jueves, 22 de enero de 2015

Palabras mudas

El Amor es la Base de Todo y El Placer Sexual Ordenado por Dios, eran los dos libros en los que se fundamentaba el discurso de mi padre para sus seminarios de matrimonios. Pero había un tercer discurso, que el Señor le había revelado en persona, seguramente en el baño, como solía hacerlo y era el de la comunicación. La comunicación, decía, es la herramienta principal para una buena relación en la pareja. Suponga que yo le digo que estoy pensando en una silla y le pido que usted haga lo mismo. Su silla y la mía, serán evidentemente diferentes. Es por eso que lo más importante es que usted le proporcione al otro la mayor cantidad de datos habidos y por haber, para que este pueda acercarse lo más posible a lo que usted pensó, para terminar visualizando casi la misma silla. ¿Cómo es posible que dos personas puedan conocerse si no se comunican una con la otra?, ¿si no hablan de lo que les sucede, de lo que piensan o sienten?. Después de estas charlas, mi papá y mi mamá se daban el tiempo para escuchar a cada pareja y actuar como intermediarios para que esos pobres matrimonios lograran mejorar aunque fuera un poco su relación de pareja. Como dije en algún momento, mi papá y mi mamá se dedicaron treinta años a desempeñar esta noble labor, después de los cuales se separaron. Hace siete años, mas o menos, se hartaron de estar juntos y uno terminó mandando a la mierda al otro. No voy a decir acá quién fue el que mandó a la mierda a quién, pero si voy a decir que ese que lo hizo debió haberlo hecho muchisimo tiempo antes. Y es que no puedes vivir pidiéndole al tu pareja que te cuente hasta el más mínimo detalle de lo que hay en tu mente, tu corazón y tu alma! En fin. A qué voy con todo ésto, si es que logro llegar a algún lado. Por años creí en las palabras de mi padre y por diez años me la pasé tratando de "explicarle" a un otro quien era yo. Hablarle, darle detalles, dibujarselos si era necesario. Hasta que me di cuenta de que ese otro no me conocía realmente. Y es que lo que lograba con toda esa parafernalia, era darle a conocer a ese otro la imagen que yo tenía de mi misma. Eran solo palabras, conceptos, ideas. Solamente el que está dentro de uno mismo sabe que es lo que hay dentro de uno mismo y, según yo, la única manera de que un otro te conozca, es que logre entrar en ti. "Y serán una sola carne". No "se darán a conocer el uno al otro a través del lenguaje". Y claro, igual aquí uno habla y gasta saliva, por decirlo de alguna manera, porque a pesar de que sepamos que las palabras no son el camino, sino un obstáculo, esa hambre de que seamos conocidos, de que seamos poseídos por un otro, sigue ahí gritando desesperada. 

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