Creo que fue el mejor cumpleaños que tuve cuando era niña. Cumpleaños con platitos de galletas, un pan de molde con paté, leche con chocolate, globos, serpentinas, gorros y cornetas. Mi abuelita me tejió un chaleco blanco y una tía me hizo la torta. Los invitados fueron un par de primos y los regalos, aparte del chaleco, fueron seguramente calzones y pañuelos de genero. No tuve otros cumpleaños así, con tantos detalles, por decirlo de alguna manera, porque no siempre había dinero para hacerlo. Pero parece que ese doce de Julio de mil novecientos ochenta, mi papá andaba con plata y resultó una de las mejores celebraciones de las que tengo memoria. Y es de la única, de ese tiempo, que tengo una fotografía.
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