El tío Carlos era un Coronel del Ejercito retirado, dueño de la casa quinta en la que mi abuela paterna era empleada. La casa quedaba cerca de Gran avenida y era bastante grande. Como el tío Carlos no tenía familia, les heredó la casa a ella, su marido y sus siete hijos. Mi papá, que era su protegido, siempre nos contaba anécdotas e historias referentes a él y a sus manías. Mi favorita era la de las pulgas. El tío Carlos odiaba las pulgas, lo que no tiene nada de raro, porque muchos lo hacemos. Lo raro eran los "métodos" que había inventado para combatirlas. Recuerdo dos. Una fue hacerse unas sábanas de papel de diario, para que las pulgas no pudieran atravesárlas y así mantenerlas fuera de la cama. La otra fue que, como hizo investigaciones y se enteró de que las pulgas pueden saltar hasta ochenta veces el alto de su tamaño, puso la cama sobre unos pilares de madera para que no pudieran alcanzarla. En fin, su mueble. El mueble es mío ahora. Lo salvé de ser dejado en la calle, para que se lo llevara la basura. Y es que no podía ser, porque el mueble tiene su historia. Además a mi me gustaba, y me gusta mucho. El tío lo compró en Valparaíso. Fue importado desde Arabia y es de abedul. Mi papá dice que probablemente sea del siglo XIX, aproximadamente. Es un librero por el costado derecho y por el costado izquierdo tiene una puerta que se cierra con llave. Ese costado era el que el tío Carlos usaba como caja fuerte. Ahí guardaba el dinero de su pensión, documentos importantes, entre ellos su testamento, y una pistola. Cada vez que el tío Carlos necesitaba salir con alguna de esas cosas, llevaba el arma. Y es que el barrio era bastante solitario. Entonces el tío Carlos, para no olvidar llevarla, tenía un cartel pegado en la parte interior de la puerta que decía "llevar la pistola".
No hay comentarios:
Publicar un comentario