Hoy tuve que ir a entregar una consola que vendí a Plaza Egaña. Salí como a las siete y cuarto desde Las Rejas. Llegué a Plaza Egaña como a las ocho y media. Estoy de regreso en la casa de mi tía y son las diez. Estoy agotada. Lo único que quería era llegar y ponerme el pijama. Y es que la verdad es que salir en Santiago me desconcierta y me cansa. Cuando me fui, hace como diez años, las lineas del metro eran tres. Ahora son como no se cuántas. Miro el mapa y no entiendo nada. Peor me va con las micros. Además hay un montón de gente en todos lados. No se como ha podido cambiar tanto esta ciudad en tan poco tiempo. O sea, no es tan poco, pero si.
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