Lavarme las manos. Acomodarme el pañal de algodón. Apagar la luz. Cargar a mi sobrino de dos meses. Hablarle en susurros. Calmar su llanto. Pasearlo para hacerlo dormir. Cantarle una canción. Ver como se van cerrando su ojos. Mirarlo y sentirlo tan chiquito. Sus manos, sus pies, su cara, todo tan diminuto. Saberlo seguro entre mis brazos. Dependiente, como nunca más volverá a serlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario