lunes, 29 de junio de 2015

No sé volar

Como dije hace un par de entradas atrás, mi papá tuvo un programa en la Radio Armonía. Su finalidad era lograr que los evangélicos salieran un poco de su mundo de iglesia y se convirtieran en agentes de cambio en la sociedad. Parece que no lo escucharon, creo que la mayoría entenderá por qué lo digo. Hubo si un oyente que comenzó a enviar correos con pensamientos y preguntas que interesaron a mi padre al punto de querer conocerlo. Así que un día lo invitó a nuestra casa. Fue la primera vez que lo vi. Nos hicimos amigos. Teníamos bastantes cosas en común. Sobretodo el tema de la iglesia como elemento de cambio. Después de un año y cinco pisco sours en un cumpleaños, comenzamos a pololear. Una de las primeras cosas que hicimos como pareja, fue ir a ver una película al Normandie. Estaban dando El Lado Oscuro del Corazón, su favorita. Es esa película en la que se citan varios poemas de Benedetti, (incluso hace un cameo) y otros de Oliverio Girondo, (los más mamones, si me lo preguntan). Entre los de Oliverio estaba el famoso '... ¡pero eso si! y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar'. Saliendo del cine, le pregunté a qué pensaba que se refería el personaje cuando hacía esa declaración. Y me dio una serie de razones y descripciones en las que yo no encajaba por ninguna parte. 'Entonces yo no sé volar', fue lo único que le dije. Creo que ese fue el instante preciso en el que debí haber dejado la relación. Pero no lo hice. No me pregunten por qué, pero no lo hice. Luego de un año de pololeo, nos casamos. Y después de diez años de matrimonio, nos separamos. Lo triste de todo esto y lo que más me duele, es que en todos los años que estuvimos juntos, nunca aprendí a volar. Es por esto y por algunas otras razones, que cuando me preguntan por qué me separé, simplemente contesto 'porque ese niño nació muerto'.

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