A veces, por distintas razones, el corazón se me sale del cuerpo y pende de un hilo que sostengo tal como a un volantín que se ve allá diminuto en el fondo del cielo. A veces, por una sola razón, logro bajarlo y abrazarlo y apretarlo tan fuerte, que vuelve a ocupar su sitio. Espero esa razón todos los días. No siempre llega, pero cuando lo hace, mi corazón, además de volver a ocupar su sitio, comienza a latir nuevamente...
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