martes, 6 de enero de 2015

Aunque en una de esas...

Cuando tenía cinco años, se me ocurrió hacer algo muy estúpido. Una noche me contaron la historia de Jesús y de su sacrificio en la Cruz, con la intención de que lo aceptara en mi corazón como Señor y Salvador. También me hablaron de Satanás, su rebelión, el Lago de Fuego y esas cosas. Cuando terminaron la historia, estaba llorando. Entonces le pedí a Jesús que entrara en mi corazón, porque me había dado mucha pena el dolor que él había sufrido para salvarnos y lo menos que podía hacer era recibirlo. Después me dejaron sola. Y ahí vino lo estúpido. Porque después de haber pensado en Jesús un rato, me puse a pensar en el Diablo. Y también me dio mucha pena que hubiese sido desitituido de la Gloria de Dios y que tuviera que vivir en el Infierno eternamente. Entonces se me ocurrió que él, así como yo había hecho, también se podía arrepentir y salvar su alma. Entonces volví a llorar y le rogué al Diablo que lo hiciera. Que le volviera a entregar su corazón a Jesús y lo aceptara de nuevo como su Señor y Salvador. Esta es la primera vez que hablo de lo sucedido.

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