después de que nos separamos, he salido con una amiga, pero la historia se ha repetido y he terminado bailando siempre con ella. No entiendo por qué es que se da esa situación. No bailo mal. Puede que sea un poco efusiva, pero no bailo mal. Bueno, también soy un poco estrambótica, pero no demasiado. Tal vez sea porque soy muy mayor, no se. Porque en los lugares a los que hemos ido, (el Playa y La Piedra Feliz), hay de todo. Quien sabe si algún día las cosas cambien. Lo único que lamentaría, eso sí, es morirme sin haber bailado un lento.
Un día mi hermana chica llegó del colegio después de una clase de lenguaje. Nos contó que habían estado revisando la puntuación. Nunca aprendí ninguna de las reglas ortográficas, así que no escribo muy bien. En fin. La cuestión es que le dieron como ejemplo dos frases que nunca he olvidado, porque me causaron mucha gracia 'se venden chalecos para caballeros de lana' y ' ¡cuidado!, guardias y perros armados'

Pena

No se que me dio por llorar. Sollozos cortos en cualquier momento del día. Especialmente cuando salgo a caminar y voy escuchando una lista de reproducción específica. Hace tiempo que no me pasaba. Lo malo es que no quiero asumir el o los motivos. Cuesta hacer eso a veces. Entonces me quedo ahí, en el sollozo. Lo mas seguro es que pronto se venga el llanto propiamente tal. Habrá que encontrar el tiempo y el lugar para soltarlo.

domingo, 17 de mayo de 2015





Chiharu es como un bebé regalón. Le gusta que la haga dormir en brazos y que después la acueste. Si no lo hago, me sigue por toda la casa llorando como una guagua. En que lío me metí...

sábado, 16 de mayo de 2015

Chiharu

Sakura fue el nombre de una pequeña gata que tuvimos hace varios años. Chiharu es el nombre de la pequeña gata que está con nosotros desde ayer. Chiharu quiere decir algo como 'mil primaveras' o 'mil días de sol' en japones y, da la casualidad, que es el nombre de la hermana gemela de Sakura, en el anime de Naruto. Como dije antes, decidí traerla debido a la insistencia de mis hijos. Pero, como suele suceder, resulta que estoy siendo yo la que está haciéndose cargo de ella. Anoche durmió conmigo y estoy viendo que hoy va a ocurrir lo mismo. Así que me estoy encariñando con ella y por lo visto ella conmigo, si me ha seguido todo el día. Ahora, por ejemplo, la tengo sentada en mi regazo... 



Celo

'Cinta de celulosa o plástico, adhesiva por uno de sus lados, que se emplea para pegar'

viernes, 15 de mayo de 2015

Tres frases

Me quedaron dando vueltas esas tres frases. Y pasó el tiempo. Y las cosas cambiaron. Comenzaron a cambiar, mejor dicho. Y seguirán cambiando, espero. Es como cuando uno deja de escuchar y comienza a oír. Sí, es como eso. Y es que de un momento a otro todo ha empezado a volver a su lugar. Todo se ha ido ordenando o reordenando. Tengo que decir que me frustra un poco esto, no poder decir lo que en realidad quiero decir. Es que me freno. No dejo que las frases fluyan. Es incluso así cuando hablo de algo que me importa. Estoy más preocupada de la forma que del fondo. El fondo de lo que quiero decir ahora, es que desde que mi papá habló conmigo en el hospital, después de que pasó el tiempo y las ideas fueron decantando, ha sido como ir despertando. No significa que he logrado resolver mi vida ni mucho menos. No sé. Es solo que siento que he ido viendo cosas que siempre han estado frente a mis ojos, pero tan cerca que me ha sido imposible ser objetiva. Siento que he podido tomar distancia y reconocer que si, que tengo que ceder más que un centímetro de mi libertad. Que debo hacerme responsable de más de un par de cosas. Que es hora de asumir que el tiempo pasó y que uno creció por fuera y que es hora, también, de crecer por dentro. Y hay una serie de acciones que tomar para poner en marcha ese crecimiento. Espero no irme al otro extremo, como suele suceder. En definitiva, no quiero abandonar mi esencia, pero si quiero abandonar mi inmadurez. 

jueves, 14 de mayo de 2015

Escuchando la radio Imagina mientras cocinàbamos. En eso la frase de un escritor renombrado, 'en el mundo hay cosas que es mejor no saber'. Eh, ¿sin comentarios?

miércoles, 13 de mayo de 2015

Igual que doña disparate, me 'ecovico siempre`...
¿Por què la mano izquierda es roja y la mano derecha es azul?

Pullman Bus

Me gusta viajar de noche. No sé si siempre que está oscuro es de noche, pero bueno. Me gusta viajar así, a media luz. Ver los focos de los automóviles que vienen en sentido contrario, las luminarias y, si el cielo está despejado, mirar estrellas y luna. Hoy cuando mi bus salió desde Quilpué a Santiago, ya eran cerca de las siete y media. Así que me vine en penumbras. No tengo muy claro qué es lo que me gusta, o por qué, mejor dicho. Solo sé que desde chica me produce una sensación agradable, como si fuera algo que se asemeja a un secreto. Creo que es parecido a lo que sentía al meterme en el closet de la casa de mi abuelita, en el segundo piso, lejos de la bulla, con las puertas cerradas y a plena oscuridad. Me metía ahí y me quedaba hasta que, justo cuando comenzaba a darme sueño, me pillaban y me sacaban retandome, porque decían que se me iba a acabar el oxígeno. Hoy miraba por la ventana, escuchaba música y pensaba en eso, mientras venía en camino. En un momento también me acordé de que tenía la maleta en el maletero, así que me cambié el reloj de muñeca, para que no se me olvidara. Se me ha quedado en el bus varias veces.  Todo iba bien hasta que me bajé y tomé el metro hasta Los Héroes. Mi hermana iba a recogerme en un lugar que hasta ahora no sé cuál es. O sea, me perdí, para variar. Lo que hice, finalmente, fue quedarme parada en una esquina esperando a que mi cuñado llegara a buscarme, mientras mi hermana estacionaba el auto por ahí cerca. Llegamos a la casa como a las diez y media. Estuve conversando con mi hermana hasta hace poco y luego me vine a escribir esto. Pero antes me puse a buscar algo en mi bolso y encontré el pasaje de regreso a Quilpué. Cinco mil pesos me salieron ida y vuelta. Estaban en promoción. Hablando de pasajes, ayer mientras revisaba unos libros de Freud que eran del tío Carlos y que estoy tratando de vender, (creo que voy a tener que vender hasta el alma para pagar la cuenta del hospital), encontré algo que me emocionó...



martes, 12 de mayo de 2015

La familia de mi papá, también es evangélica. Tengo un tío, uno con el que eramos compañeros de trabajo, con el que salía a almorzar a la hora de colación. En ese tiempo estaba casado. Cada vez que íbamos por la calle y miraba a una mujer que le gustaba me decía '¡oh!, caí en tentación'. Debo agregar que tenía por costumbre 'caer en tentación'.

Gatita

Mañana viajo a Santiago. ¿A qué?, a buscar un gato. Y yo que dije hace poco que no quería ni perro ni gato. Pero mi hijo menor ha insistido tanto, que finalmente cedí. No es que esté muy entusiasmada con la idea, pero si se me ocurrió que tal vez sirva para que deje un poco de lado la consola. Así que voy a buscar un gato. Una gata en realidad, una gata pequeña. Vamos a ver cómo nos va con la nueva integrante de la familia.

lunes, 11 de mayo de 2015


Hablando de canciones para hacer dormir a mis hijos



Piktor

Soy una persona ignorante. No sé si mucho o poco, pero lo soy. Muchas veces me siento tonta, por lo mismo, pero hoy me di cuenta de que hay algo de bueno en ello. Tengo más de qué asombrarme de lo que tiene una persona con mayores conocimientos que yo. Hoy, por ejemplo, mientras lavaba los platos después del almuerzo del día de la madre, pensaba en los primeros días que pasé con mi hijo mayor. El comienzo de mi maternidad. Me acordé de cuando lo hacía dormir y de las canciones que le cantaba. Se varias, sobretodo canciones que aprendí en la Escuela Dominical. Pero había una que era la que mas le cantaba. Fábula, de Eros Ramazzotti. Es una canción sencilla que aprendí cuando era adolescente y que siempre me ha gustado. La canté un rato mientras seguí con la loza. Pero me faltaron algunas frases, así que cuando terminé con lo que hacía, me vine al computador a buscar la letra. Mientras revolvía la web, llegué a un sitio en el que se comentaba que el tema de Ramazzotti, era una adaptación que hizo de La Metamorfosis de Piktor, del escritor Hermann Hesse. Lo único que conozco, o conocía de Hesse, era una de sus frases más citadas 'quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mi, ¿por qué me iba a ser tan difícil?'. Así que busqué el texto de la metamorfosis y lo leí. No puedo decir si el autor es bueno o malo. No cuento con el criterio para hacerlo. Solo puedo decir que sentí como si me quitara las palabras de la boca. Y es que lo más importante que espero en la vida y que he estado tratando de expresar desde hace mucho tiempo, está expresado ahí. Todo está ahí. Aquí les dejo el texto, a ver si a través de el, me doy a entender. Buenas noches.

La Metamorfosis de Piktor

El joven Piktor ha entrado en el Paraíso y se encuentra frente a un árbol que es a la vez hombre y mujer. Con veneración lo mira y le pregunta: “¿Eres tú acaso el Árbol de la Vida?” Pero cuando, en lugar del árbol, le responde la Serpiente, Piktor se vuelve para continuar su camino. Contempla todo con atención y todo le encanta en el Paraíso. Claramente presiente que se halla en el origen, en la fuente de la vida. Ve otro árbol, que es ahora al mismo tiempo Sol y Luna. Y Piktor le pregunta: “¿Eres acaso tú el Árbol de la Vida?” El Sol lo confirmó riendo; la Luna, con una sonrisa. Flores maravillosas le contemplaron, flores de variados colores, flores que tenían ojos y caras. Algunas reían ampliamente, otras casquivanas; algunas ni se movían ni reían, permanecían mudas, ebrias, hundidas en sí mismas, envueltas en su propio perfume, como sofocadas. Una flor le cantó la canción de las lilas; otra, una canción de cuna azul oscura. Una flor tenía los ojos como un zafiro duro; otra le recordó su primer amor; otra, el color del jardín de su niñez, la voz de su madre y su perfume. Esta se rió, aquélla le sacó la lengua, una lengüita curva, rosada, que se le aproximó. Piktor extendió la suya para tocarla. Le encontró un sabor agrio y salvaje, a racimo y a miel y también como al beso de una mujer. Aquí, entre todas estas flores, Piktor se sintió henchido de nostalgia y temeroso. Su corazón latió fuerte, como una campana, quemándose, tendiendo hacia algo desconocido. Piktor vio ahora un pájaro reclinado en el pasto, refulgiendo de tal suerte que parecía poseer todos los colores. Y Piktor le preguntó: - ¡Oh pájaro! ¿Dónde se encuentra la felicidad?- ¿La felicidad? Se encuentra en todas partes: en la montaña y en el valle, en la flor y en el cristal.El pájaro sacudió alegre sus plumas, movió el cuello, agitó la cola, guiñó un ojo y se quedó inmóvil sobre el pasto. Repentinamente se había transformado en una flor, las plumas eran hojas, las patas raíces. Piktor lo contempló maravillado. Pero casi enseguida, la flor-pájaro movió sus hojas; se había cansado de ser flor y ya no tenía más raíces. Proyectándose lánguidamente hacia arriba, se transformaba en mariposa, meciéndose sin peso, toda luz. Piktor se maravillaba aún más. El alegre pájaro-flor-mariposa voló en círculos en torno de él, brillando como el sol; se deslizó hacia la tierra y, como un copo de nieve, quedóse allí, junto a los pies de Piktor. Respiró, tembló un poco con sus alas luminosas y, de inmediato, se transformó en cristal, de cuyos cantos irradiaba una luz rojiza. Maravillosamente brilló entre la hierba, como campanas que tocan para una fiesta. Así brilló la joya. Mas parecía ya que su fin se acercaba, que la tierra la atraía, y la piedra preciosa fue disminuyendo con rapidez, como si quisiera hundirse bajo la hierba. Entonces Piktor, llevado por un deseo imperioso, tomó la joya entre sus manos y la retuvo. Con fervor miró su luz mágica; traspasaba su corazón una añoranza por todas las venturas. Fue en ese instante que de la rama de un árbol muerto se deslizó la Serpiente y le susurró al oído: “La joya se transforma en lo que tú quieras. Comunícale rápido tu deseo, antes que sea tarde”. Piktor temió perder la oportunidad de alcanzar su felicidad. Con premura dijo la secreta palabra. Y se transformó en un árbol. Porque árbol era lo que Piktor siempre había añorado ser. Porque los árboles están llenos de calma, fuerza y dignidad. Creció hundiendo sus raíces en la tierra y extendiendo su copa hacia el cielo. Hojas y ramas nuevas surgieron de su tronco. Era feliz con ello. Sus raíces sedientas absorbieron el agua de la tierra, mientras las hojas se mecían en el azul del cielo. Insectos vivían en su corteza y a sus pies se cobijaron las liebres y el puerco espín. En el Paraíso, alrededor suyo, la mayoría de los seres y las cosas se transformaban en la corriente hechizada de las metamorfosis. Vio fieras que se cambiaron en piedras preciosas o que partieron volando como pájaros radiantes. Junto a sí, varios árboles desaparecieron de improviso; se habían vuelto vertientes; uno se hizo cocodrilo, otro se fue nadando, lleno de gozo, transformado en pez. Nuevas formas, nuevos juegos. Elefantes trasmutaron sus vestidos en rocas, jirafas se convirtieron en monstruosas flores. Pero él, el Árbol-Piktor, siempre se quedó igual; no podía transformarse más. Desde que se dio cuenta de ello, desapareció su felicidad y, poco a poco, comenzó a envejecer, tomando el aspecto cansado, serio y ausente que se puede observar en muchos árboles antiguos. También los caballos y los pájaros, también los seres humanos y todas aquellas criaturas que han perdido el don de la renovación, se descomponen con el tiempo, pierden su belleza, se llenan de tristeza y preocupación. Una vez, una niña muy joven se perdió en el Paraíso. Su pelo era rubio y su traje, azul. Cantando y bailando, llegó junto al Árbol-Piktor. Más de un mono inteligente se rió destemplado detrás de ella; más de un arbusto le rozó el cuerpo con sus ramas; más de un árbol le arrojó una flor o una manzana, sin que ella lo notase. Y cuando el Árbol-Piktor vio a la niña, fue presa de una desconocida nostalgia, de un inmenso deseo de felicidad. Sentía como si su propia sangre le gritara: “¡Reflexiona, recuerda hoy toda tu vida, descubre su sentido! Si no lo haces, será ya tarde y nunca más vendrá la felicidad.” Y Piktor obedeció. Recordó su pasado, sus años de hombre, su partida hacia el Paraíso y, en especial, aquel momento que precedió a su transformación en árbol, aquel maravilloso instante cuando aprisionara la joya mágica entre sus manos. En aquel entonces, como todas las metamorfosis le eran posibles, la vida latía poderosamente dentro de él. Se acordó del pájaro que había reído y del árbol Sol y Luna. Le pareció descubrir que entonces olvidó algo, dejó de hacer alguna cosa y que el consejo de la Serpiente le había sido fatal. La niña escuchó el ulular de las hojas del Árbol-Piktor, moviéndose en marejadas. Miró a lo alto y sintió como un dolor en el corazón. Pensamientos, deseos y sueños desconocidos se agitaron en su interior. Atraída por estas fuerzas, se sentó a la sombra de las ramas. Creyó intuir que el árbol era solitario y triste, al mismo tiempo que emocionante y noble en su total aislamiento. Embriagadora sonaba la canción de los murmullos en su copa. La niña se reclinó sobre el tronco áspero, sintió como se conmovía y un estremecimiento igual la recorrió. Sobre el cielo de su alma cruzaron nubes. Lentamente cayeron de sus ojos lágrimas pesadas. ¿Qué era esto? ¿Por qué el corazón deseaba hasta casi romper el pecho, tendiendo hacia un más allá, hacia aquél, el bello solitario? El Árbol-Piktor tembló hasta sus raíces, con vehemencia acumuló todas las fuerzas de su vida, dirigiéndolas hacia la niña en un deseo de unirse a ella para siempre. ¡Ay, que se había dejado engañar por la Serpiente y era ahora sólo un árbol! ¡Qué ciego y necio había sido! ¿Tan extraño para él fue el secreto de la vida? ¡No, porque algo había presentido oscuramente entonces! Y con enorme tristeza recordó al árbol que era hombre y mujer. Entonces un pájaro se aproximó volando en círculos, un pájaro rojo y verde. La niña lo vio llegar. Algo cayó de su pico. Luminoso como un rayo, rojo como la sangre o como una brasa, precipitándose en la hierba, iluminándola. La niña se inclinó para recogerlo. Era un carbúnculo, una piedra preciosa. Apenas tomó la piedra en sus manos, cumplióse el deseo del cual su corazón hallábase colmado. Extasiada, fundióse e hízose una con el árbol, transformándose en una fuerte rama nueva, que creció con rapidez hacia los cielos. Ahora todo era perfecto y el mundo estaba en orden. Únicamente en este instante se había hallado el Paraíso. Piktor ya no era más un árbol viejo y preocupado. Y Piktor cantó fuerte, en voz alta: “¡Piktoria! ¡Victoria!” Se había transformado, pero alcanzando la verdad en la eterna metamorfosis; porque de un medio se había cambiado en un entero. De ahora en adelante podría transformarse tanto como lo deseara. Para siempre deslizóse por su sangre la corriente hechizada de la Creación, tomando así parte, eternamente, en la creación que a cada instante se renueva. Fue venado, pez, hombre y serpiente, nube y pájaro; pero en cada forma se hallaba entero, en cada imagen era una pareja, dentro de sí tenía al Sol y a la Luna, era hombre y era mujer. Como río gemelo deslizábase por los países; como estrella doble, en el alto cielo.

domingo, 10 de mayo de 2015

Cuando eramos niñas, mi hermana la del medio, se peinaba y se arreglaba todas las noches antes de acostarse. Una vez le pregunté por qué lo hacía, 'es por si sueño con el niño que me gusta', me contestó.

Espantacucos

Hoy en la tarde, fui a buscar un chaquetón verde que se me había quedado en el departamento de una amiga. Tuve que pasar por el centro después de bajarme del colectivo, para poder tomar la micro que me deja cerca de su casa. Me había olvidado de que mañana es el día de la madre, pero lo recordé apenas puse un pié fuera del automóvil. Las veredas estaban llenas de gente vendiendo y comprando. Una de las chucherías que mas me llamó la atención, y la que encontré más horrible, eran unas rosas luminosas. No sé como explicarlo. Parecían unas lamparas del tamaño de una rosa, de distintos colores. Algo así como unos espantacucos, pero para poner en un florero. Las encontré horrendas. Me costó un poco llegar hasta el paradero, pero no fue tan terrible como lo había pensado. Me bajé de la micro, caminé un par de cuadras y ahí estaba. Fue bueno ver una cara diferente a las de todos los días. Salir un poco de la casa. Hablar de otros temas. Aunque yo no tengo muchos 'temas', en realidad. Mi mundo es bastante reducido y en el no suceden cosas muy extraordinarias. Muchas veces pasan los días y no pasa nada. Claro que en cuanto a lo que a mi 'salud' se refiere, eso es algo positivo. Me gustaría agregar algo, pero no se muy bien como decirlo. Es que desde que nacieron mis hijos, tengo la sensación de que mi maternidad se extiende de alguna manera hacia otros también. No se si esto estará bien o mal, pero me sucede de todas maneras. ¿Será algo muy raro?

viernes, 8 de mayo de 2015

Calor humano

Ya cuando empieza a hacer frío, esto de estar sola comienza a afectarme un poco más de lo normal. Y es que es tan triste acostarse con los pies helados y en vez de ponerlos junto a otros pies, haya que ponerlos junto a un guatero. Puede que sea una nimiendad, pero no deja de ser importante, ¿cierto?.
A todo esto, me ha servido el atrapasueños...



jueves, 7 de mayo de 2015

Azul y rojo

Hace muchos años, (no voy a decir 'cuando era chica', porque siempre lo digo y hoy tengo ganas de innovar), vi una película en la que un joven que tenía una enfermedad que hacía que su cabeza fuera enorme y deforme, se enamoraba de una compañera ciega. En ella, este joven trataba de mostrarle a su compañera, de alguna manera, como eran varias de las cosas que no podía ver. Entre esas cosas estaban lo colores. Recuerdo dos, el rojo y el azul. Para enseñarle el rojo, le ponía algo caliente en la mano. Para enseñarle el azul, le ponía algo congelado en la mano. Caminaba de regreso del colegio, después de la reunión de apoderados de mi hijo mayor, cuando me acordé de esto. Tal vez fue porque andaba trayendo una cartera roja y hacía frío, no se. La cuestión es que venía con las imágenes en la cabeza y no entendía por qué no las olvidaba. Hasta ahora no lo entiendo. Sigo pensando en eso, en si tiene un sentido especial o en si intento encontrar alguna moraleja. Quizás sea el ingenio del joven el que me llamó la atención. Quizás sea la ingenuidad de su compañera. Quizás sea el amor. Si, yo creo que es eso, el amor. Por lo visto soy igual de ciega e ingenua que la chica de la película...
Viento tibio. Nubes grises. Se viene lluvia.


martes, 5 de mayo de 2015

Prodigio

Lo bueno fue que después me acordé de otra cosa. De mi compañero que dibujaba como un caricaturista. En segundo básico. ¿Qué edad tiene un niño de segundo básico?, ¿siete años?. Siete años tenía mi compañero y dibujaba así, como un caricaturista. Llamaba tanto la atención, que había un profesor que nos hacía perder tiempo de clases para verlo dibujar a cada uno de los personajes de Disney. De un día para otro, dejó de ir al colegio. Nunca me aprendí su nombre, solo sé que nos sentábamos en el mismo banco y eso, que dibujaba así, como un caricaturista.
Con todo lo que hay para decir, y no poder decir nada...

lunes, 4 de mayo de 2015

Uno, dos, tres

Me acordé de los tres monos. De segundo básico en el Instituto Anglo Chileno y de los tres monos. Lo que recuerdo de los tres monos es que uno no escucha, el otro no ve y el otro no habla. No estoy segura de que ese sea el orden correcto en el que aparecen tallados los tres monos. Tampoco me interesa saber si lo es. Y es que no me importa recordar la enseñanza que intentan dejar los tres monos. No me interesa recordarla, porque la persona que me la enseñó es una de las mujeres más terribles que he conocido en mi vida.  De hecho, incluso desearía poder borrar la imagen que tengo de esa mujer hablando de los tres monos y de pasada borrar a los tres monos también. Porque presiento, en lo mas profundo de mi ser, que al igual que esa mujer, esos tres monos me cagaron la vida.
¿No gusta pasar a tomar una tacita de café?



domingo, 3 de mayo de 2015

Fin de semana largo, feriado irrenunciable, aglomeraciones y otros

Fue una tarde larga la del jueves pasado. Llegué a Santiago como a las cinco. Salí casi de inmediato de la casa de mi tía, porque tenía que ir a retirar un producto que había comprado por internet. La tienda quedaba en Irarrázabal tres mil ochocientos algo. Tomé el metro para ir hasta la estación Plaza Egaña y caminar de vuelta hasta el negocio. Me llamó la atención la cantidad de gente que andaba dando vueltas. Claro, no había reparado en el hecho de que el fin de semana era largo y que además el viernes era un feriado irrenunciable. Me bajé en Plaza Egaña y comencé mi caminata. Las cuadras eran más largas de lo que esperaba, pero no fue un gran problema, porque estoy acostumbrada a caminar harto. Confieso, en todo caso, que la decisión de hacerlo la tomé porque me dio miedo intentar tomar una micro. Llegué a mi destino sin mayores problemas. Pagué lo que tenía que pagar, me entregaron lo que me tenían que entregar y salí. Había pensado devolverme a la estación de metro, pero la bolsa era muy pesada. Justo afuera del local, había un paradero. Traté de mirar los letreros y entender algo de lo que decían. Finalmente pregunté si había algún recorrido que me dejara en Las Rejas. Pero lo más cercano al metro era un bus que salía por Seminario. Bien. En Alameda iba a tomar el metro. Por Irarrázabal anduvimos como por veinte minutos, o mas, (soy mala calculando el tiempo). Trataba de llamar a mi mamá para avisarle que me iba a atrasar, pero no me comunicaba. La micro comenzó a llenarse. Justo en el momento en que me contestaron, un cantante ambulante se puso a cantar Arriba en la Cordillera a todo pulmón. Después doblamos por Seminario. Yo calculo que media hora hasta salir a Alameda. A esas alturas, iba tan choreada, que se me olvidó bajarme en el metro. Como la micro apuró la marcha, pensé que tampoco valía la pena y que mejor me bajaba en Estación Central, que era donde el bus doblaba por Matucana. Iba apretada, muerta de calor y con el peaso de la bolsa, cuando en eso, se sube uno de esos tipos con uno de esos parlantes portátiles o qué se yo como se llaman, un micrófono y comienza a hacer esos ruidos con la boca que se supone que son música. La situación era tan ridícula, o al menos así me pareció, que no me aguanté la risa y se me pasó bastante el enojo. Finalmente me bajé en la Estación, tomé el metro hasta Las Rejas y llegué a la casa de mi tía cerca de las nueve. ¿Algo bueno de todo esto?, el paseo por Irarrázabal me hizo recordar muchas cosas, entre ellas el cumpleaños del capo...
En la casa de mi hermana del medio, con mi hermana chica y mis sobrinos. A mis cuñados no los voy a mencionar, porque son unos pesados.

Me da rabia

No sé si lo he dicho en algún momento, pero mi papá vive en Córdoba, Argentina. Se fue a vivir allá después de que se separó de mi mamá. No hablamos muy seguido, pero eso no quita que tengamos una relación estrecha. Hemos pasado por tiempos complicados a lo largo de nuestra amistad, pero a pesar de ello, esta siempre ha prevalecido. Desde que decidimos ser amigos, hemos tratado de ser francos el uno con el otro. Aunque han habido situaciones difíciles de enfrentar, hemos podido mantener esa confianza. Hoy fue uno de esos momentos, uno de esos momentos de confianza, de charlar relajadamente. Me llamó en la tarde y conversamos por unos minutos. Después de esos minutos, recordé algunas cosas que me dijo la noche en la que estaba en la urgencia del hospital, esperando que me internaran. 'Una de las cosas que me preocupa, es que eres una persona demasiado libre, que además no está dispuesta a ceder ni un centímetro de esa libertad'. Esa fue la primera frase que me quedó dando vueltas. 'Otra cosa es que pasas demasiado tiempo en tu mundo de fantasía'. Esa fue la segunda frase que me quedó dando vueltas. 'La realidad no es algo tan difícil de vivir'. Esa fue la tercera frase que me quedó dando vueltas. Si bien tuve harto tiempo para pensar mientras estaba hospitalizada, aun no he llegado a ninguna conclusión concreta. Creo que mi padre tiene razón en cuanto a sus preocupaciones, porque son cosas que a los treinta y ocho años, ya deberían estar resueltas. Y es que estoy segura de que a estas alturas, debería ser una persona mucho más madura de lo que soy. Porque esa manera de vivir o de actuar, es un claro reflejo de mi infantilidad. Me da rabia pensar que recién ahora comienzo a darme cuenta de ello. Me da rabia no estar a la altura de mis años. Me da rabia no haber crecido. Por más que lo disfrute, me da rabia.

sábado, 2 de mayo de 2015

Verdes

Anoche soñé que me llegaban unos libros. Eran empastados, grandes y de color verde. Venían en cuatro baúles, también grandes y también de color verde. Llegaban en la mañana. Los habían recibido una especie de sirvientes y los pusieron en el patio. Abrí uno de los baúles y elegí un libro. Me disponía a leerlo, pero justo en ese momento desperté. Me pregunto que diría.

viernes, 1 de mayo de 2015

¿Dónde estoy?

Cuando llegamos de vuelta a Chile después de haber vivido un año fuera del país, entramos al Colegio Adonay. Estaba en Chile España, a unas cuadras de Irarrázabal. Por diversos motivos, mi hermana del medio y yo eramos compañeras en primero medio, a pesar de que ella tenía catorce y yo diecisiete años. No eramos muchos en el curso. Debemos haber sido como doce. En ese tiempo, mi hermana tuvo su primer pololo. Vivía en un departamento cerca de la escuela. Pasábamos ahí la mayor parte del tiempo que teníamos libre, con un par de compañeros. Uno de ellos se autodenominaba 'el capo'. Durante ese año, el capo hizo una celebración especial para su cumpleaños. No sé por qué razón, yo terminé yendo sola a su casa, a la que había ido un par de veces solamente. También quedaba en Ñuñoa. Varias veces he dicho que me pierdo solamente cuando vengo a Santiago, pero la verdad es que siempre he sido bastante desorientada. Recuerdo que el capo estaba de cumpleaños en julio, el cuatro. La invitación debe haber sido como para las ocho. Había llovido y me bajé de la micro en Iararrázabal, sin tener muy claro donde estaba. La referencia que tenía era un muro amarillo que queda por el lado norte. El capo vivía por una calle lateral hacia adentro. Caminé un buen rato, tratando encontrar el lugar, pero no lo logré. Estaba perdida sin la dirección ni ningún número de teléfono al que llamar. Lo único que sabía era que tenía que llegar a un colegio grande. Andaba dando vueltas, cuando me topé con un caballero que estaba en la puerta de su casa, creo que fumando. Le conté mas o menos lo que estaba buscando y llamó a su señora. La señora se preocupó. Me dijo que era peligroso que anduviera dando vueltas sola. Que estaba muy oscuro y que por esas calles no andaba casi nadie. Me hicieron pasar a la casa. Creo que yo había dejado en mi dormitorio una libreta con el número del capo. Me prestaron su teléfono para que lo pidiera, pero mi mamá no la encontró. Finalmente, me mandaron de vuelta a mi casa. Me fueron a dejar a la micro incluso. Nunca me he olvidado de lo que pasó esa noche. Aun me llama la atención que una familia de desconocidos se haya preocupado tanto por una extraña.


Un par de líneas

El día, o la tarde más bien dicho, fue bastante más agotadora de lo que esperaba. No tengo sueño, pero si un dolor de cabeza insoportable. He estado esperando un buen rato a que se me quite para poder escribir algo mas o menos decente. Tenía un buen par de ideas, pero será hasta mañana. Feliz día del trabajador a todos los que trabajen. Buenas noches.