Hace varios años viví en el paradero siete de Pajaritos. Por Las Torres hacia adentro. El arriendo de la casa en la que vivía era barato, porque estaba a bastante mal traer y los dueños no tenían ninguna intención de arreglarla. Era una casa pareada. La casa de al lado había sido ampliada y su comedor quedaba justo al lado del dormitorio matrimonial. Por lo que, los fines de semana, era imposible dormir hasta tarde, ya que eran una familia con niños pequeños que despertaban temprano. Aparte de eso, en el invierno era horriblemente húmeda. Si recuerdo que incluso una vez encontré entre la cama y la pared, una especie de champiñon que había crecido por la ranura que quedaba entre el guardapolvos y los ladrillos. Cómo me hubiese gustado contar con los medios o para arreglarla o para vivir en otro lado. Yo creo que mas lo segundo que lo primero. Pero en ese tiempo ganaba doscientas lucas y no me alcanzaba para otra cosa. Tenía varias deudas que había adquirido para financiar parte de mi fiesta de matrimonio y además de eso, mi ex marido seguía en la Universidad, así que cero posibilidades. En fin. Un día, un fin de semana, creo que sábado, llegó un tipo de una empresa de televisión por cable. 'Buenas tardes', me dijo. '¿Es usted la dueña de casa?'. Contesté que si. 'Mire señora, tenemos registros de que usted ha estado utilizando nuestra señal de televisión por cable sin tener un contrato con nosotros. Ahora bien, el conducto regular sería aplicar una multa, pero lo que le ofrezco es hacer un trato. Contrate el servicio por un año y olvidamos el asunto'. '¿Terminó?', le pregunté. '¿Sabe lo que pasa?, yo no tengo tele'. El tipo me miró con una cara de incredulidad tan grande que le ofrecí pasar a la casa a revisar. Y pasó. Y no encontró ninguna tele. '¿Pero, por qué...?'. 'Por opción', respondí. Y justo después de haberlo dicho me sentí tan importante, como si en realidad no tener tele fuera una gran cosa. Como si me subiera el pelo, o algo así. Hoy me pregunto cuáles son las cosas que no hago 'por opción' y en realidad no encuentro ninguna que valga la pena mencionar. Además qué tanto...
"Dejo por escrito que no he mentido ni desmentido a pesar de otras verdades. Dejo por escrito que si he mentido ha sido a mi misma y no me he dado cuenta. Dejo por escrito que no quiero ser víctima de los juegos de las trampas de mis juegos implacables. La luna tiene dos caras y esconde una y nadie la tironea ni la acosa. Y siempre tan alta, tan blanca, tan distinta" La Luna, Esteban Navarro
jueves, 2 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
Mi hermana tenía un año, así que yo debo haber tenido como cuatro. Ibamos en una micro. Dos señoras conversaban en los asientos delante de los nuestros. Hablaban de sus maridos y de la manera en que les gustaba que les cocinaran ciertas cosas. Entonces una comentó que su esposo era muy jodido. 'Le gustan los bistecs de vuelta y vuelta'. '¿Cómo es eso?', preguntó la otra. 'Se fríe un lado primero, luego el otro y listo, no hay que darle más vueltas'. Y así fue como aprendí cómo se fríe un bistec. Cuando quiera le preparo uno.
Amo
Sigo dándome contra el mismo muro una y otra vez. Y no aprendo. E insisto en encontrar una puerta donde no la hay. A veces me canso y me siento junto al muro. Me apoyo sobre él. Es frío. De vez en cuando me duermo. Y sueño con el muro. Sueño que me hago grande y el muro empequeñece. Despierto. Sigo buscando una puerta que no existe. Siempre es de noche cerca del muro. Oscuro. Solitario. Golpeo las piedras del muro. Las pateo. Puñeteo. Solamente se oye el silencio del muro. Pero persevero. Persevero porque amo. Amo lo que esconde ese muro.
martes, 30 de junio de 2015
lunes, 29 de junio de 2015
No sé volar
Como dije hace un par de entradas atrás, mi papá tuvo un programa en la Radio Armonía. Su finalidad era lograr que los evangélicos salieran un poco de su mundo de iglesia y se convirtieran en agentes de cambio en la sociedad. Parece que no lo escucharon, creo que la mayoría entenderá por qué lo digo. Hubo si un oyente que comenzó a enviar correos con pensamientos y preguntas que interesaron a mi padre al punto de querer conocerlo. Así que un día lo invitó a nuestra casa. Fue la primera vez que lo vi. Nos hicimos amigos. Teníamos bastantes cosas en común. Sobretodo el tema de la iglesia como elemento de cambio. Después de un año y cinco pisco sours en un cumpleaños, comenzamos a pololear. Una de las primeras cosas que hicimos como pareja, fue ir a ver una película al Normandie. Estaban dando El Lado Oscuro del Corazón, su favorita. Es esa película en la que se citan varios poemas de Benedetti, (incluso hace un cameo) y otros de Oliverio Girondo, (los más mamones, si me lo preguntan). Entre los de Oliverio estaba el famoso '... ¡pero eso si! y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar'. Saliendo del cine, le pregunté a qué pensaba que se refería el personaje cuando hacía esa declaración. Y me dio una serie de razones y descripciones en las que yo no encajaba por ninguna parte. 'Entonces yo no sé volar', fue lo único que le dije. Creo que ese fue el instante preciso en el que debí haber dejado la relación. Pero no lo hice. No me pregunten por qué, pero no lo hice. Luego de un año de pololeo, nos casamos. Y después de diez años de matrimonio, nos separamos. Lo triste de todo esto y lo que más me duele, es que en todos los años que estuvimos juntos, nunca aprendí a volar. Es por esto y por algunas otras razones, que cuando me preguntan por qué me separé, simplemente contesto 'porque ese niño nació muerto'.
domingo, 28 de junio de 2015
sábado, 27 de junio de 2015
Canicas
Cuando era niña, me tragaba las bolitas. Jugaba con unos vecinos y, cuando ganaba, me echaba una a la boca. Entonces, mientras andaba de aquí para allá y de allá para acá de pronto, zas! que me la tragaba. Y me echaba otra y mientras andaba de aquí para allá y de allá para acá, de pronto ,zas! que me la tragaba. Así sucesivamente. Lo bueno fue que nunca me gané un bolon. Si me lo hubiera ganado, ¿se imaginan?
viernes, 26 de junio de 2015
Cuatro años
Creo que fue el mejor cumpleaños que tuve cuando era niña. Cumpleaños con platitos de galletas, un pan de molde con paté, leche con chocolate, globos, serpentinas, gorros y cornetas. Mi abuelita me tejió un chaleco blanco y una tía me hizo la torta. Los invitados fueron un par de primos y los regalos, aparte del chaleco, fueron seguramente calzones y pañuelos de genero. No tuve otros cumpleaños así, con tantos detalles, por decirlo de alguna manera, porque no siempre había dinero para hacerlo. Pero parece que ese doce de Julio de mil novecientos ochenta, mi papá andaba con plata y resultó una de las mejores celebraciones de las que tengo memoria. Y es de la única, de ese tiempo, que tengo una fotografía.
jueves, 25 de junio de 2015
La fea
A mi abuela le gustaba recitar. Hubo una poesía que recitó muchas veces y que yo me aprendí casi completamente. La he buscado en varias oportunidades, pero nunca la he podido encontrar. Tampoco he conocido a otra persona que se la sepa. Lo que recuerdo, dice así 'Es fea la muchachita que llegó ayer a la escuela, de su carita sin gracia se ríen sus compañeras. La dejan sola en el patio pues nadie con ella juega y a veces, que poco tino, le gritan chiquilla fea. Hoy no aguantó más y se quedó tras las salas de estudio, llorando como lloran las niñas buenas, cuando saben que en este mundo, no hay nadie que las comprenda. Una de sus compañeras que la vio llamó a sus otras compañeras y les dijo (o algo así) vengan, vengan a ver como llora, arrinconada la fea'.
miércoles, 24 de junio de 2015
Una nota para Chiharu
Chiharu me ha mostrado una nueva dimensión del amor. O tal vez me la ha recordado. Y es que cuando era niña, amaba a los gatos. Pero a medida que fui creciendo, el espacio que llenaban ellos y otros seres vivos, fue ocupado por seres muertos. Tanto fue así, que los muertos sobrevivieron a los vivos y todo quedó en silencio. Hoy, en cambio, puedo decir con asombro, que eso ha cambiado. Que un pequeño corazón late dentro del mío y vuelve a darle sentido a abrazar a esos seres vivos que renacen en la figura de Chiharu.
martes, 23 de junio de 2015
Recordando lo que recuerdo que recordaba
Estuve pensando un buen rato en qué escribir hoy, pero lo único que se me vino a la mente fue que recuerdo haber dicho luenga en vez de lengua, cuando era niña. Además recuerdo haber dicho estuata en vez de estatua. También recuerdo haber dicho albon en vez de albóndiga y estógamo en vez de estómago. Cosa que le sucede a la mayoría de los niños me imagino, así que, que a mi me pasara no tiene nada de especial. Pero, como dije antes, es lo único que se me vino a la cabeza. Esperen, ahora puedo agregar que adicionalmente, recuerdo el momento en el que uno de mis tíos intentaba hacerme decir estatua en vez de estuata. Aunque en realidad, da lo mismo que se los cuente, porque de todas formas no hay manera de que pueda mostrarles mi recuerdo, lo que hace que el asunto pierda la gracia. Lo mas cercano que puedo hacer, es explicar lo que recuerdo, que es un instante mínimo. Estamos en el patio de la casa de mi abuelita y mi tío se ríe de mi por lo trabada que tengo la luenga. Perdón, quise decir la lengua.
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