En el año 1986, mi papá no ganaba mucho, pero igual se las arreglaba para entretenernos. Fuimos varias veces al Parque OHiggins en donde mis hermanas se pasaban las horas jugando, mientras yo me quedaba mirando a las personas que patinaban en la pista de patinaje. En una de esas idas al parque, mi papá nos compró unos piriguines que vendían en unas bolsas plásticas, al lado de un lago o una laguna que había. Lo triste fue que los piriguines llegaron muertos a la casa. No duraron ni un día, No tengo idea por qué. Otras veces nos llevaba al Hipódromo, creo que había un día en el que no cobraban y podíamos entrar a ver a los caballos. Cerca de la casa estaban los Juegos Diana. Nunca pudimos ir a jugar, pero mi papá nos llevaba igual para que fuéramos a ver, por lo menos. Lo único que era gratis, eran esos espejos en los que uno se deforma. Ahí nos quedábamos un buen rato, mirándonos y riéndonos unos de otros. En algunas ocasiones, (y estas eran las que mas disfrutábamos), mi papá nos decía que revisáramos por toda la casa y le entregáramos las monedas que encontráramos. El siempre aparecía con un para de billetes. Entonces juntaba todo y nos íbamos caminando, (como a casi todos los lugares a los que íbamos a pasear en ese entonces), desde Centeno hasta el Paseo Ahumada. Entrabamos al Burger Inn y mi papá pedía toda la plata en papas fritas. Nos sentábamos y vaciaba las porciones en el centro de una bandeja. Ponía un poco de ketchup en cada una de las esquinas y nos comíamos el montón de papas mientras el contaba historias de cuando era chico.
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