Mi bisabuela tenía en su casa uno de esos cuadros del ojo rectangular que te observaba y el de los dos caminos. Tal vez eran uno solo, no lo sé. Lo que sí sé, es que cuando miraba los dos caminos, el que llevaba hacia el infierno, era el que más me gustaba. Y es que yo quería bailar, beber, ir al teatro o cine, no se, y pasarme la vida disfrutando de los placeres de la vida. Para hacerlo y no terminar en el infierno, tenía una especie de plan. Iba a llegar casi hasta el último y ahí me iba a arrepentir para poder llegar al cielo. A pesar de que eso era lo que me habría gustado, no he disfrutado de muchos de esos placeres, en todo caso. Así que, aunque no me interese, tal vez termine en el cielo de todas maneras...
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