lunes, 2 de abril de 2018

When you wish upon a star

Quién iba a pensar que lo único que aprendería hoy en esa clase sobre astronomía, era algo tan sabido como que las estrellas fugaces no son estrellas. No, no son estrellas y no, no lo sabía. Supuse que la duda era tan tonta, que no me atreví a hacer la pregunta en la ronda que se hizo al final de la charla, así que me acerqué a la joven cuando terminó la exposición y se la comenté en privado. Me había quedado dando vueltas en la cabeza, desde que mencionó que las estrellas explotaban al morir. Si es así pensé, ¿en qué momento es que el astro cae agonizando y atraviesa el firmamento nocturno? En ninguno, me dijo ella, porque lo que cae atravesando el firmamento nocturno no es una estrella, sino un simple asteroide que al tocar la atmósfera se enciende y brilla dejando una estela luminosa tras de sí, haciéndonos creer que es, lo que en realidad no es. Ahora que lo sé, me siento un poco triste y hasta me hubiese gustado seguir en mi ignorancia, porque la verdad es que la idea de una estrella moribunda, surcando el firmamento en medio de la noche, a la cual podía pedirle un deseo, me parecía de lo más hermosa...


sábado, 17 de marzo de 2018

viernes, 16 de marzo de 2018

Yo contra el mundo

Recuerdo que quería ser grande. Quería ser la más alta de mi clase. Creo que lo quise tan profundamente, que fue la intensidad de mi deseo la que me hizo crecer. Y crecí tanto, que eso que anhelaba, se cumplió. Fui la más alta de mi clase. Pero lo mío no eran simples aires de grandeza, lo mío era algo práctico. Sucede que cuando eres una niña y además eres pequeña y encima enclenque, el mundo se cree con el derecho de tomarse la libertad de pasarte por encima. Y así lo hacía conmigo. Fue entonces que se me ocurrió que si era grande, el mundo me tendría más respeto y hasta me tomaría un poco en serio. Lo que ocurrió, en cierta medida, ya que desde entonces y hasta ahora, el mundo se la piensa dos veces antes de meterse conmigo. Lo único que lamento de todo ésto, es que hay ocasiones en las que me gustaría que el mundo recordara que también soy vulnerable, y pequeña y encima enclenque... aunque no sea a simple vista...


martes, 27 de febrero de 2018

Como Fredrick

Hace tanto tiempo que no utilizo este blog como diario, que me resulta un poco extraño volver a hacerlo, pero hace rato que la idea me anda rondando y... Ni siquiera tengo una clara noción acerca de qué es lo que quiero decir, pero se me agitan las ideas y los dedos me piden palabras. Tal vez podría partir diciendo que estoy de vacaciones en Santiago hace casi ya un mes. Que falta poco para que vuelva a mi casa y aun menos para regresar a la rutina de mi vida diaria. Es extraño como al sentir que se termina el verano, la vida se me va poniendo cuesta arriba y percibo una leve angustia cuando pienso en lo que me espera. El otoño y el invierno solían ser mis estaciones favoritas cuando era adolescente. Los días grises y en especial los lluviosos, eran los más esperados. Y es que en esa época, la melancolía no me molestaba en lo absoluto, al contrario, la disfrutaba al máximo. Ahora, después de muchos años y una cantidad no menor de sucesos bastante tristes, la melancolía ya no es tan de mi agrado. Es más, prefiero evitarla, dentro de lo posible. La cosa es que tengo la sensación de haber caminado a través de un oscuro túnel durante bastante tiempo, túnel del que he logrado salir no hace mucho y al que no quiero volver, ojalá nunca. Es por eso que me gustaría que mis veranos fueran eternos, que la primavera durara para siempre y el sol brillara sobre mi cabeza todos los días. Un imposible, claro está. Entonces no me queda más que ahorrar verano para el invierno. Llenar mi alma con el amor y el cariño de quienes me aman y me quieren. Juntar abrazos y risas, para abrigarme con ellos durante la otra mitad del año. Ahorrar energía para subir la cuesta con éxito y recibir la próxima primavera con los brazos abiertos.

sábado, 24 de febrero de 2018

Te doy

Un alma débil
Un corazón roto
Una mente frágil

Un cariño tímido
Un amor asustadizo
Una sonrisa triste

Te doy mis cabellos al viento



martes, 16 de enero de 2018

Ella

Camina apresurado por la vereda, entre la gente. El ceño fruncido, mirando las puntas de sus zapatos a medida que avanza. Cincuenta. Cincuenta y uno. Cincuenta y dos. Va contando sus pasos mentalmente, en un intento desesperado por no pensar. ¡La puta madre!, exclama en voz baja. Y es que ha perdido la cuenta, por enésima vez en media hora. Todo por culpa de esa estúpida imagen. Estúpida, estúpida imagen. La odia. Profundamente la odia, porque no puede dejar de amarla. Porque no puede dejar de verla. La lleva estampada en la memoria, tan clara como una gota de agua. Siempre igual. Siempre blanca, idéntica a una hoja de papel, con los ojos tan negros y tan abiertos como un eterno vacío. Ojos enmarcados en oscuras ojeras de noches no dormidas. No se distinguen en aquella imagen más rasgos que ese par de enormes ojos negros, pero qué importa. Qué importa que no existan más que ellos. Qué importa que no haya otra facción en ese rostro pálido. Qué importa, porque en ese par de ojos, vive el mundo. En ese par de abismos, existe dios. Dentro de esa mirada comienza un viaje. Un viaje sin retorno, sin fin. Dentro de esa mirada, ella te coge de la mano, guiándote a través de mil laberintos, en los que se atraviesan infinidad de puertas, que te llevan a millones de lugares distintos.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Otro diario

Pensé que se había perdido, pero hace un par de días, revolviendo unos papeles, encontré una copia. Una copia del diario que comencé a escribirle a mi hijo mayor, apenas supe que estaba embarazada de él. En ese tiempo trabajaba como secretaria en el Centro de Estudios Públicos y como disponía de un computador, aprovechaba algún momento en que no hubiera nada que hacer, para ir contándole algunas de las cosas que iban sucediendo mientras lo esperábamos. No son muchas páginas, no fui lo suficientemente constante como para terminarlo, pero varias cosas quedaron registradas en el. Cosas sencillas, como por ejemplo el color de la pintura con la que pintaríamos su habitación, la primera ecografía, el por qué elegimos el nombre que lleva. Pequeñas cosas, pero muy significativas. Hoy le pregunté si es que le gustaría leerlo. Me dijo que sí, un poco con interés, un poco por obligación. Un rato después abre la puerta de mi dormitorio y entra llorando a lágrima viva. Me abrazó y me dijo que había sido tan bonito leer el diario. Me agradeció. Me dijo que me amaba. No paraba de llorar, no dejaba de abrazarme. Y volví a sentirme un poco como cuando estaba embarazada, tan cercana a él, tan unida a él...


viernes, 9 de diciembre de 2016

A flor de piel

¡Un coctel de emociones, por favor!, gritó desde el fondo de las entrañas. Luego sacó una pequeña libreta en donde anotó: No pude ser que todo tenga que estar tan normado. No puede ser que no quede espacio para el desorden. Sorbía de a poco la cerveza, mirando por la ventana. Las veredas contienen cientos de personas, dijo en voz baja. Siguió mirando por la mirando hacia afuera, mientras pensaba. ¿Qué pasaría si llegara, la tomara por la espalda, le besara el cuello y la hiciera volver a sentir mariposas volar dentro de su alma?. ¿Si la hiciera volver a volar como a un corazón coraza?. Volvió a fijar la mirada en la libreta y siguió escribiendo: Las emociones merecen poder brotar a su antojo. Se las debiera dejar apoderarse de los pies, los tobillos, las pantorrillas, los muslos, el vientre, el pecho, la garganta, la pera, la boca, los ojos, las orejas, la nuca, la espalda y las manos. Las yemas de los dedos. Dio vuelta la hoja y continuó: ¡No a los celos!, porque son duros como el Seol. Pero, también aderezan la vida, ¿o no?. ¿Acaso no logran hacer que la sangre nos hierva dentro de las venas?. ¿Acaso no logran que nos hagamos dueños de una energía brutal que nace en la base de nuestro estómago y sube hasta alcanzarnos el corazón?. ¿Acaso no logran robarnos el sueño?. Se mordió el labio. Malditos celos que le brindan minutos de vida a mi muerte, susurró. Tomó lo que le quedaba de cerveza. Si sé, estoy divagando, yendo de un lado para otro. Mejor me voy, se dijo. Sacó la plata de su bolsillo, pagó la cerveza, guardó la pequeña libreta celeste, el lápiz de tintagel verde y salió a las veredas que contenían cientos de personas...



jueves, 8 de diciembre de 2016

Un poco más que un mueble

Nací en 1976, tres años después del golpe militar. Pinochet se mantuvo en el poder hasta 1990, por lo que pasé mi infancia y parte de mi adolescencia en dictadura. Durante ese período mis papás y yo vivimos en la casa de mi abuela. Mi abuela tenía ocho hijos en total, tres hombres y cinco mujeres, varios de los cuales seguían estando en la casa mientras fui niña. He dicho otras veces, si mal no recuerdo, que nunca he sabido con certeza, cómo era que ella lo hacía para mantenernos a todos. Si bien algunos trabajaban, otros aun estudiaban y dependían completamente de ella. Fuera como fuese, a pesar de pasar necesidades, nunca nos faltó qué comer. Para mi, ella hacía magia. Magia con dos tazas de arroz y un pollo. Magia con un kilo de pan y varias tazas de té. Magia con un pan de pascua y un jarro de jugo de ciruelas. Magia alrededor de su mesa. Mesa en la que se sentaba a comer sola, después de haberlos atendido a todos. Mesa en la que mis primos y yo tomábamos once antes que los grandes. Mesa en la que me pasé horas escuchando a mis tíos discutir sobre el gobierno, los pacos, los milícos, los detenidos desaparecidos. La misma mesa que heredé y alrededor de la cual me siento con mis hijos cada día. La mesa milagrosa...



miércoles, 7 de diciembre de 2016

¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta

Además de cantar, a mi abuela le gustaba recitar. Tenía un repertorio no muy amplio, por lo que terminé aprendiéndome partes de las poesías que recitaba a menudo. Una de mis favoritas era Doña Primavera, de Gabriela Mistral. También me gustaba esa de "es fea la muchachita que llegó ayer a la escuela...", que no he podido encontrar por ninguna parte. Pero la que mejor le salía era Reír Llorando, de Juan de Dios Peza. Yo creo que era porque ella vivía un poco así, con la risa escondiendo la tristeza... 



"El carnaval del mundo engaña tanto, 
que las vidas son breves mascaradas; 
aquí aprendemos a reír con llanto 
y también a llorar con carcajadas"

domingo, 4 de diciembre de 2016

Levedad

Es de noche. Voy bajando por una calle de Valparaíso. Me cruzo con un grupo jóvenes. Una de las chicas va conversando con otra, "me dijo que estaba enamorado de mi voz", alcanzo a escucharla decir. Luego suelta la carcajada. Yo la percibo entonces tan adolescente, tan leve. No sabe que, tal vez, esa sea la única vez en su vida que le hagan una confesión como esa.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Because I love you

Esta tarde salí a caminar. Extrañamente no llevaba puestos los audífonos cuando, al volver, me subí al colectivo. Seguramente me los quité al pagar en la caja del supermercado y me olvidé de volver a ponérmelos. El auto llegó al paradero y me tocó el asiento de adelante. Me senté y cuando estaba por conectarme con mi música de nuevo, el chofér comenzó a hablarme. Así que me vine conversando con él y escuchando la radio. Cuando estábamos por llegar a la casa, pusieron un tema que no oía hace mucho y que me trajo recuerdos adolescentes. Tenía catorce, quince años y esperábamos con mi mejor amiga poder ver el "video clip" en Sábado Taquilla. Era justo el tiempo en el que amaba perdidamente al muchacho aquel. Me encerraba en mi pieza todas las tarde después de clases y ponía un cassette que me grabé, con cuanta canción melancólica cupo y entre ellas estaba ésta, que era una de mis favoritas. Está sonando mientras escribo. Vuelvo a ser una niña enamorada por cuatro minutos con veintidós segundos...






viernes, 2 de diciembre de 2016

Sencillamente difícil

Siempre me costó la canción de la muñeca vestida de azul, zapatitos blancos y cuello de tul. Todo iba bien hasta la parte de "la llevé a paseo y se me resfrió y hoy la tengo en cama con un gran dolor". De ahí para adelante comenzaba la tragedia. Y es que resulta que la dueña de la muñeca, la había llevado al médico y éste le había recetado lo que supongo era un jarabe, indicándole las dosis en las que debía administrárselo. "Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis". Claro, ahora no tengo problemas para hacer las sumas, que son bastante fáciles, pero que ese tiempo me sonaban a un enredo de números que en se amontonaban sin ningún sentido aparente. Lo más grave del asunto, es que yo amaba la canción y quería aprendérmela con toda el alma, pero no había caso. Hoy la recuerdo a veces y la canto con las sumas incluidas. Ahora parecen tan sencillas, pero ¿me van a creer?, a pesar de que lo son, aun tengo que hacer un esfuerzo para sumarlas. Es que siempre he sido negada para las matemáticas...


jueves, 1 de diciembre de 2016

A salvo

Se metió la mano en la boca, hundió el brazo hasta el codo y tanteó hasta encontrarlo. Lo arrancó de cuajo y lo sacó. Lo miró. Y antes de que cualquier otro pudiera hacerlo, lo apretó hasta reventarlo. Luego lo tiró y pisoteó los restos hasta convertirlos en nada. Entonces respiró profundo y suspiro aliviada. Por fin estaba a salvo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Soledad

Tanto desperdicio 
momentos, 
gestos, 
palabras, 
costumbres, 
maneras, 
manías, 
rutinas, 
detalles, 
nimiedades 
Todo se acumula en la nada

Tiempo vacío sin un otro 

martes, 29 de noviembre de 2016

Y viceversa

Ni vitrinas
Ni espejos
Ni fotos
Ni retratos
Ni ventanas

Ni de perfil 
Ni de cuerpo entero

No mirar mis labios
No mis ojos
No mis pies
No mi vientre
No mis cabellos

No de perfil
No de cuerpo entero

Saberme a tientas
Recorrerme entera
Reconocerme con los dedos
Como las manos de un ciego

Saberme por tu boca
Que describe mi imagen
Explorando mis recodos
Exprimiendo mis entrañas

Saberme a través de ti











domingo, 27 de noviembre de 2016

Nombre imágen

A veces sales a caminar para huir de ti mismo. Una cadena de pensamientos va tras de ti y no hay manera de evadirla. La mente avanza siguiendo tu paso, tu ritmo. Las palabras no cesan de brotar dentro de tu cabeza. No dejan de hablar, todas al mismo tiempo. Borbotones de letras y sílabas, conexas e inconexas, van y vienen de un lado a otro. A veces toman forma, hilan ideas. Otras, son solamente borrones ininteligibles. Entonces lanzas el anzuelo y pescas un nombre. Las vocales y consonantes que lo componen, se alinean ordenadamente para dictartelo. Ese es el momento en el que comienzas a ahogarte. Una opresión en el pecho, un espasmo involuntario te dejan sin aliento. Cierras los ojos, pero en vez de oscuridad, descubres una imagen. Es su rostro, ese mismo que has estado intentando olvidar. ¿O recordar?. El viento juega con tu pelo.



sábado, 26 de noviembre de 2016

El lugar más maravilloso del mundo

El calor del verano se puede sentir en la piel. La brisa cálida se mete por los poros y el aroma de las flores puede saborearse. Se oye el murmullo del río, lejano, que sigue su camino recto entre rocas, árboles, vacas, caballos. Su viaje hacía el mar, entra por los oídos. El verde cándido, juguetón, contrasta con la inmensa lejanía del cielo. No hay una sola nube. El sol gobierna desde lo alto, sin decir una palabra, entregando una sensación de paz y agrado. Desde lo más profundo de la tierra, emerge gigantesco, inmenso, un sauce. Como largos cabellos verdes, sus ramas acarician la tierra y la siente suya, propia. Todo es tan suave, tan imperturbable como el retrato de un paisaje en una tarde veraniega. ¡Si!, el grito corta la imagen en dos, mientras el niño la atraviesa corriendo. La niña lo sigue, un poco más lenta, un poco más acalorada, un poco más contrariada, un poco más incómoda a causa de su vestido, demasiado largo para correr. ¡Ven!, le grita el pequeño, ¡ven ahora!. Ella obedece y, haciendo un último esfuerzo, atraviesa la densa cortina del sauce. ¡Oh, que placer, que frescura!. ¡Qué felicidad más inmensa!. Todo lo desagradable desaparece en un segundo y se deja caer, exhausta, para disfrutar de la sombra, de la humedad, de la frescura, de la risa de su amigo. Su amigo, que desciende desde lo alto de la copa del lugar más maravilloso del mundo. Entonces la pequeña cierra los ojos, alerta a todos sus sentidos y se abandona a ellos. Deja de ser cuerpo, para ser sólo una emoción. ¡Toma!. Sobresaltada abre los ojos, y ve al chico que asorochado estira su pequeña mano. Hice unas coronas, ésta es para ti. ¿Te la pongo?. Ella se sienta y se deja hacer. Lo mira, él la mira y ambos se ríen... Las hojas de las coronas les hacen cosquillas en las mejillas.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Incosnciencia

A veces no había nada para ponerle al pan, entonces me enseñaron a remojarlo en el té. Y yo metía los trozos de marraqueta, sin entender mucho de qué se trataba la pobreza. El pan se iba humedeciendo y las migas se desprendían de a poco, acumulándose en el fondo de la taza. Otras veces no había margarina, pero había aceite. Entonces se agregaba una pequeña cantidad a la sartén, las hallullas se partían por la mitad y se ponían a dorar. Luego se las espolvoreaba con sal. Cuando no había té, quemaban azúcar en una cuchara y la disolvían en agua caliente. Esto le daba sabor y color, lo que provocaba la sensación de no estar tomando agua pelada. En esto consistían, generalmente, las onces en la casa de mi abuelita. Pocos son los recuerdos que tengo de haber comido mantequilla, queso o algún tipo de fiambre con el pan. O haber tomado leche, o café. Qué decir de un pastel o  un trozo de queque. Pero, como dije antes, yo no entendía mucho de qué se trataba la pobreza. Yo era una niña y era feliz. 

jueves, 24 de noviembre de 2016

Cuento corto

Así me fui convirtiendo en una adolescente y seguía amándolo como una loca. Sin freno, sintiendo todo lo que se me daba la gana sentir. Sin límites y sin trabas, mis emociones brotaban hasta desbordarse, hasta que se me salían por los poros. No me importaba nada. Quería amarlo con cada centímetro de mi ser, sin pensar siquiera en el costo que eso pudiera tener. Iba a cumplir quince años cuando el amor se me hizo más inmenso que nunca.  No existía más deseo que el de verlo y oírlo siempre. Las mariposas en el estómago no cesaba. No podía concentrarme en nada. Su nombre vivía atravesado en mi lengua. Todo lo inundaba. Pero él no era para mi, ni yo para él.