En el colegio al que van mis hijos, hacen durante el año cuatro salidas a terreno que son obligatorias. Uno de estos viajes es de dos días. Ese viaje les toca mañana. Aunque este es el séptimo año en el que van, siempre siento que un pedazo de mi corazón se va con ellos. Pero lo pasan espectacular. Hacen caminatas, cabalgatas, fogatas, nadan, acampan. Siempre vuelven felices, sucios y cansados a más no poder, pero felices. Así que vale la pena soltar ese pedazo de mi corazón que se va con ellos y saber que están disfrutando de sus pequeñas vidas. Y saber también, que aunque estemos separados, seguimos siendo tres en uno.

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