"Dejo por escrito que no he mentido ni desmentido a pesar de otras verdades. Dejo por escrito que si he mentido ha sido a mi misma y no me he dado cuenta. Dejo por escrito que no quiero ser víctima de los juegos de las trampas de mis juegos implacables. La luna tiene dos caras y esconde una y nadie la tironea ni la acosa. Y siempre tan alta, tan blanca, tan distinta" La Luna, Esteban Navarro
martes, 30 de junio de 2015
lunes, 29 de junio de 2015
No sé volar
Como dije hace un par de entradas atrás, mi papá tuvo un programa en la Radio Armonía. Su finalidad era lograr que los evangélicos salieran un poco de su mundo de iglesia y se convirtieran en agentes de cambio en la sociedad. Parece que no lo escucharon, creo que la mayoría entenderá por qué lo digo. Hubo si un oyente que comenzó a enviar correos con pensamientos y preguntas que interesaron a mi padre al punto de querer conocerlo. Así que un día lo invitó a nuestra casa. Fue la primera vez que lo vi. Nos hicimos amigos. Teníamos bastantes cosas en común. Sobretodo el tema de la iglesia como elemento de cambio. Después de un año y cinco pisco sours en un cumpleaños, comenzamos a pololear. Una de las primeras cosas que hicimos como pareja, fue ir a ver una película al Normandie. Estaban dando El Lado Oscuro del Corazón, su favorita. Es esa película en la que se citan varios poemas de Benedetti, (incluso hace un cameo) y otros de Oliverio Girondo, (los más mamones, si me lo preguntan). Entre los de Oliverio estaba el famoso '... ¡pero eso si! y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar'. Saliendo del cine, le pregunté a qué pensaba que se refería el personaje cuando hacía esa declaración. Y me dio una serie de razones y descripciones en las que yo no encajaba por ninguna parte. 'Entonces yo no sé volar', fue lo único que le dije. Creo que ese fue el instante preciso en el que debí haber dejado la relación. Pero no lo hice. No me pregunten por qué, pero no lo hice. Luego de un año de pololeo, nos casamos. Y después de diez años de matrimonio, nos separamos. Lo triste de todo esto y lo que más me duele, es que en todos los años que estuvimos juntos, nunca aprendí a volar. Es por esto y por algunas otras razones, que cuando me preguntan por qué me separé, simplemente contesto 'porque ese niño nació muerto'.
domingo, 28 de junio de 2015
sábado, 27 de junio de 2015
Canicas
Cuando era niña, me tragaba las bolitas. Jugaba con unos vecinos y, cuando ganaba, me echaba una a la boca. Entonces, mientras andaba de aquí para allá y de allá para acá de pronto, zas! que me la tragaba. Y me echaba otra y mientras andaba de aquí para allá y de allá para acá, de pronto ,zas! que me la tragaba. Así sucesivamente. Lo bueno fue que nunca me gané un bolon. Si me lo hubiera ganado, ¿se imaginan?
viernes, 26 de junio de 2015
Cuatro años
Creo que fue el mejor cumpleaños que tuve cuando era niña. Cumpleaños con platitos de galletas, un pan de molde con paté, leche con chocolate, globos, serpentinas, gorros y cornetas. Mi abuelita me tejió un chaleco blanco y una tía me hizo la torta. Los invitados fueron un par de primos y los regalos, aparte del chaleco, fueron seguramente calzones y pañuelos de genero. No tuve otros cumpleaños así, con tantos detalles, por decirlo de alguna manera, porque no siempre había dinero para hacerlo. Pero parece que ese doce de Julio de mil novecientos ochenta, mi papá andaba con plata y resultó una de las mejores celebraciones de las que tengo memoria. Y es de la única, de ese tiempo, que tengo una fotografía.
jueves, 25 de junio de 2015
La fea
A mi abuela le gustaba recitar. Hubo una poesía que recitó muchas veces y que yo me aprendí casi completamente. La he buscado en varias oportunidades, pero nunca la he podido encontrar. Tampoco he conocido a otra persona que se la sepa. Lo que recuerdo, dice así 'Es fea la muchachita que llegó ayer a la escuela, de su carita sin gracia se ríen sus compañeras. La dejan sola en el patio pues nadie con ella juega y a veces, que poco tino, le gritan chiquilla fea. Hoy no aguantó más y se quedó tras las salas de estudio, llorando como lloran las niñas buenas, cuando saben que en este mundo, no hay nadie que las comprenda. Una de sus compañeras que la vio llamó a sus otras compañeras y les dijo (o algo así) vengan, vengan a ver como llora, arrinconada la fea'.
miércoles, 24 de junio de 2015
Una nota para Chiharu
Chiharu me ha mostrado una nueva dimensión del amor. O tal vez me la ha recordado. Y es que cuando era niña, amaba a los gatos. Pero a medida que fui creciendo, el espacio que llenaban ellos y otros seres vivos, fue ocupado por seres muertos. Tanto fue así, que los muertos sobrevivieron a los vivos y todo quedó en silencio. Hoy, en cambio, puedo decir con asombro, que eso ha cambiado. Que un pequeño corazón late dentro del mío y vuelve a darle sentido a abrazar a esos seres vivos que renacen en la figura de Chiharu.
martes, 23 de junio de 2015
Recordando lo que recuerdo que recordaba
Estuve pensando un buen rato en qué escribir hoy, pero lo único que se me vino a la mente fue que recuerdo haber dicho luenga en vez de lengua, cuando era niña. Además recuerdo haber dicho estuata en vez de estatua. También recuerdo haber dicho albon en vez de albóndiga y estógamo en vez de estómago. Cosa que le sucede a la mayoría de los niños me imagino, así que, que a mi me pasara no tiene nada de especial. Pero, como dije antes, es lo único que se me vino a la cabeza. Esperen, ahora puedo agregar que adicionalmente, recuerdo el momento en el que uno de mis tíos intentaba hacerme decir estatua en vez de estuata. Aunque en realidad, da lo mismo que se los cuente, porque de todas formas no hay manera de que pueda mostrarles mi recuerdo, lo que hace que el asunto pierda la gracia. Lo mas cercano que puedo hacer, es explicar lo que recuerdo, que es un instante mínimo. Estamos en el patio de la casa de mi abuelita y mi tío se ríe de mi por lo trabada que tengo la luenga. Perdón, quise decir la lengua.
lunes, 22 de junio de 2015
Cosas buenas
He dicho por lo menos un par de veces, que terminé la enseñanza media en un dos por uno. La terminé en el ENAC, el Instituto que está justo en una de las salidas del Metro República. También he hablado por lo menos un par de veces, de lo mal que me porté mientras estudiaba ahí. De lo que no he hablado, es de algunas de las cosas buenas que ocurrieron en el mismo Instituto. Por ejemplo, no he contado que tenía tres amigos con los que me juntaba todos los días. Salíamos a la vereda a fumar, porque no se podía fumar dentro del edificio. Una vez andaba con una falda negra, bastante corta y de pronto una ráfaga de viento me la subió. Esa no fue una de las cosas buenas que me pasaron a mi, pero si fue una de las cosas buenas que les pasó a mis amigos. Tenía un profesor de Historia que fue el mejor profesor que tuve en todos los años en los que estudié. Es que aparte de ser profesor de Historia, era profesor de Teatro, por lo que sus clases eran entretenidisimas. Para las pruebas ni siquiera necesitaba mirar el cuaderno, porque tenía las clases tan grabadas en la memoria, que los contenidos fluían sin que yo tuviera que hacer ningún esfuerzo. Mis amigos siempre se enojaban, porque me preguntaban si había repasado para la prueba y siempre les contestaba que no. Después salía con un siete y me querían matar porque no les había soplado, pero es que como digo más adelante, nunca fui buena ni para copiar ni para soplar. Recuerdo que en el tiempo que estudié ahí, el y su esposa tuvieron un hijo al que le pusieron Nicolás, porque a los dos les fascinaba todo el tema de la Navidad. Tuve unas clases de Inglés con una profesora que era re simpática. Siempre, para las pruebas, le pedía que me sentara adelante para que mis compañeros no me pidieran las respuestas a las preguntas. No porque no quisiera ayudarlos, sino porque siempre fui mala para copiar y peor aun para dejar que me copiaran. De hecho, creo que una sola vez hice un torpedo para una clase de Biología, pero me puse tan nerviosa, que no lo pude usar y al final terminé comiéndomelo. La misma profe, al finalizar el año, armó una convivencia con amigo secreto y todo. Además hizo un juego en el que había que contestar un par de cosas en inglés. No se por qué motivo me equivoqué y la penitencia fue que cantara al menos una parte de una canción en ese idioma, Fue idea de mis amigos, a los que siempre les cantaba cuando estaba arriba de la pelota. Back for Good de Take That fue lo que canté.
domingo, 21 de junio de 2015
sábado, 20 de junio de 2015
Cuando era chica sufría de bronquitis, entre otras cosas. En ese tiempo, mis papás no tenían dinero para llevarme al médico, por lo que la tos se curaba con uno de los remedios caseros de mi abuelita. Este consistía en una cucharada de jugo de cebolla con unas gotas de limón. 'Ya, abra la boca y tomeselo en el nombre del Señor', me decía siempre antes de dármelo. Lo que yo me pregunto es si era el remedio o 'en el nombre del Señor' lo que me hacía efecto...
viernes, 19 de junio de 2015
Contra el Tránsito
El primer trabajo estable que tuvo mi papá después de salir de la Misión, fue en la Radio Armonía. Si, ya se, comparto plenamente todos los reparos que puedan tener acerca de la emisora, pero que le vamos a hacer, mi papá necesitaba trabajar y ahí le dieron trabajo. Durante el tiempo que estuvo en la radio, yo lo visitaba regularmente. Una mañana en la que lo había ido a ver, mi papá me presentó a alguien que estaba encargado de la programación. Esta persona comenzó a conversar conmigo y terminamos hablando de hacer un programa para jóvenes. Yo propuse el nombre y la temática del programa y la idea era que fuera mío. Luego de ese encuentro, esta persona programó una reunión con un par de jóvenes que me acompañarían en la cabina de locución. El programa debía ser de la línea de los que se escuchaban en la Rock and Pop y se llamaría Contra el Transito. Lo principal era que no sonara para nada canuto. Eso, según yo, era lo más importante. Y comenzamos con el proyecto. Duré dos semanas. El par de jóvenes con los que hacía el programa se tomaron el micrófono y convirtieron Contra el Tránsito en una Escuela Dominical, mientras tanto yo hacia la publicidad. Así que renuncié. Ahora que lo pienso, no sé si recordar la experiencia como algo de lo que debiera avergonzarme o de lo que debiera estar orgullosa. Porque si lo miro por el lado amable, no cualquiera sale al aire por dos semanas a todo Chile, aunque sea por la Radio Armonía.
jueves, 18 de junio de 2015
Como Papelucho
Es que siempre tengo sueño. Hoy dormí toda la tarde. Dormí toda la tarde en la casa de mi hermana menor. Cuando volvimos a la casa de mi hermana del medio, me tomé un café para alcanzar a compartir un poco antes de volver a Quilpué, mañana en la mañana. En realidad, me tomé tres. Ahora no me puedo dormir, aunque estoy un poco adormilada. Es el efecto del café. No es que te quite el sueño, es solamente que no te deja dormir. Me pican los ojos. Además estoy pensando, otra vez, en algo que no debo pensar. Aunque no entiendo muy bien por qué. Por qué no debo, quiero decir. Quizás porque me duele un poco el pecho cuando lo hago. Además como que se me hace un nudo en la garganta. Se me pone la voz un poco ronca también. Lo bueno es que, a esta hora, nadie viene a hablar conmigo. Entonces yo soy la única que se da cuenta de eso que me pasa con la voz. También pensar lo que pienso me hace sentir. O tal vez sea al revés. Sentir lo que siento me hace pensar. O querer, más bien. Querer yo creo. Esperar también. Esperar harto, para ser sincera. Me imagino que eso es lo que genera esa especie de dolor en el pecho. A veces me da un poco de susto, porque no sé hasta que punto eso que está ahí dentro, doliendo, pueda aguantar. Aunque no se trata de eso, o sea, no se trata tanto del susto. Se trata más bien de que se siente como si uno se fuera muriendo de a poco. Y todo lo que es de a poco, es mas difícil de manejar que todo lo que es de a todo. Cuando es de a todo, la cuestión empieza y termina depronto. En cambio lo otro, eso que es de a poco, dura eternamente. Estoy hablando como Papelucho parece. Así como de una manera medio tonta. Pero es que , como dije antes, estoy un poco adormilada y además, por detrás de lo que escribo, estoy pensando o sintiendo eso que no debo. Por lo que todo se vuelve un poco más confuso. Lo mejor sería dejar de andar con rodeos y soltar todo lo que hay que soltar. Pero otra vez el miedo.
miércoles, 17 de junio de 2015
martes, 16 de junio de 2015
Vine a Santiago a ver a mis hermanas y aproveché de juntarme una vez más con mi padre. No me he perdido, pero en vez de bajarme en Universidad de Chile, (que era donde me tenía que bajar), me bajé en Moneda. Nos juntamos en el Paseo Ahumada e hicimos nuestra tradicional visita al Cory. Luego a la casa de mi hermana, sin contratiempos.
lunes, 15 de junio de 2015
Keep it in the Closet
Me operaron la primera vez en Estados Unidos, en el Arlington Hospital, en Washington. Tenía dieciséis años. No voy a referirme a las causas de la intervención, porque fueron muy complicadas y pasaría demasiado tiempo tratando de explicarlas. Incluso así, no creo que quedarían claras, por lo que prefiero obviarlas. Lo que sí puedo decir es que creo que en los quince días que estuve ahí, vi a Michael Jackson más de lo que lo había visto y volví a verlo en toda mi vida. Y es que me pasaba los días y las noches mirando un canal de música en el que mostraban todos los hits del momento. Y ese año el hit del momento era Keep it in the Closet, de Michael Jackson. Me aprendí de memoria el tema. Vi y envidié a la Naomi Campbell hasta que me cansé y entendí, por fin, por qué se decía que el tipo era uno de los mejores bailarines del momento. Si miro en perspectiva, hasta podría decir que lo pasé bien, si es que no tomo en cuenta los síntomas de mi enfermedad, obviamente. Sobretodo por la compañía diaria de mi familia, que llegaba temprano en la mañana y se iba tarde en la tarde. Pero no por los motivos que yo hubiese esperado. Resulta que en la casa en la que estábamos de visita, no había cable, por lo que en la televisión se veían como tres canales. Además el barrio quedaba lejos de la ciudad así que nada mejor que ir a visitar a la enferma y pasarse el día viendo películas y tomando juguito de manzanas. Tengo muchos otros recuerdos de ese par de semanas, pero esta noche voy a dejarlos solamente con estos y con las bandas de identificación que llevé puestas durante esos quince días en el Arlington Hospital en Washington DC.
domingo, 14 de junio de 2015
Rojo
Se puso la bata blanca. Salió al patio, descalza. Miró al cielo y vio estrellas. Un par de nubes. Le dio un poco frío, pero no le importó. Ella sabía. En cualquier instante llegaría el momento. De pronto sintió la puñalada. La sangre manchó de rojo la bata blanca. Antes de caer, sonrió. Ella sabía. En cualquier instante llegaría el momento...
sábado, 13 de junio de 2015
viernes, 12 de junio de 2015
Burbuja
Solamente sé que he estado en esta misma posición más de una vez. Tantas veces. Atorada. Con los dedos inútiles. Con las ideas torcidas. Abriendo y cerrando caminos por los cuales transitar, o no. Tengo la garganta llena de palabras, las manos repletas de sensaciones. Y nada más que decir. Y todo más que decir.
jueves, 11 de junio de 2015
Visita de doctor
Si, ya lo he dicho, mi padre y yo somos amigos. Hoy estuvimos juntos, en la tarde. Un par de horas solamente. Bajamos al centro. Caminamos un poco. Caminamos del brazo. Me gusta caminar de su brazo y acercar mi mejilla a la de él de vez en cuando, en un gesto de cariño. Me gusta tener eso con mi padre, esa complicidad. Me gusta ocupar ese lugar. El de una amiga, además del de una hija. Me gusta que él me haya dado ese espacio, pero me gusta también el habérmelo ganado. Y es que no es una persona fácil de llevar mi padre. No es una persona fácil de alcanzar. Para llegar a él hubo que golpear, hubo que empujar, hubo que esperar; hubo que llorar, hubo que pedir, hubo que exigir. Hubo que, muchas cosas. Y entre ellas, también hubo que amar. Aunque amar no hubo que. Amar se amó no mas. Y se ama no mas. Y se amará no mas.
miércoles, 10 de junio de 2015
Relato ínfimo
Todo esto jamás habría sucedido si ella no hubiese dejado la puerta abierta. Pero fue descuidada, como pocas veces. Ahora lamenta haber perdido aquello que guardara con tanto celo, dentro de la habitación. Su paz.
martes, 9 de junio de 2015
Nueve líneas
Ni siquiera sé su nombre.
Ni siquiera sé su boca.
Ni siquiera sé su piel.
Ni siquiera sé si existe.
Ni siquiera sé si está.
Ni siquiera sé si es.
Entonces para qué.
Entonces por qué.
Entonces qué.
Ni siquiera sé su boca.
Ni siquiera sé su piel.
Ni siquiera sé si existe.
Ni siquiera sé si está.
Ni siquiera sé si es.
Entonces para qué.
Entonces por qué.
Entonces qué.
Entre paréntesis
Este fin de semana estuve en la casa de una amiga. A veces me emociona escucharla hablar. A veces me emociona ser su amiga. Y es que es una de las personas con uno de los corazones más nobles que conozco. Me gustaría ser un poco como ella. Por lo menos un poco.
lunes, 8 de junio de 2015
Qué le vamos a hacer
Hoy tuve que ir al colegio a retirar a mi hijo menor, que está resfriado. Como lo he dicho en otras ocasiones, tengo mucho cariño por el establecimiento. Aun así, debo reconocer que me cuesta ir allá, porque me doy cuenta que hay docentes y alumnos que me miran con resquemor. Y tienen razones validas para hacerlo, porque incluso hasta allá han ido a dar mis desvaríos. Pero el hecho de que lo sean, no quiere decir que deje de afectarme. Antes de finalizar este pequeño comentario, me gustaría agregar que esta noche tampoco estaba de ánimo, pero hice un gran esfuerzo. Hasta mañana.
domingo, 7 de junio de 2015
sábado, 6 de junio de 2015
Nutella y paté
En Suiza, el lugar en el que estaba la sede de la organización misionera a la que pertenecíamos, era una casa que había sido un asilo para ancianos. Era una casa grande, de tres pisos y acondicionada para atender a personas de la tercera edad. La casa quedaba en medio del campo, en un pueblo cerca de Zurich. Y en Suiza, en el campo, hay vacas. Y las vacas, tienen cencerros. Todas. Son unas vacas enormes. Las más gordas y las más lindas que he visto en mi vida. A veces uno despertaba en la noche y las escuchaba mugir, haciendo sonar esas especies de campanas. Y automáticamente pensaba en leche, chocolate y queso. Bueno, al menos eso me pasaba a mi, de vez en cuando. Vivimos en Suiza tres meses. Mi papá había sido invitado a formar parte del liderazgo de la Escuela de Cosmovisión Bíblica Cristiana. Durante ese tiempo, se llevó a cabo un seminario con el mismo nombre de la escuela. La intención del curso y en especial la del seminario, era echar abajo los fundamentos de todas las otras cosmovisiones habidas y por haber. Yo tomé ese seminario. No recuerdo cuánto tiempo duró ni de que se trató, específicamente. Lo que si recuerdo, es que después de que salimos de la misión y deseché también la cosmovisión bíblica cristiana, me quedé sin nada. Pero a lo que voy es a otra cosa. A veces teníamos hambre, mi hermana del medio y yo. Lo que hacíamos entonces, era meternos a la cocina, robarnos un pan de esos redondos, de kilo, que no sé cómo se llaman. Además del pan, nos llevábamos un frasco de nutella y un tubo de paté. Un tubo, porque el paté venía en esos tubos parecidos a los de la pasta de dientes. Mientras todos estaban en clases, ella y yo subíamos a nuestro dormitorio que tenía un pequeño balcón, nos sentábamos ahí relajadamente, a comer y a disfrutar de la hermosa vista que la naturaleza nos regalaba, hasta hartarnos.
Parra, de los Parra de Parral
Mi hermana y yo eramos 'disidentes', por usar una palabra exagerada. Al comenzar la adolescencia, entramos en franca rebeldía contra todos los estatutos evangélicos. Bueno 'franca' y 'todos', también son exageraciones, pero al menos así es como me gusta recordarlo. ¿Cuáles eran realmente los estatutos y las disidencias a las que me refiero?, básicamente a la vestimenta que usábamos y al tipo de música que escuchábamos. Además estaba el hecho, para ser sincera, de que fumábamos y tomábamos a escondidas en las inmediaciones del sitio en el que estaba la sede de la Misión. Lo otro era que mi hermana pololeaba a los catorce años. Creo que estas cinco cosas eran todas las horribles ofensas que cometíamos en contra del evangelio y de los misioneros, dicho sea de paso. Ah, aparte llevábamos amigos 'no cristianos' a nuestra casa. No sé si todas estas situaciones eran de dominio público, pero si sé que hubo filtraciones. Es por eso que nos ganamos el apodo de 'las hermanitas Parra'. Los interesante es que, a los ojos de lo demás, las cosas eran bastante más terribles de lo que realmente eran. Por decir algunas, yo era satánica porque me vestía de negro y escuchaba Guns N' Roses. Mi hermana era una suelta que se acostaba con el pololo. Las dos fumábamos, pero marihuana. Por supuesto, eramos unas ebrias y los amigos que invitábamos a la casa, eran todo lo anterior y cosas mucho peores. Por estas y algunas otras razones, eramos una mala influencia para los demás niños y adolescentes que vivían en la parcela, por lo que les prohibían relacionarse con nosotras. 'Cuidado, no se junten con las hermanitas Parra...'
viernes, 5 de junio de 2015
Me costó entender eso de 'la casa de los pies'. Es que siempre escuché, cuando era chica, decir que 'en la casa de los pies, esto y lo otro'. Hasta que averigué que 'la casa de los pies', era la que quedaba detrás de la nuestra. En esa casa, había un árbol de caquis. El árbol, tenía unas ramas que caían sobre nuestro patio. El vecino nos daba permiso para sacar los caquis que crecían en esas ramas. A mi no me gustaban, porque la primera vez que los probé, estaban maduros y tenían un sabor raro. Hasta que un día me comí uno verde. O sea, le faltaba para madurar. Y ahí si que me gustaron, porque te dejaban una sensación áspera en la boca. Además hacían un ruido como de manzanas cuando los mordía y ese sonido me encanta, cuando las manzanas no están harinosas, eso si.
jueves, 4 de junio de 2015
Diecinueve años atrás
Mi papá y mi mamá se conocieron mientras mi papá estudiaba publicidad en la Universidad Técnica del Estado. Tres meses después, se casaron. Ninguno de los dos tenía más de veintidós años. Cuando mi papá terminó su carrera, formó una oficina con dos o tres personas más. Recuerdo haber estado ahí un par de veces, a pesar de ser muy pequeña en ese entonces. Como en muchos matrimonios, los problemas comenzaron desde muy temprano. Y es que mi papá era bastante dado a la juerga. Recuerdo haber escuchado la palabra 'Picaresque' más de una vez en esa época. Bueno, pero para qué seguir entrando en ese tipo de detalles. En el intertanto nació mi hermana del medio y estaban a punto de separarse, cuando ocurrió lo de la misionera neozelandesa y entraron a la Misión. Mi papá dedicó diecisiete años de servicio a esa organización, sin ningún tipo de remuneración. De hecho, él tenía que pagar para que nosotros pudiéramos vivir ahí. Pasados esos diecisiete años, le dieron las muchas gracias y le pidieron que se marchara. Así, sin más. Después de todo ese tiempo de haber estado fuera del ámbito laboral, volver a trabajar fue muy difícil para él. La publicidad, como él la concebía, estaba pasada de moda. Pero había que subsistir. Volvió a juntarse con un par de personas e intentó crear una pequeña empresa publicitaria. Tengo que aclarar aquí, que mi padre siempre soñó con ser un agente de cambio en la sociedad, pero más que nada en 'el mundo evangélico', por lo que sus colegas y él, intentaron editar una revista destinada a ese público. No recuerdo su nombre ahora, pero sí recuerdo que me contrataron para vender suscripciones. La oficina quedaba en San Isidro, en una antigua casa perteneciente a los Gedeones y en donde les arrendaron un espacio. Me gustaba esa casa. Sobretodo porque en la parte de atrás tenía unas piezas de adobe a medio derrumbar. Había lo que debe haber sido un dormitorio, en el segundo piso. Pasaba ahí bastante tiempo mientras trabajaba con ellos y después que entré al dos por uno, seguía visitándolos para poder estar un tiempo en esa habitación. Escuchaba música, más que nada. Una vez revisando, me encontré uno de esos árboles de alambre. Estaba todo aplastado, así que me pasé un buen rato arreglándolo. Le pregunté a mi papá si podía quedarmelo, pero no me dejó. Seguramente porque los Gedeones se podían enterar y lo iban a acusar de robo, me imagino yo. Lo otro que me gustaba hacer ahí, aparte de escuchar música, era mirar por una ventana que daba a una especie de patio trasero de la casa principal. He dicho varias veces que tengo un tío que, entre otras cosas, es fotógrafo. La cuestión es que él era el encargado de las fotografías de la revista. En un momento de ocio, me tomó cinco fotos en ese lugar. Una de ellas mirando por la ventana. En ese momento, yo tenía diecinueve años.
miércoles, 3 de junio de 2015
Palmas abiertas
Abro mis manos y en ellas sigue el avecilla. Si vuela o se queda en ellas, esa es la interrogante.
martes, 2 de junio de 2015
Veintiocho días
Una vez vi esa película en la que Sandra Bulock está en un centro de rehabilitación. En la película, el psiquiatra o psicólogo, les recomendaba al salir que antes de tener una relación de pareja, tuvieran una planta por un año, sin que se les muriera. Luego, una mascota, por otro año. Lo que no les decía el médico era cómo encontrar esa pareja.
lunes, 1 de junio de 2015
Un par de chuchadas
Mi mamá tiene una prima que vive en las Rocas de Santo Domingo. El verano de mil novecientos noventa y seis, fue el primer verano que estuvimos de vacaciones en su casa. Es una mujer como pocas que conozco. Creo que transparente sería una de las palabras con la que la definiría. Ella es como es. Sin dobleces, sin poses, sin caretas. Habla fuerte, se ríe, cuenta historias. Su casa no es muy grande, pero siempre nos recibió sin hacerse ningún problema. Nos acomodábamos como fuera. Y pasábamos con ellos un par de semanas. Así como por cuatro años. Recuerdo que ese primer verano que estuvimos en su casa, vimos al flaco y al indio en el Festival de Viña, en su televisor en blanco y negro. Que manera de reírnos. Creo que nunca me he reído tanto con ningún otro par de cómicos, ni con ellos mismos al pasar del tiempo. Nos partíamos a carcajadas. Mi tío había estado de guardia esa noche, así que al otro día mi tía le contó todo lo que recordaba de la rutina con lujo de detalles. Lo mismo hacía con los goles de la Chile que el no alcanzaba a ver. Con mímica y todo. Pero lo que más recuerdo de ese año, fue que mis primos entraron a clases. Nosotros nos habíamos quedado una semana más, porque en ese tiempo aun no regularizábamos nuestra situación escolar después de haber vuelto de Estados Unidos. Estábamos durmiendo y como a las ocho de la mañana, sentimos a mi tía gritarle a mis primos '¡conchesumadre, nos quedamos dormidos!, ¡levantense cabros hueónes que estamos atrasados!' Y mis primos saltaron de la cama para vestirse, mientras nosotras nos cagábamos de la risa con la espontaneidad de mi tía.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

