Cuando era chica sufría de bronquitis, entre otras cosas. En ese tiempo, mis papás no tenían dinero para llevarme al médico, por lo que la tos se curaba con uno de los remedios caseros de mi abuelita. Este consistía en una cucharada de jugo de cebolla con unas gotas de limón. 'Ya, abra la boca y tomeselo en el nombre del Señor', me decía siempre antes de dármelo. Lo que yo me pregunto es si era el remedio o 'en el nombre del Señor' lo que me hacía efecto...
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